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La autoridad de Patti Smith

La musa punk recupera su clásico 'Horses' en una jornada marcada por tradiciones revisadas

JUAN MANUEL FREIRE
BARCELONA

De poco importa creer que conoces a Patti Smith. O haberla visto con anterioridad. Una actuación suya equivale necesariamente a epifanía: Smith modula sus palabras, lanza su mensaje con la autoridad reservada a pocos; sabe contagiar el sentido del idealismo que impregnan sus canciones.

Este viernes, en un superpoblado escenario Heineken, recuperó las canciones de su clásico debut 'Horses' (1975) con la misma pasión de hace 40 años, pero con el extra de la veteranía. Acompañada por músicos del disco como Lenny Kaye (guitarrista) y Jay Dee Daugherty (batería), Smith medió cantó, medió habló a su inimitable estilo un repertorio cargado de clásicos, entre ellos su gran apropiación del 'Gloria' de Them, esa enérgica 'Break it up' u homenajes a Jim Morrison y Jimi Hendrix como, respectivamente,' Land' y 'Elegie'. La segunda estuvo dedicada a «la gente que amamos, perdimos y recordamos».

El apartado diurno del Primavera del viernes estuvo marcado también por sugerentes experimentos de tradición actualizada. Por ejemplo, el de Rocío Márquez, cantaora laína que, de la mano de Refree, se atreve a cruzar el flamenco con el rock experimental y cósmico, el hardcore y el posrock, entre otras hierbas. Una especie de revisión apabullante de los postulados del clásico 'Omega' de Morente con Lagartija Nick.

Por su parte, José González se empapa de esencias del folk británico (Nick Drake en primer plano) para construir canciones de formas eclécticas, en los últimos tiempos, los del álbum 'Vestiges & claws', con mucho del blues tuareg de Tinariwen. Maravilló con su hipnótico repertorio propio y con sus versiones personales de Kylie Minogue, Massive Attack o Arthur Russell, una 'This is how we walk in the moon' que hace soñar con futuras excursiones dance.

La jornada dio también la oportunidad de, por ejemplo, comprobar, la rocosidad y brutalidad de la última encarnación de la banda Disappears de Chicago; bailar (algo no tan sencillo en esta edición) con el pop electrónico de Sylvan Esso, muy efectivo en canciones como 'Play it right', o preguntarse qué pasaba por la cabeza del líder de Strokes cuando diseñó el proyecto Julian Casablancas+The Voidz. Autoindulgencia de la peor especie, sin canciones, dirección ni sustancia. Intrigaba saber qué haría hoy con los mejores clásicos de Strokes, que son todo lo contrario, ejemplo de síntesis.

A la espera de los esperados hitos de madrugada de Ride o Jon Hopkins, Belle & Sebastian triunfaron en un escenario ATP del todo desbordado, y las resucitadas Sleater-Kinney exhibieron fibra indie rock ante un público que, quedó claro, ansiaba su regreso a los escenarios.

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