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10º ANIVERSARIO DEL 'LAB'

Javier González, director del Citilab-Cornellà: "El éxito es que la innovación esté al alcance de todos"

Tras diez años de vida del laboratorio ciudadano, su responsable hace balance y expone los principales retos de futuro

"El proyecto más difícil no es ése al que le falta dinero, sino ilusión" / "Tenemos que pasar a ser un laboratorio territorial"

Manuel Arenas

Javier González Abad, director del Citilab-Cornellà.

Javier González Abad, director del Citilab-Cornellà.

23 de noviembre de 2007. Después de diez años del nacimiento de su embrión, se inaugura en Cornellà finalmente el Citilab, un laboratorio ciudadano para la innovación social y digital que pretende explorar y difundir el impacto digital en el pensamiento creativo, el diseño y la innovación que surgen de la cultura digital. ¿Cómo? A través de la formación, la investigación y la incubación de iniciativas empresariales y sociales. Diez años han pasado ya desde entonces y Javier González Abad, diplomado en Ingeniería de Telecomunicaciones y actual director del Citilab, hace balance de la primera década de vida del laboratorio y expone sus principales retos de futuro.

Pregunta. Diez años de Citilab. Desde que abrió sus puertas en 2007, ¿ha cambiado el proyecto conceptualmente?

Respuesta. Citilab sigue respondiendo a su razón fundacional: es un laboratorio ciudadano que pretende empoderar a la gente para que aprenda a innovar. Eso se mantiene vigente. Tenemos una apuesta muy fuerte por la cultura de la innovación y del conocimiento, y seguimos trabajando cada día para conseguir que la ciudadanía conozca tendencias tecnológicas como la inteligencia artificial, el 'big data' o los drones, entre otros.

En Citilab nos interesa la tecnología humanista: ésa que aporta al desarrollo social y económico. La esencia no ha cambiado. Ahora bien, el mayor cambio que ha podido haber en este tiempo es que hemos reafirmado nuestra estrategia de trabajar en campos como educación, ocupación y conocimiento.  Nos encontramos en un punto de reafirmación de que un laboratorio ciudadano puede servir para alcanzar políticas públicas de innovación.


P. ¿Cuál es en 2017 la aportación del Citilab a la sociedad? 

R. Ahora mismo, la mejor aportación del Citilab es orientar a los demás sobre lo que tiene que ser un laboratorio. Y lo hacemos a través de proyectos principales como el ‘Colaboratorio’, cuyo objetivo es el desarrollo

"Nuestra labor es que el conocimiento esté en manos del ciudadano"

cultural y de innovación; el ‘EduLab’, que desarrolla competencias para que las generaciones aprendan a innovar y lo hagan a través de proyectos; el ‘LaborLab’, que pretende descubrir nuevas profesiones y conseguir que las ‘startups’ inyecten al sistema su conocimiento para capacitar a nuevos profesionales para lo que esté venir; y por último el ‘ThinkLab’, que pretende divulgar y reflexionar sobre la políticas públicas que deberían desarrollar la sociedad del conocimiento que queremos.

No puede haber sociedad del conocimiento sin sociedad ni conocimiento, y nuestra labor es que ese conocimiento esté en manos del ciudadano y que sea él quien construya la nueva sociedad: inclusiva, colaborativa y articulada sobre los valores más positivos de la gente.


P. ¿Qué necesidad ha cubierto durante estos 10 años el Citilab que estaba por cubrir?

R. Pienso que por fin hemos conseguido que la gente perciba que existe un nuevo derecho: el derecho a innovar. Aquí la gente viene a hacer proyectos de innovación como quien se apunta a jugar al dominó. El éxito se resume en una frase: los ciudadanos innovan. Para mí, después de 10 años, el mejor éxito es ver que hay ciudadanos capaces de hacer una camiseta que predice la meteorología [uno de los últimos proyectos salidos del Citilab].

El éxito es la democratización de la innovación, que esté al alcalce de todo el mundo, independientemente de las circunstancias de cada uno. Ver a un amo de casa o un carpintero haciendo una camiseta inteligente: ése el mejor valor. En términos cuantitativos, la gran aportación es tener más de 9.000 socios que forman parte de la masa crítica a la que te diriges o que durante estos 10 años hayamos llevado a término unos 50 proyectos. Además, tenemos a unas 1.000 personas al año formándose en nuestros cursos; ofrecemos 40.000 usos al año y nuestra área de influencia es de 50 municipios diferentes a Cornellà participando en el Citilab.


