Ir a contenido

ENTREVISTA

Glenn Greenwald: «Lo más gordo del 'caso Snowden' aún no ha visto la luz»

Nueva York, 1967. Abogado, periodista y escritor.

POR JUAN FERNÁNDEZ

Hace un año, el analista de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) Edward Snowden le eligió para que le ayudara a sacar a la luz la vigilancia masiva que su Gobierno estaba realizando sobre las comunicaciones de norteamericanos anónimos y mandatarios de países amigos. Su implicación en este caso le llevó a vivir una aventura de película de James Bond, que ahora cuenta en el libro Snowden. Sin un lugar donde esconderse (Ediciones B), y a manejar los documentos que prueban el mayor caso de espionaje de la historia. Los servicios secretos de medio mundo matarían por saber lo que él sabe.

-Lleva años investigando los excesos de las agencias de inteligencia. ¿Este caso se parece a alguno que haya conocido?

 

-Lo supera a todo. Hasta ahora habíamos oído a muchos expertos especular sobre el seguimiento que los gobiernos podrían estar llevando a cabo sobre grupos de población. Esta vez tenemos las pruebas. Tenemos decenas de miles de documentos creados por la NSA, que pensaba que nadie más iba a ver, y que demuestran el espionaje masivo que esta agencia estaba llevando a cabo.

-¿Qué hemos de entender por espionaje masivo?

-No hablo de seguimientos a posibles terroristas. Hablo de conversaciones privadas de ciudadanos corrientes por teléfono, Skype, Facebook,

chats... Esto es lo que lo convierte en el mayor caso de espionaje de la historia. Los gobiernos siempre han vigilado a sus ciudadanos, pero ni siquiera la obsesiva Stasi alemana dispuso de un instrumento tan eficaz para perseguir como es internet. La red es la herramienta más poderosa que existe para que los gobiernos espíen a la gente. El peligro radica en que tenemos toda nuestra vida volcada en internet.

-Puestos a pasar lista, no sé si terminaremos antes si le pregunto a quién no ha espiado la NSA.

-La obsesión de la agencia por vigilar es tan grande que llegaron a planificar un sistema para escuchar las conversaciones que la gente mantiene en los aviones, llegando incluso a ser capaces de localizar el asiento de cada pasajero que estuviera comunicando.

-¿Tal vez querían prevenir otro 11-S?

 

-Eso pensé al principio, pero no. En realidad, ellos creen que toda conversación que se dé en el mundo debe ser espiada. Es a lo que aspiraban, y siguen aspirando. Y están en vías de conseguir.

-¿Siguen buscando eso?

 

-El Gobierno de mi país continúa recolectando miles de millones de llamadas telefónicas en todo el mundo. Manejan tanta información que no saben dónde guardarla. Han tenido que construir nuevos edificios para almacenarla.

-¿Aún hoy? ¿En qué ha quedado la promesa de Washington de poner freno a las escuchas?

 

-En gestos simbólicos. Mire, la estructura del espionaje del Gobierno norteamericano no va a derrumbarse porque se publiquen unos cuantos documentos secretos, aunque estos sean gravísimos y la gente se enfade al sentirse espiada.

-Entonces ¿el caso Snowden no ha servido para nada?

 

-Sí, ha habido cambios, la gente ha empezado a tomarse en serio la seguridad en internet, aunque aún es incipiente. Hoy hay en el mundo unas 20.000 personas que encriptan sus mensajes en la red. En un par de años habrá 20 millones. Ese es el único cambio posible, y la única conclusión que podemos extraer: si yo fuera usted, encriptaría todos los mensajes que manda por internet. Obama hará algo simbólico para simular que ha corregido los excesos, pero descarte que el espionaje vaya a cambiar. No conozco ningún gobierno que dedique esfuerzos a recortarse a sí mismo el poder.

-Hace poco oí al periodista Jeremy Scahill -que colabora con usted en The Intercept, la plataforma de periodismo independiente y de denuncia donde ahora trabaja-, describiendo a Obama como «un adicto a los secretos». ¿Está de acuerdo?

-Totalmente. Lo llamativo es que llegó a la presidencia prometiendo transparencia. Hoy, todos los periodistas y activistas que conozco afirman que el Gobierno de Obama es el menos transparente de la historia de mi país.

