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Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña: "En 5 años tendremos un atentado mayor que el de París"

Núria Navarro

Los terroristas del Estado Islámico (EI) orquestaron los atentados de París con una 'playstation' y estrellaron el avión ruso en Egipto con una lata de Schweppes Gold. Naderías comparadas con lo que emplearán en un futuro próximo, alerta Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña, experto en tecnologías de la información. En su libro 'El quinto elemento' (Deusto), no apto para aprensivos, desgrana al avance de la ciberguerra.

El próximo 13-N será tecnológico, asegura. No me cabe la menor duda. Empezará con un clic. Esos grillados ya se están planteando cómo hacerlo. Una tentativa rudimentaria fue el ataque tecnológico del EI a la TV5 francesa en abril. El apagado de ocho horas solo produjo un daño empresarial, pero la cosa irá a más.

¿Por qué está tan seguro? Es muy difícil hacerse con una ojiva nuclear en Ucrania, pero la alta tecnología es hoy un producto básico que se replica fácilmente. Por otra parte, para que un tarado coja el kalashnikov o se ponga un cinturón de explosivos, hay que comerle el coco con que irá al cielo y les esperarán 50 vírgenes. Es más fácil convencer un tipo en una montaña en Pakistán que vuele un dron sobre el Bernabéu en un Madrid-Barça y lo haga estallar. No corre ningún riesgo.

¿Y para cuándo prevé ese 'big one' de los atentados? Antes de cinco años vamos a tener un susto muy grande. El FBI ya ha desmantelado campos de entrenamiento con drones de Al Qaeda. Es lo que tiene la tecnología. Del mismo modo que, en un pueblito de Houston, el Ejército americano tiene a unos chavales de 20 años que manejan drones y bombardean un país en Oriente Próximo como si fuera un videojuego, los malos también aprenden.

Eso tiene mal arreglo, ¿no? Cuando en el 2001 chocaron los aviones contra las Torres Gemelas, la seguridad consistía en pasar un detector de metales. A partir de entonces emplean un escáner corporal 3D que detecta si la uña del pie ha estado en contacto con pólvora en las últimas horas. Tiene que ocurrir algo horrible como aquello para que se invierta en una industria que responda al mal uso de la tecnología.

Anonymous ha declarado su ciberguerra al EI. Ya es algo. ¡Solo es simbólico! ¿Qué atacarán?

El EI mueve 9.200 cuentas de Twitter, a razón de 90.000 tuits al día. Las emplean para la propaganda, como los vídeos. Si Anonymous boicotea esas cuentas, ellos abrirán otras. No le cambiará la vida a los tipos que están en una jaima, en el desierto. EI solo utiliza la tecnología para captar y mandar mensajes al mundo, pero no dependen de ella para vivir. Los atentados los preparan cara a cara.

Nada de móviles. No. En el 2001, cuando EEUU perseguía a Osama Bin Laden, este viajaba un día con su chófer. En un momento dado, le propuso tomar caminos diferentes y le dio el móvil al subordinado. Antes de 24 horas había caído un misil en su cabeza. Hoy, a nivel tecnológico, tienen dos marchas.

¿En manos de quién está la veloz? Una élite prueba cosas, aunque gracias a Dios aún son rudimentarios. Y digo «gracias a Dios» porque las infraestructuras críticas, unas 3.700 en España, son tan vulnerables que estaríamos viviendo desastres cada día.

¿Esas 3.700 están bajo control? Hay un departamento en León en el que trabajan 220 profesionales. En EEUU son 60.000 para unos 30.000 puntos críticos, y en China, 100.000. A mayor tamaño tecnológico de un estado, más dependencia de la tecnología tiene. Si el EI fuera un país, ¿qué podríamos hacer? Casi nada. Sus bancos y hospitales no dependen de sistemas informáticos. La respuesta hoy solo puede ser física, como el bombardeo de EEUU a los convoys de petróleo. Les hizo perder 450 millones de euros. Eso sí les hace daño.

Eso los norteamericanos. ¿Y aquí? El Estado español debe huir de la retórica, como hablar de la creación del ciberconsejo de seguridad, y dotar de recursos a una industria que nos proteja. ¡Debemos persuadirles! Y no solo frente al ciberterrorismo. Brasil vivió un apagón masivo tras el ataque de hackers a la Operadora Nacional del Sistema Eléctrico. Le pidieron un rescate.

