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INCLUSIÓN SOCIAL

La inteligencia límite pide la palabra

Las oenegés Invia y Acidh, que apoyan a personas con discapacidad intelectual, han organizado una fiesta para sensibilizar sobre este déficit y recaudar fondos con los que puedan continuar con sus proyectos. La música del encuentro la pone la banda Clams

Rosa Mari Sanz

Ensayo del grupo Clams de cara a su concierto solidario en la sala Luz de Gas del 13 de diciembre. / JORDI COTRINA

Mucha gente no ha oído hablar nunca de la inteligencia límite (IL). El desconocimiento de esta discapacidad, en numerosas ocasiones, lleva a no saber cómo actuar, a querer sobreproteger o directamente al rechazo. No es raro esto último, sobre todo en la escuela. Por eso los expertos claman por que se mejore la detección precoz de esta patología. En España, según el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi), este déficit afecta en España a entre 400.000 y 600.000 personas.


La primera vez que Albert Pecharromán oyó hablar de su peculiaridad fue en boca de su madre. Él tendría unos 10 o 11 años, recuerda. «Estaba en mi habitación y mi madre me lo explicó, me dijo: ‘Albert, escucha, tienes algunos problemas a la hora de estudiar…’ Algo así. Me lo tomé normal y no me preocupé demasiado. No me importó cambiar de colegio».  Tener inteligencia límite, define, es adaptarte a tus problemas. «A mí me cuesta mucho estar atento a las clases. Antes iba a la escuela ordinaria y me costaba relacionarme con los amigos, me dejaban aislado, marginado, no querían estar conmigo. En esta otra escuela me están ayudando en el tema personal y ya nivel académico», continúa.  Este chaval de ahora 14 años, alumno desde hace dos años de la Escola Vida Montserrat, de la asociación Acidh,  no lleva escritas en la cara las dificultades que le hacen ser vulnerable, por eso, como otros de su misma condición, tiene que lidiar con el desconocimiento y la incomprensión de una sociedad que no le trata como igual ni sabe reconocer su discapacidad.

EN TIERRA DE NADIE

Las personas con inteligencia límite, o sea, con un cociente intelectual entre 70 y el 85, o sea, justo por debajo de lo que se considera normal según la OMS (la media oscila entre 85 y 115), están en tierra de nadie. Y no es un tópico, explica Nati Gordo,  jefa de proyectos de Invia, una oenegé que, como Acidh, ayuda a personas con discapacidades psíquicas. Con el objetivo de sensibilizar sobre la inteligencia límite y recaudar fondos para continuar con los proyectos inclusivos que llevan a cabo, estas dos entidades, junto con la banda inclusiva Clams, ofrecen una fiesta en la barcelonesa sala Luz de Gas el martes 13 de diciembre a las 21.00 horas. Además de música, en la gala 'Clam per la intel.ligència límit' habrá humor de la mano de Toni Albà y Pep Planas.

La sala Luz de Gas acoge este martes 13, a las 21.00 horas, un concierto de la banda Clams, un ejemplo de inclusión a través de la música

  Las personas con inteligencia límite pasan desapercibidas a primera vista, algo que hace que se enfrenten a numerosos prejuicios en su vida cotidiana. Para mayor agravio, padecen un desfase entre la edad cronológica y mental que no siempre se detecta de una manera temprana. Vanessa Domínguez, por ejemplo, tuvo el diagnóstico cuando ya estaba en el instituto. Ahora trabaja en Ikea de L’Hospitalet, con buenas expectativas de conseguir un contrato. Atrás ha dejado momentos personales muy duros, lo que no significa que los hay olvidado.  «En el cole no podía estar quieta para nada, soy muy movida. Me he de estar moviendo para todo. En el  instituto volvía llorando a casa cada día, no sacaba los exámenes y me acabaron llevaron a psicólogos. Al final supieron lo que tengo. No logré el graduado, lo pasaba muy mal en el instituto. Ahora en el trabajo me lo paso muy bien», comenta esta joven de 24 años.

INSERCIÓN LABORAL

La inserción laboral es básica para que puedan dar un paso adelante y llegar a independizarse, incluso tener su propia familia, pese a las dificultades añadidas que ello conlleva y a la sobreprotección que muchas familias ejercen en las personas con inteligencia límite. Con eso, con volar, sueña la joven Montserrat García, también usuaria de Invia: «Cuando era pequeña no hablaba. Tengo malos recuerdos del colegio, me relacionaba poco y faltaba mucho porque siempre estaba en el logopeda». Una de las peculiaridades de este déficit es que en la infancia pueden pasan inadvertidos y ser considerados retraídos o vagos. El 'bullying' y el rechazo son demasiado habituales. Y lo peor, cuenta Gordo, es que las personas con IL tienen mucha conciencia  de sus dificultades y si no se trabaja la problemática puede acabar representando un serio problema de personalidad.