-¿Qué nos queda por saber del caso Snowden?

 

-Lo más gordo aún no ha visto la luz. Ahora mismo estoy trabajando en una nueva revelación, relacionada con el tipo de personas que estaban siendo espiadas a conciencia por la NSA, cuyo perfil dista mucho de lo que la gente puede esperar de un peligro para la nación. Hablo de periodistas, escritores, creadores de opinión, abogados, activistas… Hay grupos de población que están siendo vigilados con microscopio. En los papeles de Snowden hay tanta información que vamos a crear un sistema que permita a los periodistas de todo el mundo tener acceso a los archivos para trabajarlos, analizarlos y publicarlos.

-¿Algo parecido a Wikileaks?

 

SEnDNo exactamente, aunque se le parece. Nosotros tenemos una única fuente, Snowden, y él no quiere que todos sus documentos se publiquen de una manera masiva, porque eso podría ser peligroso para la seguridad nacional. Desea que se haga con cuidado, midiendo las consecuencias y explicándole a la gente en qué consiste cada historia. Wikileaks es un modelo que nos inspira, pero lo nuestro será diferente.

-¿En ese archivo hay informaciones referidas a España?  

-Sí, pero permítame que no le cuente nada más hasta que ese material esté listo para ser publicado. Los españoles utilizan la misma red que usan los norteamericanos, así que sus mensajes han sido tan espiados como los nuestros.

-¿En esos documentos puede estar el historial de mi navegación por internet, por ejemplo?

 

-Puede. Nosotros no tenemos todo lo que ha espiado la NSA, solo disponemos de una pequeña parte. Probablemente yo no conservo nada sobre usted, pero le aseguro que la NSA conoce su historial de navegación de internet.

-Para el Gobierno norteamericano, Snowden es un delincuente, ¿pero cómo cree que le juzgará la historia?

-Cuando yo era pequeño mi héroe político era Daniel Ellsberg, que fue quien en 1971 filtró los documentos secretos del Pentágono que probaban que el Gobierno estaba engañando a la población en relación con la guerra de Vietnam. En un primer momento, aquello lo convirtió en un enemigo público, pero hoy todos lo ven como un héroe. Estoy convencido de que a Snowden le pasará lo mismo.

-¿Cómo está?

 

-Le vi hace unos días en Moscú para preparar la entrevista que ha concedido esta semana a una tele norteamericana y me sorprendió encontrar a la misma persona que conocí hace un año en Hong Kong, lo cual es llamativo, dado todo lo que le ha ocurrido. El año pasado él y yo dimos por hecho que acabaría siendo detenido y pasaría el resto de su vida entre rejas. Le está dando fuerzas ver que sigue libre y que puede participar en este debate que él mismo inició sobre el espionaje y la privacidad en internet.

-¿Es un mártir?

 

-Un mártir es alguien que sufre y entrega su vida a una causa. Aunque permanece separado de su familia y está escondido en un país que no ha elegido, cuando le vi me quedé con la sensación de estar ante la persona más feliz que he conocido jamás. Esa paz se la da el convencimiento de haber hecho lo correcto para defender sus creencias y principios políticos. Pocos pueden decir lo mismo.

-Leyendo su libro, uno se entera de cosas como que un teléfono móvil, aunque esté apagado, puede usarse de forma remota como micrófono oculto, salvo que se le quite la batería o se esconda en el congelador de una nevera. ¿Es posible que esta entrevista haya sido espiada?

 

-Sí, por supuesto. En esta habitación hay móviles conectados a internet, y estoy seguro de que la NSA sabe que ahora mismo estoy en Madrid. Si querían escucharnos, técnicamente pueden haberlo hecho. Pero créame, no suelo dedicar tiempo a pensar eso, no quiero convertirme en un paranoico. Tomo mis precauciones, pero no voy más allá.

-¿Veremos su historia en el cine?

 

-Ya tengo productora. La hará la misma que rodó las películas de James Bond. Los elegí porque tienen una idea muy inteligente respecto a mi historia. Mi misión es llevar a cuanta más gente sea posible el mensaje de la importancia de la privacidad en internet, y el cine es una vía perfecta para propagar ese aviso. No quiero renunciar a él.

0 Comentarios