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MEMORIA SENTIMENTAL

Exposiciones de la Casa Elizalde: Tal como éramos

'Finestres de la memòria' organiza cada año una exposición dedicada a la vida del barrio con fotos cedidas por los vecinos

CRISTINA SAVALL / BARCELONA

barcelona memoria eixample

Los empleados de la farmacia Bolos, en una fotografía de 1902 cedida por Jordi de Bolos Giralt. / ARCHIVO FAMILIA DE BOLOS

Una exposición anual es la manera más eficaz y emotiva para hacer visibles las fotografías aportadas por los vecinos de la Dreta de l'Eixample a la colección histórica de la Casa Elizalde, además de nutrir con imágenes los apartados temáticos de la web de 'Finestres de la memòria'.

TIENDAS EMBLEMÁTICAS

El inicio fue un acierto cuando, en el 2011, la Casa Elizalde dedicó la primera muestra del ciclo a 'Botigues amb molta història', mostrando las tiendas desaparecidas y también los comercios históricos amenzados entonces, debido a la finalización de los contratos de arrendamiento de locales de negocio con renta antigua en enero del 2015. Entre ellos el colmado Quílez, que ha logrado sobrevivir, aunque ha perdido muchos metros cuadrados en su cotizado enclave de Rambla de Catalunya con Aragó. 

Maite Esteve, coordinadora de 'Finestres de la memòria', explica que aún hoy laten en sus aceras tiendas únicas con una gran historia que han dotado la zona de una personalidad propia. "Son tiendas centenarias, farmacias, colmados, panaderías que han sobrevivido al paso del tiempo generación tras generación; establecimientos que han sabido mantener su aura inicial, ya sea por su arquitectura, su decoración o la singularidad de sus productos. Todas, referentes importantes de la vida del barrio, espacios de encuentro y de intercambio, y elementos esenciales de su paisaje. Otros han desaparecido y sólo conservamos su recuerdo a través del testigo mudo de las imágenes", señala en referencia a espacios como la tienda de ultramarinos de Josep Buscató.

DETRÁS DE LAS PAREDES

'Paisatges interiors. Les cases de la Dreta de l'Eixample' se exhibió en el 2012 con el fin de descubrir las viviendas desde la perspectiva de sus interiores, con imágenes que trasladaban al visitante a la vida de sus habitantes en la cotidianidad de otras épocas.

En el catálogo de esta muestra se explica que, a finales del siglo XIX, la vivienda se transformó en el símbolo de la posición de la familia propietaria. En la Dreta de l'Eixample se instalaron palacetes urbanos y también numerosas casas de vecinos que ofrecían al propietario la perspectiva de recuperar parte de la cuantiosa inversión con el cobro de alquileres, como fue el caso de la Pedrera. "Cuando los propietarios residían en el mismo edificio, se reservaban el piso que quedaba más cerca de la planta baja, normalmente ocupada por comercios, el llamado piso principal.

En las casas de vecinos, que normalmente se conocían por los nombres de sus propietarios, se buscaba también una singularització, con articulaciones innovadoras a las fachadas y también dentro del mismo edificio", recuerda Esteve. En esta muestra destacaron las imagenes de Antoni Amatller y su hija Teresa comiendo solos en el majestuoso comedor de su principal en la Casa Amatller del paseo de Gràcia, y de la consulta del doctor Bartrina en un edificio desaparecido de la calle de Consell de Cent.

VECINOS Y VECINAS

El retrato de estudio, sobre todo, a finales del siglo XIX y a principios del XX, centró la tercera muestra. "Esta exposición fue posible gracias a que los vecinos quisieron compartir sus álbumnes familiares más antiguos", reconoce Míriam Alcaraz, directora de la Casa Elizalde, que recuerda que el retrato ha sido, desde la invención definitiva de la fotografía en 1839, uno de los grandes géneros fotográficos y una de sus principales razones de ser.

"La burguesía tuvo acceso a la práctica del retrato fotográfico. En un primer momento desplazándose hasta los estudios profesionales del centro de la ciudad y, más adelante, adquiriendo las cámaras 'amateurs' de importación que empezaron a llegar a Barcelona hacia 1890. Este hecho convierte la Dreta de l'Eixample en uno de los barrios barceloneses con más tradición retratística de la capital catalana, un hecho que se iría extendiendo en el siglo XX a toda la ciudad", informa la directora del centro, que cuenta con la cesión de los archivos de las familias Cánovas i Rigalt, de Buscató, de Arturo Sedó Guixar, del notario Roca-Sastre, que aún viven en la Pedrera, de Barraquer, y de los Porta, propietarios de la librería Jaimes. En esta colección aparecen curiosas fotografias de bodas. Muchas de ellas en el coche, ya que era una costumbre retratar al padre y a la novia antes de partir camino de la iglesia.

FIESTAS EN LA CALLE

'A festes em convides' (2015) estuvo dedicada a los acontecimientos multitudinarios como grandes concentraciones civiles, fiestas, procesiones religiosas y protestas populares masivas han ido construyendo una identidad propia a pie de calle. Los desfiles y rúas de carnaval son especialmente significativos desde el último tercio del siglo XIX, y están vinculados a la expansión urbanística y al ideal modernitzador burgués que supuso la construcción del Eixample. "La joya de esta muestra fueron las fotografías de la primera fiesta de la Mercè, que se celebró en 1902, que entonces se apoderaba de grandes avenidas como los paseos de Sant Joan y de Gràcia. Esta primera fiesta incorporó tradiciones procedentes de toda Catalunya. Fue un peculiar pupurri, un poco artificial, que respondía a la voluntad política del momento", relata Alcaraz, que a modo de anécdota recuerda que algunos gigantes procedentes del Empordà se rompieron en su viaje en tren.



Algunas celebraciones en movimiento todavía perduran. Otros, como las célebres Batallas de flores, han acabado para desaparecer. Pero todas ellas tienen en común el hecho que formaron parte de un nuevo corpus festivo, civil y masivo. La fiesta ha sido una vía para construir, delimitar y fortalecer el cuerpo social de la ciudad moderna. Y un espejo a través del cual se ha querido reflejar una determinada idea de ciudad, una imagen urbana coherente y cohesionada, no siempre en correspondencia con la realidad social y económica de los habitantes.

"La génesis de las celebraciones festivas multitudinarias va unida a las transformaciones urbanísticas, pero también a la promoción del turismo a la ciudad, al poder creciente del comercio y de la industria, y a otros fenómenos propios del advenimiento de la cultura de masas, como los medios y la fotografía", apunta Esteve.

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