 «Al entrar en la ESO –continúa Montserrat- ya me separaba de los compañeros. Yo iba a mi ritmo y llegué a cursar un  grado medio. Fui a  una escuela concertada de mi barrio y poco a  poco vi que no llegaba a grado medio, mi mente se quedaba en blanco. Se sufre mucho cuando ves que no llegas», confiesa. Una de las etapas educativas más duras para los chavales que tienen esta discapacidad intelectual, cuenta Judith Reig, directora de la Escola Vida Montserrat, es precisamente cuando llegan a la ESO: «Tienen intereses más similares a niños de 9 o 10 años que no de 12 o 13 y se produce un desencuentro muy importante. Más adelante puede haber más sinergias, pero la adolescencia pura y dura es un momento muy delicado».

Aunque consciente del esfuerzo que le supone, Montserrat no descarta seguir estudiando. «Me gustaría mucho hacer un bachillerato social. Siempre me ha gustado mucho, igual me lo sacaría. Dentro de unos años querría hacer algo de logística, como tengo problemas con el habla quiero algo que no me suponga relacionarme con la gente porque me pongo muy nerviosa y entonces hablo mal. ¿Si me veo siendo independiente? Sí, sí, claro. Quiero trabajar,  ganar dinero y vivir en pareja», confiesa.

AUTOCONTROL

Montserrat García, como Vanessa Rodríguez y tantos otros, reciben el apoyo de Invia. En esta entidad les ayudan a desarrollar habilidades sociales y relacionales y a autocontrolarse a través de diversos proyectos enfocados a su integración y a mejorar su calidad de vida, la presente y la futura. La misma finalidad que persigue Acidh, entidad en la que Patricia Vilanova, de 16 años, dice  haber encontrado una mejora a sus principales dificultades. «Me están adaptando a estudiar. También me ayudan a parar los pies. No controlo mis impulsos, tengo dificultad para parar los pies», asegura esta joven que se ve peluquera dentro de unos años, o, al menos, es lo que le gustaría.

Las personas con inteligencia límite no llevan escritas en la cara sus dificultades, lo que las acaba haciendo todavía más vulnerables

Por Albert Pecharromán, Montserrat García, Vanessa Domínguez, Patricia Vilanova y tantas personas que tienen inteligencia límite o algún otro tipo de diversidad funcional, estas dos oenegés se han unido en un acto para darles visibilidad y recaudar fondos con los que poder continuar proyectos de acompañamiento. Más que un acto, será una fiesta animada por el grupo Clams, un ejemplo de integración formado por una docena de jóvenes  y músicos de la escena independiente barcelonesa. Entre los primeros está Helena Castells, una joven de 20 años vinculada a Invia desde hace un año, que actuará cantando y tocando el violonchelo y a quien no le agobia en absoluto su particularidad: «Cuando era pequeña me costaba mucho leer y aprender las cosas. Como nací en Nicaragua pensaba que era por el idioma. Pero mi madre me explicó que cuando nací me apretaron el cráneo y eso es lo que me ha ocasionado dificultades. Yo estoy bien, soy como soy, no me hace sufrir ni me causa ningún problema», explica en un encuentro grupal con este diario en la sede de Acidh.

Uno de los principales objetivos de esta cita, desgrana el alma de esta banda de pop rock, Artur Fernández, profesor de la escuela y cantante, es unir fuerzas y objetivos comunes, salir a la palestra y decir a la sociedad que mire, que espabile. «Es una declaración de intenciones en todos los niveles, hemos de unir objetivos e ir hacia lo mismo», cuenta. Que no es otra cosa, dice, que cambiar la mirada hacia las personas con capacidades especiales. «Es una ocasión para acercarte o para no entender y perder esta oportunidad y no abrir el canal. Hay gente que mira la diferencia desde el miedo». Y pone como ejemplo positivo la evolución que ha visto en los músicos del grupo que se sumaron a la iniciativa sin haber tenido antes experiencia cercana con la discapacidad. «Han hecho un proceso muy chulo. Primero sobreprotegían a los 'cantaires', les hablaban con condescendencia, más adelante pasaron a ver a la persona. A tratarles de tú a tú. Y eso les ayuda a crecer».  Tanto a unos como a otros. 

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