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Mercè Rodoreda

RECUPERACIÓN Y NUEVA TRADUCCIÓN

'La mort i la primavera', el libro más extraño de Mercè Rodoreda

Una nueva edición y la traducción al castellano defienden una nueva lectura del libro póstumo de la escritora y reivindican la versión de 1986

Ernest Alós

Que ‘La mort i la primavera’, novela de Mercè Rodoreda inacabada y publicada póstumamente, es la más extraña y misteriosa de su obra, es bastante evidente. Un pueblo en un lugar y tiempo no determinado donde sus habitantes mueren después de que les hagan engullir cemento, donde los cuerpos se encierran en árboles tras extraer su núcleo humeante, en el que una vez al año alguien cruza por debajo del río y a veces sale de la prueba sin cara, solo se come carne y grasa de caballo, unos extraños pájaros enlutados asesinan a las aves blancas que las incuban... “Pero es un malentendido verla como un OVNI tardío en la obra de Rodoreda, cuando está en la matriz de toda su obra, y conectada con toda ella”, alega la editora Maria Bohigas. Esta semana llegan a las librerías una nueva edición del libro, en su versión de 1986 revisada por Arnau Pons, y una nueva traducción al castellano a cargo de Eduardo Jordà, ambas con extensos textos complementarios que defienden una interpretación de la novela distinta a la establecida y reivindican el valor de esta versión del libro editada por Núria Folch tras la muerte de la escritora, cuestionada, y considerada incluso una recreación ajena a la voluntad de la escritora, por los impulsores de la versión publicada con las ‘Obras completas’ del año 2008, que optaron por las últimas versiones de cada parte de la novela, aunque no resultase de ellas un conjunto coherente.

El primer equívoco, sostienen, es considerarla como un conjunto de textos inconexos, o enfatizar su condición de obra inacabada. “Es una obra inacabada pero no incompleta”, sostiene Eduardo Jordà. Y perfectamente legible, con un catalán “cristalino”, añaden al unísono Jordà, Bohigas y Pons. "Engañosamente cristalino", matiza Jordà.

Claves biográficas

Pese a su carácter fantástico, paradójicamente, para Arnau Pons ‘La mort i la primavera’ es la obra más autobiográfica de Rodoreda. Claro que para eso no hay que limitar las claves biográficas a su infancia, la traumática boda impuesta con su tío y no deseada maternidad, y hay que interpretar de una determinada forma algunos episodios de su vida, como la participación de Armand Obiols durante tres años que pasó con Rodoreda en la zona ocupada, como trabajador de la Organización Todt en el engranaje de la deportación a los campos de exterminio. “El adulterio, el incesto, la paternidad, la guerra”, enumera Maria Bohigas, son elementos integrales, no casualmente, de la ‘Mort i la primavera’. Rodoreda fue pionera en integrar el tema concentracionario en un cuento ya en 1947, recuerda Pons, algo que se puede transparentar en el libro, en que “la única esperanza sea elegir la forma de morir, salvarte de la forma de muerte impuesta”.

No solo es autobiográfica la novela sino también, a pesar de sus elementos fantásticos, claramente política, deudora del clima de devastación de la posguerra, y aun así vigente. “Es una reflexión sobre las normas que controlan la sociedad, sobre un mundo cerrado en sí mismo, paranoico”, sostiene Pons. Un mundo que puede saltar por los aires por el amor de dos jóvenes. Y en que el mal, dice Bohigas, “es ambidextro”; como es ambigua la experiencia del exilio para Rodoreda, que la libera como mujer y como escritora (al margen de la “zona gris” en que se mueva Obiols).   

Exposición sobre el proyecto de Agustí Villaronga de rodar una versión cinematográfica de 'La mort i la primavera' / DANNY CAMINAL

En cambio, los responsables de la edición discrepan de la interpretación simbólica de la novela planteada por Carme Arnau. “La interpretación en clave esotérica, mistérica, ocultista, de gnosticismo y rosacruces, que intenta encajar el texto en el mito del eterno retorno de Mircea Eliade, es una lectura ahistórica, cuando la obra es antimítica, iconoclasta, un tratado político, un grito a la libertad de hacer y de pensar, a no dejarse dominar”, plantea Arnau Pons.

“Es un malentendido verla como un OVNI tardío en la obra de Rodoreda, cuando está en la matriz de toda ella", opina Maria Bohigas

“Hasta ahora ha sido un libro mal leído, como un libro raro, extraño, difícil”, lamenta Jordà, seguro de que una nueva generación de lectores puede entender mejor un libro al que compara, por ejemplo, con una película como ‘El bosque’ de M. Night Shyamalan.

Un laberinto editorial

La complicada historia del texto explica las diferencias existentes entre las dos versiones. Como recuerda Eduardo Jordà en el más didáctico posfacio a su traducción, dirigido al lector en castellano que no conoce a Rodoreda y mucho menos su libro póstumo, el libro se empezó a escribir en 1960 en Ginebra, cuando Rodoreda, a los 52 años, dejó de vivir allí con Armand Obiols, que se trasladó a Viena. En soledad, trabajó hasta con cuatro novelas simultáneamente, que Obiols revisaba y corregía por correo. Allí acabó en 1961 la primera versión de 'La mort i la primavera', que fue ignorada por el jurado del premio Sant Jordi igual que el año anterior ninguneó ‘La plaça del diamant’. Estimulada por Obiols pero con el editor Joan Sales escéptico, hostil a las “novelas irrealistas”, siguió trabajando en el texto hasta que, tras ampliarlo de tres a cuatro capítulos, lo abandonó, “harta”. El resultado fue, según la nota editorial a la nueva edición, “un conjunto caótico de fragmentos sin numerar, páginas de anotaciones a mano, capítulos enteros mecanografiados y revisados, con variantes más o menos divergentes”.

Bocetos para la película de Agustí Villaronga. 

La opción de Núria Folch, viuda de Joan Sales, tras la muerte de editor y autora, fue aprovechar la versión inicial, considerada como Rodoreda como “borrador”, e incluir todos los materiales posteriores que fuesen coherentes con esta trama con inicio y final, hasta cerrar un texto legible. “Un texto que los lectores de Rodoreda pudiesen leer como un todo coherente”. Y ofrecer como apéndices una versión primitiva y descartada de las partes tres y cuatro, un final alternativo en forma de monólogo postmortem del narrador y una trama lateral no integrada. Una opción que fue rechazada por algunos críticos como una maniobra editorial poco respetuosa con el trabajo de Rodoreda pero que la nueva edición reivindica; Arnau Pons llega a comprar su trabajo con el que hizo Max Brod con los textos de Kafka.

La edición de 2008 integrada en las obras completas de Edicions 62, editada por Carme Arnau y considerada “canónica” por el entonces presidente de la Fundació Rodoreda, Joaquim Molas, opta por utilizar los textos considerados como la última versión aprobada por Rodoreda de cada una de las partes de la novela. Aunque Pons puntualice que también integra pasajes que, según este discurso, deberían haber descartado. El texto resultante, según Pons, al mezclar materiales trabajados en momentos distintos (la apariencia física de un personaje cambia en solo 18 páginas, pone como ejemplo), peca de incoherencia y de una lectura cuanto menos trabajosa. Un debate filológico al que no son ajenos los intereses editoriales (62 tiene los derechos de publicación del libro en las obras completas, y Club Editor de la novela como obra independiente).    

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