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Ramón Lobo

NÓMADAS Y VIAJANTES

Ramón Lobo

Periodista

'Yes we can', con otro presidente

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Domingo, 16 de junio del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

La novela 1984 ha multiplicado sus ventas en los últimos días. El texto de George Orwell se ha convertido en un manual de supervivencia, una hoja de ruta precisa e indispensable para comprender que ya nada es imposible. No son necesarios los analistas y las pitonisas, menos aún los asesores, esa plaga bíblica; basta con leer libros que hasta hace poco parecían de ciencia ficción y hoy parecen de actualidad.

El presidente del Yes we can, el que nos colmó de ansias de cambio en la campaña electoral del 2004 tras una presidencia moralmente devastadora, nos ha fallado. La decepción es mayúscula porque vivimos en un mundo sin héroes, sin esperanza de tenerlos. No existen los líderes capaces de señalar un camino, de pensar, de soñar un mundo mejor dentro de veinte años. Solo queda Mandela suspendido de un hilo.

Barack Obama nos falló desde el principio, pero no lo quisimos ver. Argumentamos que el sistema era un transatlántico que se resistía por peso y volumen al cambio. Mandó clausurar Guantánamo, pero el penal siguió abierto, como sigue aún, como símbolo vergonzoso de los errores cometidos tras los atentados del 11-S: renuncia a los valores, mentiras de destrucción masiva, invasiones y muerte de cientos de miles de civiles que nada tenían que ver con Al Qaeda.

Obama nos embelesó como un flautista de Hamelin: oratoria excelsa, preñada de futuro. Conquistó América y el mundo, sobre todo Europa que lo recibió como un émulo de John F. Kennedy. Ganó aquellas elecciones del 2004 en las que el Partido Republicano recurrió a la guerra sucia en la que sigue atrincherado sin saber que ya no es necesaria: Obama es uno de los suyos disfrazado de uno de los nuestros.

Es el primer presidente negro de la historia de EEUU, un símbolo poderoso para millones de niños afroamericanos e hispanos.

Han pasado cinco años de aquella noche memorable en Chicago, cuando la gente se echó a la calle convencida de que había ganado. Poco después, la caja china quedó al descubierto con la tramoya al aire. Al ilusionista se le empezaron a adivinar los trucos. También Siria, una ciénaga peligrosa. Obama se calzó los zapatos de George W. Bush, que son los del poder; camina por las mismas sendas, lee los mismos discursos. Ese mando desmesurado tiene un lenguaje y un boato propio de los que casi nadie puede escapar.

No sé si se pueden retirar los premios nobeles de la Paz por fraude en su uso, ni en qué estaban pensando en 2009 los miembros del comité noruego que los otorga, cuando decidieron dárselo a Obama, ocho meses y medio después de asumir el cargo. No había razón alguna, más allá de la esperanza de que iba a ser diferente.

Obama es el presidente de los drones: aviones no tripulados que la CIA utiliza para matar enemigos. Bajo su presidencia ha aumentado su uso en un 200%. Los aviones teledirigidos no distinguen entre radicales y civiles, entre jefes de banda yihadista y sus mujeres e hijos.

Por cada objetivo militar eliminado (terminología militar) mueren 50 civiles, según datos del Bureau of Investigative Journalism. En estos cinco años de Obamadecepción también han muerto cuatro ciudadanos estadounidenses. Los drones son ejecuciones extrajudiciales. No hay fiscales, abogados, jueces. Solo un gatillo fácil y mucha impunidad.

Hemos sabido, gracias a Edward Snowden, que EEUU espía masivamente las comunicaciones telefónicas de sus ciudadanos y de otros, como los europeos. No ha sido una escucha selectiva y casual sobre sospechosos, sino indiscriminada y constante.

Nunca imaginé a Obama sentado en una silla, como el personaje de Ulrich Mühe de la película La vida de los otros, con los auriculares en los oídos. Se acabó la privacidad, la presunción de inocencia, dos pilares de la democracia.

El presidente salió a la palestra que tan bien domina para defender la acción, decir al pueblo norteamericano que no se le estaba escuchando, que todo se hacía bajo control judicial. Después salieron a escena políticos, generales y superespías para afirmar que las escuchas habían evitado atentados.

Mentiras y titulares

Son solo palabras, ninguna prueba. En periodismo si no hay pruebas no deberían existir titulares que validan una presunta mentira. Sabemos que los presidentes mienten. Obama, también.

La maquinaria propagandística del transatlántico se ha puesto en marcha, como sucediera en el caso de Bradley Manning-Julian Assange-Wikileaks, para centrar el debate en lo accesorio: el hombre que revela una ilegalidad.

El delito es él, no la escucha, el abuso, el asesinato. Lo dice Obama, lo repiten aquellos que tienen el poder para decidir qué es legal, qué ilegal; quién vive y quién muere. Yes we can, pero con otro presidente.

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