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CRÓNICA

Anne Sofie von Otter emociona con el lied

El Palau se rinde a la elegante mezzo sueca y al carisma de su acompañante al fortepiano, Kristian Bezuindenhout

César López Rosell

La cantante Anne Sofie Von Otter en el Palau de la Müsica junto a Kristian Bezuindenhout.

La cantante Anne Sofie Von Otter en el Palau de la Música junto a Kristian Bezuindenhout. / ANTONI BOFILL

La elegancia suprema de Anne Sofie von Otter (Estocolmo, 1955) y la maestría del surafricano Kristian Bezuindenhout (fortepiano) impusieron su ley, la noche del martes, en el ciclo ‘Palau Grans Veus’. La gran dama del canto sueca desgranó con una dicción y expresividad perfectas, a pesar de que el paso de los años ha restado algo de brillo a su voz, un programa consagrado a la generación de los primeros impulsores del lied, entre ellos Wolfgang Amadeus Mozart y Franz Joseph Haydn, culminado con obras de Franz Schubert. La artista incluyó en el repertorio tres piezas de su compatriota Adolf Fiedrich Lindblad, autor del siglo XIX, de influencia mozartiana.

La unión de la musicalidad y naturalidad del instrumento de la exquisita mezzo con la sonoridad del Paul McNulty de Bezuindenhout creó el climax de las interpretaciones de la época en los exclusivos salones donde los melómanos se reunían para disfrutar del mágico ensamblaje de la poesía y la música. La originalidad de la propuesta cautivó a un auditorio inmerso en la delicadeza del repertorio. Después de 17 intensas interpretaciones, incluyendo tres obras para piano de Schubert recreadas por el instrumentista que había asombrado recientemente al Palau con la integral de las sonatas de Mozart ofrecidas en dos temporadas, Von Otter y el teclista regalaron dos aclamadas propinas: 'An Sylvia', de Schubert, y un lied de Lindblad.

Naturalidad y fascinación 

Fue una noche de fascinación sonora. La diva escandinava no dudó en resaltar la belleza del recinto modernista y expresar su felicidad por el reencuentro con la sala tras su lejana actuación en 1991 junto a Gardiner. Sin perder nunca de vista el objetivo de expresar con su pulido fraseo toda la emoción de los textos administró  bien sus recursos para llegar a Schubert en plenitud. Cantó con una naturalidad alejada de todo artificio y, sobre todo, transmitió el universo lírico interior de las piezas recreadas. Bezuidenhout fue mucho más que un colaborador necesario. El intérprete, que alterna sus actuaciones con el fortepiano con las del clave y el piano moderno, fue un acompañante de lujo.

De la compenetración entre ambos surgió un modélico viaje por cuatro pequeñas obras de Mozart (quien escribió una treintena de lieder), de entre las que destacó 'Abendempfindung', alusiva a la muerte, y el alegre canto amoroso de 'An Chloe'. En 'Ariadne auf Naxos', cantata de Haydn, tradujo muy bien la desolación de la protagonista abandonada por Teseo. La artista hizo suyas las naturalistas y amorosas composiciones de Lindblad y desplegó todo su carisma con Schubert, empezando por el aria de Axa de la ópera 'Rosamunde' y siguiendo con poemas de Goethe, Ritter von Leitner y Von Schlegel. Un buen final para esta artista de aristocrática presencia, tanto por su origen familiar como por su saber estar en el escenario.


 

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