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Ángel Villar, presidente de la Federación, en una imagen de archivo

¿Quién sostuvo a Villar?

Juancho Dumall

Cuando Ángel María Villar llegó a la presidencia de la Federación Española de Fútbol (FEF), en 1988, el presidente de Estados Unidos era Ronald Reagan. Eso quiere decir que el dirigente deportivo español ha seguido en el puesto durante los mandatos de George H. W. BushBill ClintonGeorge W. BushBarack Obama  y Donald Trump. La limitación de dos mandatos a los presidentes estadounidenses (Vigésimosegunda Enmienda de la Constitución) se ideó como un mecanismo de regeneración democrática. Los padres de la patria americana no querían que los presidentes se convirtieran en 'monarcas' y garantizaban también que el nombramientos de los miembros de la Corte Suprema tuvieran la necesaria pluralidad.

No hay que ser un experto constitucionalista para sospechar que la prolongación de un mandato de un cargo público como el de presidente de la FEF hasta los 29 años es una anomalía democrática, una rareza institucional y, lo peor, un foco de corruptelas y favoritismos. Que ahora haya estallado el escándalo de Villar no quita para que muchos hagan examen de conciencia y admitan que fue una barbaridad permitir que un 'monarca' del fútbol español haya mantenido su poder casi tres décadas a base de favores a las federaciones territoriales y a los clubs a cambio de votos en las asambleas.

En 1984, cuatros años antes de que llegara Villar, el Gobierno de Felipe González hizo un decreto para sacar de la FEF al presidente que ya amenazaba entonces con eternizarse. Se llamaba Pablo Porta. Fue considerado un Maquiavelo del mundo del fútbol, pero ha quedado casi como un pardillo al lado del vasco.  

FÚTBOL Y FRAUDE

El fútbol, por ser el gran espectáculo de nuestro tiempo, se ha convertido en una fuente inagotable de negocios, pelotazos, fraudes y burbujas. Para que eso funcione, como en los casinos de Las Vegas, hacen falta familias que engrasen los mecanismos. El incombustible Villar era uno de los jefes que muchos mantuvieron en pie, aunque ahora se echen las manos a la cabeza cuando oyen hablar de reventas de entradas y contratos fraudulentos de 'la Roja'.
 

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