Total, ¿propone más tecnología contra la tecnología vil? Así es. Si sabemos que un dron cargado con medio kilo de explosivos se puede conducir hasta la Moncloa sin problema, ¿por qué no hay una contratectnología que lo evite? Apenas hay pequeñas tentativas militares, como neutralizar drones por medio de sonido o de campos magnéticos. Lo aterrador es que a día de hoy no hay solución a las potenciales amenazas tecnológicas.

¿Insinúa que estamos inermes? Gracias a Dios no somos conscientes de las muchas amenazas posibles y la nula respuesta que se puede oponer.

Ponga algún ejemplo. Se puede acceder a una depuradora de aguas, envenenarla añadiendo más cloro del prescrito y cargarse así a una ciudad entera. O atacar una central eléctrica o una nuclear. Ese es el tipo de riesgos que vamos a vivir en las próximas décadas.

Suena a coartada ideal para vigilarnos a todos. ¡Ya lo estamos! Y ese es otro asunto del que no somos conscientes. Paseamos con una sonrisa en la boca con nuestro smartphone,un aparato que es un millón de veces más avanzado que el ordenador del Apolo 11 con el que el hombre fue a la Luna, pero vivimos en una libertad vigilada.A mucha gente le da igual. «Total, yo no soy un terrorista», argumentan. Es una manera de verlo.

No es la suya. No. Existe una vigilancia preventiva masiva.

¿Quién es el supervigilante? El principal es la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) norteamericana. El CNI, también vigila; pero no tiene la capacidad masiva que ya tenía la NSA en 1991 con la red Echelon, que graba 3.000 millones de llamadas cada día. Y los servicios secretos británicos, sus aliados, pueden pinchar cables submarinos de internet y grabar todo lo que ocurre en 48 horas. En el 2020 esperan poder grabar el tráfico de un mes.

Saber tanto le debe de provocar amargura. Me provoca angustia pensar que la gente no es consciente del mundo en el que vivimos. Mi libro empieza con una frase de Benjamin Franklin: «Aquellos que sacrifican libertad por seguridad no merecen ni la una ni la otra». Hay derechos fundamentales que deben estar siempre fuera de concurso. Pero algunos, cuando se lo advierto, me toman por conspiranoico.

¿Y no? Todo lo que digo está probado.

Curiosidad. ¿Qué método profiláctico emplea alguien como usted? Hay que aplicar la lógica y renunciar a avances tecnológicos cuando te quitan más de lo que te dan.

Sea un poco más preciso. Tengo un iPhone 6, pero un miembro de las fuerzas de seguridad del Estado que empleé como fuente para el libro, me hizo un regalo. Compró en e-Bay un Nokia 3100 y una tarjeta de prepago a nombre de una inmigrante rumana que las compraba para la reventa. Con ese Nokia de hace 15 años, la triangulación tiene una diferencia de tres kilómetros cuadrados. Nadie puede saber con quién ni dónde estoy. No tiene geolocalizador.

A los diputados españoles lo primero que hacen es regalarles un iPhoneYa ve usted. Y lo peor es que la Patriot Act dictada por Estados Unidos en el 2001 prescribe que todo lo que ocurre en una terminal de tecnología americana es grabado. Así que si la NSA pide a Apple la información de un teléfono de su marca, debe entregarla.

¿Sin orden judicial? Incluso sin ella. Así que si Washington quiere saber lo que hablan, piensan o almacenan los congresistas y senadores españoles en sus iPhones, solo tienen que hacer una llamadita.

Algunas risas se echarán, fijo. Pues lo mismo ocurre con el uso de Windows en los ministerios. Deberían emplear un sistema operativo de código abierto de modo que, en caso de conflicto con otro país, no puedan acceder y sacar hasta los clavos.

Oiga, usted es un emprendedor. ¿No cree que el miedo es mal compañero? El miedo es malo. Suspender los amistosos España-Bélgica y Alemania-Holanda ha sido un mal mensaje. Es una victoria moral para los yihadistas. Lo bueno es la alerta.

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