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Mirar desde la filosofía

Domingo Ródenas

Ir al cine con un filósofo, ver en su compañía el final de Dexter Breaking Bad o leer sus opiniones sobre literatura puede ser desalentador. O todo lo contrario si, como es probable, su mirada nos devuelve una visión sin automatismos ni prejuicios, limpia de las rutinas que determinan la del experto (crítico literario, televisivo o de cine). Adiestrado en una óptica y unos ángulos de visión poco comunes, el filósofo puede atisbar lo que nos pasa desapercibido por obvio o por intrincado, y en la caja de resonancia de su consideración lo sencillo se revela complejo y lo abstruso se esclarece. Así, Zygmunt Bauman, en la charla electrónica que ha mantenido con David Lyon (Vigilancia líquida, Paidós) puede encontrar en las novelas de Michel Houellebecq una imagen fidedigna de nuestra sociedad líquida y desregulada a la que se le ha hundido el futuro en la brecha entre la política (que se ejerce localmente) y el poder (que se controla globalmente).

Pero han coincidido en esta rentrée editorial un par de libros que amplían el campo visual donde se ubican los productos de ficción. Jacques Bouveresse, en El conocimiento del escritor (Ediciones del Subsuelo), se plantea de nuevo cómo la literatura puede contribuir al conocimiento de la realidad, es decir de la verdad y de la vida. Su búsqueda carece de complejos y está guiada por la convicción de que las obras literarias comportan, se quiera o no, una dimensión ética. No niega que el escritor tenga el deber de experimentar con el lenguaje, sino que recuerda que también es un expedicionario en el alma humana.

Y de expediciones trata el magnífico libro póstumo de nuestro Eugenio TríasDe cine (Galaxia Gutenberg), de las aventuras y extravíos en la imaginación de sus directores predilectos: Fritz LangHitchcockKubrickWellesCoppolaTarkovskiBergman y, uno de sus últimos entusiasmos, David Lynch. Ningún cinéfilo debe prescindir de estas indagaciones hacia la raíz de esos realizadores, pero tampoco quien crea que nuestra cultura, en proceso de mutilación (o automutilación), necesita urgentes infiltraciones de inteligencia crítica. La de Bouveresse o Trías nos viene muy bien.

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