El Periódico

Viernes, 12 de julio del 2013

Todo nuevo caso de pederastia y abuso a menores nos sacude e impacta, reabriendo el debate sobre la protección a la infancia. Resulta un tema de dominio público relativamente novedoso. Si consultamos las hemerotecas veremos que el término pederastia aparece en los medios en 1997 y desde entonces se ha mantenido entre nosotros como una realidad amarga y terrible que no desaparece. Recordemos que todo caso descubierto de pederastia es una amenaza neutralizada. Aunque aparezcan nuevos casos, lo importante es que van cayendo. Tenemos un marco de derechos y protección a la infancia muy sólido, el más avanzado de España según un estudio reciente. Tenemos unas fuerzas de seguridad muy competentes en perseguir los abusos y la pornografía infantil que sigue circulando en el mundo digital. Si hace tres lustros era una realidad invisible y opaca, hoy ya no lo es y estamos más preparados para atajarla y detenerla.

El caso de David Donet, acogiendo sin problemas a menores en los últimos 16 años, resulta particularmente atroz. Si tenemos medios adecuados para perseguir y detener, no podemos decir lo mismo sobre la prevención. Este caso concreto pone de relieve toda una cadena de fallos que no puede volver a repetirse. Por tanto, servirá para extremar las medidas, las cautelas y el seguimiento preventivo.

Pero este nuevo esfuerzo que hará ahora la Generalitat y todos los agentes implicados puede caer en saco roto si el vecindario y las pequeñas comunidades no ponen de su parte. Resulta inaceptable la tolerancia social que se daba en uno de los pueblos del detenido donde ya era vox populi su fama de desviado. Es inaudito que en una pequeña localidad se llegue a normalizar y consentir a un monstruo semejante sin denunciarlo. Esa complacencia, típicamente masculina, es la misma que se tiene con los maltratadores. De nuevo, ha fallado la escala local y vecinal para prevenirlo.

El caso también pone patas arriba los mecanismos de selección y seguimiento de las familias de acogida que se hacen cargo de menores desamparados. Puede que el modelo funcione bien en líneas generales (hay 900 menores acogidos en 600 familias) pero para restituir la confianza pública conviene depurar responsabilidades en forma de dimisión o inhabilitación. ¿Quién y cómo evaluó como apto para ejercer de familia acogedora a este individuo? Sin pareja estable ni hijos, no puede ser considerado familia monoparental.

En materia de protección infantil nunca hay que relajarse. Menos aún en el sistema de tutela y acogida. Por eso es inaudito que los nuevos planes de estudio de maestro o educador social no se impartan o se supriman asignaturas como Historia o Sociología de la Infancia. Ayudarían a comprender la infancia como sujeto histórico de abusos y de derechos. Y valorar la calidad moral de una sociedad por la forma en que reconoce y protege a sus menores.

SPORT ha tenido acceso al contenido del auto judicial de la Audiencia Nacional