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Gente corriente

Manel Mora: "En esta vida solo los románticos logran cosas"

GEMMA TRAMULLAS

Pese a sus problemas de movilidad y un dolor que le martiriza, se siente privilegiado. Ha realizado el sueño de su vida, enseñar, y sus alumnos le recuerdan con emoción.

¿¿De dónde es usted?

¿Mi pueblo es Catalunya, pero nací en Puertollano, Castilla-La Mancha. Cuando digo Puertollano me suena extraño. Tenía 7 años cuando emigramos y no dejo de ser un nouvingut, como los que están sin papeles.

¿¿Y siempre se ha sentido catalán?

¿Sí, pero de joven no hablaba catalán, porque se reían de mí. Ahora pienso: «Si Matthew Tree tiene su acento, yo también».

¿¿Cómo se produjo el cambio?

¿Estaba en COU y un amigo me retó: «Si no me hablas en catalán, no te entenderé y no te volveré a hablar».

¿Pues vaya amigo.

¿Eso mismo pensé yo. «¡No me hagas eso, Pere!», le rogué. Pero acabé haciendo una lectura positiva de aquella reacción: «¿Por qué Pere tiene tanto interés en que yo hable catalán?» A partir de ahí, entendí mejor la realidad nacional de Catalunya.

¿¿En qué sentido?

¿No puede haber justicia social sin una realidad nacional. Ahora soy independentista radical de izquierdas, que es lo más difícil que se puede ser, como dijo Lluís Llach.

¿Su otra pasión es la enseñanza.

¿Me crié entre el olor a tiza, a pizarra y a tinta, que eran las herramientas de mi tío. Yo creo que he salido a él. Era un hombre analfabeto que perdió las piernas cuando saltó a un tren para coger carbón. Entonces se puso a estudiar y daba clases en su casa para adultos, sin cobrar.

¿Como él, usted también tiene la movilidad reducida.

¿Entré en el sistema educativo con mi enfermedad congénita: esquicencefalia bilateral. Los tendones no crecían a mi ritmo y me los tenían que reimplantar. Me han hecho 16 operaciones. De estudiante, cuando acababa el curso, los chicos estaban felices porque se iban de vacaciones; yo cogía la maleta para ingresar en Sant Joan de Déu.

¿Ser profe y minusválido...

¿Es muy difícil, pero me ha curtido. Yo era un cojo bastante acentuado y cada vez que llegaba a un instituto nuevo se hacía un silencio sepulcral y sentía 200 pares de ojos en el cogote. Las burlas han ido bien, me han curtido.

¿Es complicado esto de enseñar.

¿Siempre defenderé a capa y espada a mis alumnos. ¡Que no me hablen de fracaso escolar! Ellos no tienen la culpa. Hay una crisis del sistema social y escolar. Los chicos llegan a casa y no hay nadie, y la única manera de llegar a ellos es meterse en su ámbito personal. Enseñar no consiste en dar la gran clase magistral.

¿¿Quedan muchos profes con ese espíritu?

¿Sí, como mínimo quedan 17, los 17 que estábamos en la extensión del instituto de Sant Boi. Era un espacio inmundo, pero daba igual. Quiero pensar que ellos mantienen la lucha por una escuela pública digna. Solo los románticos logran cosas en esta vida y yo llevo 52 años dándome cabezazos contra la pared.

¿¿Por qué dejó las clases?

¿Tras 25 años como profesor, se me declaró otra enfermedad que aún no saben bien qué es, pero la llaman la enfermedad del suicidio. Pasé meses llorando y chillando de dolor. Me dolía tanto que me quería morir. Mi mujer estuvo conmigo día y noche. ¿Qué decir que no suene tópico? Ella lo ha dado todo por mí. Como lingüista, soy incapaz de hallar un adjetivo que la defina, a ella y a mi hija.

¿¿Está mejor?

¿Voy en silla de ruedas y tomo nueve medicinas distintas, pero sigo sufriendo un 30% de dolor crónico. Hace siete años de mi jubilación forzada y cuando empieza el curso aún lloro. Para mí enseñar lo era todo.

¿Pero no ha dejado de luchar.

¿No. Allí donde hay una causa, yo aporto mi granito de arena.

¿Ahora preside la asociación Blaugranes en Cadira de Rodes.

¿El Barça es una excusa para hablar de problemas de movilidad. Yo nunca he sido futbolero, ni lo soy, lo que he encontrado es una causa social absolutamente injusta.

¿¿Por qué?

¿Es inadmisible que el mejor club del mundo tenga una bolsa de marginación. No podemos comprar entradas por internet ni en los cajeros porque no tenemos las localidades asignadas; en nuestra entrada solo pone Gol Nord o Sud. Y además estamos en la última fila y, cuando la gente se levanta, vemos una muralla. Para los directivos somos invisibles, pero estamos ahí.

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