Decenas de miles de indignados han tomado las calles de las principales ciudades israelíes para quejarse por la precariedad de la vivienda y de la vida, en unas protestas inspiradas en las españolas y que se han convertido en la mayor contestación social de la historia del país.
Solo en Tel Aviv, la capital del país, unas de 200.000 personas han participado en la protesta, superando el número de los que el pasado sábado salieron a mostrar su descontento.
Medio centenar de autobuses llenos de estudiantes han llegado esta tarde a la ciudad para tomar parte en la marcha. El tráfico permanece cortado en buena parte del centro y la policía ha pedido a los residentes que eviten sacar sus vehículos.
En Jerusalén, unas 30.000 personas se han unido en la plaza de París, muy cercana a las oficinas de la alcaldía y a la muralla que rodea la ciudad vieja. Además, cientos de personas se han agrupado en las localidades de Kiryat Shmona, Hadera, Eilat y Ashkelon (cerca de la franja de Gaza), donde varias personas han salido a la calle con carritos de supermercado vacíos para denunciar las dificultades de la clase media para llegar a fin de mes.
"Más de 200.000 personas se están manifestando en Tel Aviv, unas 30.000 en Jerusalén y entre 20.000 y 25.000 en distintas ciudades en el resto del país", ha explicado Miki Rosenfeld, portavoz de la Policía, que ha señalado que "no se ha registrado ningún incidente".
"El pueblo pide justicia social" ha sido el principal grito que se ha oído entre quienes han recorrido las calles de Tel Aviv, una marea en la que ha habido muy pocas banderas, la mayoría del Estado judío, aunque también alguna palestina y de color rojo. No han sido visibles enseñas de partidos políticos, una muestra de que el descontento trasciende las divisiones políticas.