Emilio Pérez de Rozas
Periodista
No oigo al tal Eladio Paramés. No oigo a ese bobo, que sigue sin pintar nada en esta historia. No le he leído tuit alguno. Y si está calladito el tal Paramés, está silenciado José Mourinho, que anoche tampoco dio la cara. Dice que no sale cuando su equipo juega bien. La verdad es que lo que anoche hizo el líder no fue jugar, ni poco ni mucho. Ganó, ganó y ganó. Lo que viene haciendo este año hasta que se enfrente al Barça.
Información publicada en la página 53 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 05 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Y digo que no leí anoche al tal Paramés, a ese memo, y no fue porque no tenga Twitter, que no tengo, pues Luis y Juan, mis hijos, me lo pían todo, sino porque como ya metió la pata la otra noche, cuando denunció la mano de Pinto en Mestalla («¿Una nueva regla, no? ¿El portero puede jugar la pelota con la mano fuera del área y no ser expulsado?»), no se atrevió a denunciar que, en Getafe, también alguien se inventó otra regla: tocarla con la mano dentro del área y no ser penalti. Si vas de blanco.
Así, vivito y coleando, salió el Madrid de Getafe. Pepe, como Pinto, mira, tocó el balón con su mano derecha, rechazando un remate de Diego Castro, y no pitaron penalti, ni tarjeta. Y el Madrid salió vivo. Y no oí a Paramés. Ni a Mou, que cedió la palabra a Aitor Karanka. Ni leí al insultador Eladio. ¿Ganó el Madrid por qué el vasco Delgado Ferreiro le perdonó ese penalti? Pues no, pero, mira Paramés, esa injusticia sí demuestra que eres un bocazas.
Un minuto después y a 600 kilómetros de distancia (sabido es que el kilómetro 0 de España está en el centro de Madrid), las emisoras estatales anunciaban que el Barça «parecía» tirar la Liga porque a quién se le ocurre guardar a la mitad de sus mejores hombres y alinear a Thiago, Dos Santos, Cuenca y Tello. Pues se le ocurre al jefe, al técnico que más cree en ellos, a Pep Guardiola. Y de tirar la Liga, como se vio, nada de nada. La van a pelear a saco, Paco.
Porque, mirad por dónde, sabios madrileños, si el Barça tiene alguna posibilidad de ganar la Liga (cierto, sí, aún sigue a 7 puntos del Real Madrid), de alcanzar la final de Copa (competición olvidada por los blancos), de seguir vivo en la Champions, tras perder a Villa, Keita, Pedro, Alexis, Iniesta y Afelay, es confiar en los niños, que juegan de memoria, que, como reconoció Guardiola el viernes, «solo dan, y dan, y dan» y tienen adquiridos ya los automatismos de los grandes, de la cantera, del Bar-
ça, del ADN azulgrana.
«El Barça -me explicaba Jorge Wagensberg, director científico del Museo de la Ciencia, -regala toneladas de felicidad cada noche. Y emociones. No te das cuenta y, tras una victoria azulgrana, estas varios días contento sin saber muy bien por qué y es que, en el fondo, aún estás disfrutando del buen juego y el espectáculo que has visto».
Incluso en partidos como el de anoche, cuando la falta de finura (problema que se alarga ya durante muchas jornadas) y la no materialización de las ocasiones (¿cuántas tuvo Messi?, ¿cuántas erró?) siguen convirtiendo las victorias, la lucha, la pelea, la persecución, sí, la persecución, la remontada en una vía crucis. Hasta que todo vuelva a su sitio, una vez recuperados efectivos, recuperado el cuerpo y, sobre todo, superado este denso enero, que ha entrado en febrero con posibilidades, todas, de confirmarse como favorito en los tres títulos que restan.
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