P. ¿Cuál ha sido el reto más difícil al que se ha enfrentado el Citilab durante esta década de vida?

R. La principal dificultad es que se habla mucho de que tenemos que ir hacia el diseño y la innovación, pero luego los recursos para la investigación y la innovación son escasos. Precisamente porque igual que en el

"El proyecto más difícil no es ése al que le falta dinero, sino ilusión" 

producto y el servicio se ve muy rápidamente el rédito tangible de la inversión, en innovación social y tecnológica no se ve tan rápidamente porque trabajas a 10 ó 20 años vista y eso al inversor le echa para atrás.

Nuestras dos principales fuentes de financiación son el Ayuntamiento de Cornellà y el Área Metropolitana de Barcelona (AMB). La dificultad más grande que nos hemos encontrado durante este tiempo es sin duda la crisis económica, ya que los recursos públicos a largo plazo se han acondicionado. Pero también es verdad que cuando la gente tiene una motivación grande es cuando realmente no hay problemas de dinero. Siempre digo que el proyecto más difícil no es ése al que le falta dinero, sino ilusión. Cuando tienes motivación, pase lo que pase, tu proyecto vocacional va hacia adelante. 


P. ¿De todos los proyectos que ha visto en estos 10 años, alguno le ha marcado especialmente?

R. Desde el punto de vista ciudadano, me han llamado mucho la atención los ‘nuevos artesanos’, uno de los 'clubs' que tenemos aquí. Hace un par de años, cuando hubo la moda de la ‘smart city’, unos ciudadanos, personas mayores entre las que había jubilados o amas de casa, hicieron una maqueta de madera interactiva que, a través de sensores y elementos tecnológicos, simulaba el funcionamiento normal de una ciudad. Empezó como una iniciativa espontánea entre ciudadanos y al final lo acabaron vendiendo al Ayuntamiento de Barcelona, que se interesó por el proyecto para hacer un programa de formación en las escuelas de primaria. Por primera vez, un ciudadano de a pie que venía por ocio acababa siendo el protagonista de un servicio pedido por el Ayuntamiento de Barcelona para explicarles a los niños lo que era una ‘smart city’. 

Además de ese ejemplo, hay otros proyectos interesantes. En el ámbito educativo, te diría que 'Scratch for Arduino', un 'hardware' que se ha propagado por el mundo y que fue desarrollado por 'Smalltalk' en Citilab, y también me parece muy interesante el ejemplo de la moneda social de Santa Coloma de Gramenet, desarrollada por la empresa 'Ubiquat', con sede en el Citilab.

La fundación Obicex, que se dedica a hacer formación en videojuegos y realidad virtual, es otro proyecto del que estoy muy orgulloso. Al tener un conocimiento tan especializado, ellos forzaron un cambio en el currículum educativo reglado de la Generalitat para hacer un ciclo formativo de grado superior en realidad virtual y aumentada, que todavía no existía. Nos interesa que el conocimiento especializado que tienen los emprendedores llegue al ciudadano. Intentamos ser un facilitador, un intermediario entre la innovación y el ciudadano.


P. ¿Qué gran reto tiene por delante el Citilab?

R. El reto más importante que tiene es que, ante una realidad en la que todo el mundo reconoce un nuevo instrumento que son los ‘labs’, debemos poder acompañar a otros -empresas, ayuntamientos, centros

"Tenemos que pasar de ser un laboratorio ciudadano de Cornellà a un laboratorio territorial"

culturales, bibliotecas- a que hagan ese camino de convertirse en un 'lab'. Y hacerlo sin que se pervierta la idea del 'lab', porque una tentación es pintar todo de 'lab', y no podemos permitirlo porque es algo muy serio: conocimiento, personas, ideas y proyectos, que bien conjugado permite crear innovación abierta.

Lo que hace falta es pasar de ser un laboratorio ciudadano de Cornellà a un laboratorio territorial. Cuanto más nos globalicemos, mejor. Me refiero a un laboratorio en concepto de red: convertir al área metropolitana de Barcelona, a Catalunya o a España en un laboratorio. El concepto es: ya sabemos lo que es un laboratorio ciudadano, ¿podemos ahora ser un laboratorio territorial? Yo creo que sí. Es un tema de liderazgo. Estoy convencido de que lo que necesitamos en este momento es un proyecto de gobernanza y de relaciones; un proyecto cultural. Todos tenemos que trabajar por ser un laboratorio para llegar al desarrollo social y económico. No sé hasta dónde llegaremos, pero ojalá que todos nos convenzamos de que necesitamos ser un laboratorio.

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Temas: Start-ups

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