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El paso a la educación superior

Estudiantes se examinan en un instituto de Menorca.

Mala política educativa: los cambios de la selectividad

Xavier Martínez Celorrio

Debería ser una prueba competencial e interdisciplinar que habilite para saber responder problemas reales y pensar en términos complejos

La selectividad española es la única prueba externa del sistema escolar. Sirve para clasificar el alumnado a fin de asignar las plazas universitarias ofertadas por orden de prioridad según las notas obtenidas. Históricamente, la derecha educativa siempre ha considerado que la selectividad no es suficientemente selectiva porque la aprueban el 98% de los que se presentan. Olvidan un dato crucial y es que tan sólo la aprueban el 68% de los matriculados en segundo de bachillerato.

El debate no hay que enmarcarlo en si es o no suficientemente dura y eliminatoria, tal y como pretenden el PP y su sector de profesorado. Así lo defendían con su LOMCE y su propuesta de reválida final de bachillerato, que incluía nada menos que 15 preguntas por asignatura. Además, quien suspendía la reválida se quedaba sin plaza universitaria y sin título de bachillerato. Peor diseño, imposible. 

La calidad de un sistema educativo no son sus resultados académicos sino la calidad de su gobernanza y de sus políticas 

VUELTA AL MODELO CLÁSICO

En noviembre pasado se "suspendieron" temporalmente las reválidas y el PP pactó volver al modelo clásico de selectividad. Lo hacía por su debilidad parlamentaria, no por convicción. El ministerio publicó en el BOE del 23 de diciembre cómo quedaría regulada la selectividad, pero los profesores de instituto no leyeron esa orden. Leyeron la orden de la Generalitat, en concreto del Consell Inter-Universitari, enviada a los institutos el 8 de febrero, que reproducía el decreto del ministerio.

Aquí saltaron las alarmas y la indignación de estudiantes y profesorado. El examen obligatorio de la asignatura de modalidad que antes se podía escoger entre 20 materias dejaba de ser libre y se establecían cuatro materias a examinarse (aunque no se hubiesen cursado). Lo decidió el ministerio, no lo leyeron los profesores y lo comunicó muy tarde la Generalitat, que tuvo que corregir sobre la marcha, ampliando opciones, para que el decreto no resultase discriminatorio.

SIN RESPONSABLES

La inseguridad jurídica para los alumnos ha sido de escándalo. Es todo un ejemplo de la mala y frívola política educativa que sufrimos. Lo peor es que nunca hay responsables. Como concluye un reciente informe, la mediocre gobernanza educativa y la mala preparación de los altos cargos puestos a dedo por ser del partido gobernante y no por sus méritos, tiene relación con los resultados estancados de España en PISA. La calidad de un sistema educativo no son sus resultados académicos sino la calidad de su gobernanza y de sus políticas.

El debate sobre la selectividad es otro. No puede seguir siendo una prueba memorística que condena a toda la etapa de bachillerato a un 'teach to the test' o enseñar para sacar notas altas. La selectividad debe ser una prueba competencial, interdisciplinar y de madurez que habilite para saber responder problemas reales y pensar en términos complejos. Esa es la futura selectividad que la Generalitat ya está experimentando con casos-piloto que funcionan. Ese cambio será determinante para innovar los actuales bachilleratos y, por contagio, la misma ESO. Ese es el cambio en cascada que necesitamos y que conectará con la oleada de escuelas innovadoras. Seamos optimistas. El cambio será imparable y sin chapuzas.

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