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La Satalia, un barrio de película

Dos jóvenes ruedan estos días un documental sobre el enclave de casitas modernistas de la falda de Montjuïc recién salvado de la piqueta

Los vecinos del lugar trabajan juntos para diseñar su futuro, ahora que saben que lo tiene

HELENA LÓPEZ / BARCELONA

La Mangrana

La Mangrana, en primer plano, a la entrada del empinado barrio de La Satalia. / RICARD CUGAT

Una noche incluso soñó con ‘el fantasma’ de La Mangrana. Fantasma que no existe, o al menos no está documentado, pero que bien podría existir. El enclave se presta a ello. En la entrada del pequeño y empinado barrio de La Satalia, coronando el Poble Sec, La Mangrana es un ruinoso espacio desde hace poco propiedad municipal, ahora precariamente okupado, que los vecinos quieren convertir en un “gran equipamiento de barrio”. “Cuando te metes tanto en un tema pasan esas cosas [soñar con fantasmas]”, explica Joan J. Fortuny, joven arquitecto vecino de este particular barrio poblado de casas de estilo modernista. Vecino, activista y técnico, Fortuny es el enlace entre el ayuntamiento y los vecinos para elaborar los planes de futuro del lugar, ahora que lo tiene. Hasta el indulto acordado hace un par de años, el barrio tenía firmada una condena de muerte en forma de calificación de zona verde en el PGM. “Ahora que sabemos que tenemos futuro, queremos escribirlo nosotros”, explican los vecinos.

Fue la pasión puesta por Fortuny para explicar el proyecto -y lo literario y romántico de las calles de la Satalia, y lo tenebroso y a la vez atractivo del decadente estado actual de La Mangrana- lo que sedujo a los jóvenes cineastas Dídac Sáez y Arnau Castro. “Vimos que aquí había una historia que contar”, explican los jóvenes, que estos días ruedan en las encantadoras calles del barrio, mientras recaudan fondos vía ‘crowdfounding’ para ultimar ‘La Mangrana’, como han bautizado la película.   

PUEBLITO A DOS PASOS DEL METRO

Fortuny no es el único arquitecto del barrio, una suerte de tranquilo pueblito de veraneo a dos pasos del metro, caramelo para artistas y profesionales liberales donde en los últimos años se han instalado nuevos vecinos de ese perfil, que junto a los de toda la vida, han sumado esfuerzos hasta convencer al municipio de que su barrio valía la pena.

Vive también en el lugar el arquitecto David Stoleru o el payaso Marc Fonts, todos ellos miembros de la comisión para la recuperación de La Mangrana. O la pianista Anna Menéndez, presidenta de la asociación de vecinos del barrio y de la FAVB. “Primero nos organizamos para salvar nuestras casas. Una vez esa batalla parece estar ganada, estamos trabajando por un proyecto colectivo”, cuenta Fonts, artista y activista vecinal en sus ratos libres mientras pasea por La Mangrana junto a su hijo, los directores del documental y Fortuny. "Después de la denuncia de los vecinos de lo precario del espacio tapiaron algunas ventanas y reforzaron algún muro, pero todavía hay peligros. Es urgente actuar ya", defiende el arquitecto. Sobre todo, porque el lugar sirve de refugio a personas sin recursos en una okupación intermitente. De hecho, La Mangrana se hizo 'famosa' por protagonizar la primera orden de desahucio firmada por Colau. La orden se hizo por las pésimas condiciones de seguridad de la ruinosa finca, propiedad municipal. Al poco tiempo volvieron a okuparlo.   

IDEAS PARA EL ESPACIO

El proyecto para el equipamiento que los vecinos -que tienen una inmejorable relación con los habitantes de la ahora precaria Magrana-, diseñan está muy avanzado. “En esta zona donde estamos irá el bar”, apunta Fortuny, quien destaca que en todas las asambleas había una idea clara: que fuera un equipamiento de barrio. “Montjuïc ya está lleno de equipamientos de ciudad, y en cambio el Poble Sec apenas tiene equipamientos de barrio”, señalan. La idea es rehabilitar el dañado espacio con talleres ocupacionales para jóvenes del Poble Sec, y convertirlo en un espacio de encuentro, donde hacer 'coworking'. "Esta otra zona de aquí será para un local para la asociación de vecinos, que organiza muchas actividades y no tiene dónde reunirse", exponen. 

Desde el equipo de gobierno celebran la iniciativa de los vecinos y "todo el trabajo hecho". Están de acuerdo también en que el futuro equipamiento sea para el barrio, pero, de momento, no hay una partida asignada para la rehabilitación, una rehabilitación que será millonaria.

Llegue a buen puerto o no, La Mangrana soñada por los vecinos de La Satalia ya está siendo inmortalizada por las cámaras de Sáez y Castro.

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