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Actividad económica en auge en BCN

Las comunidades de vecinos se blindan contra los pisos turísticos

Los administradores de fincas gestionan una ola de peticiones para vetar ese negocio en el edificio

La modificación requiere tan solo el voto a favor de cuatro quintas partes de los propietarios

Turistas con maletas rumbo a su alojamiento.

Turistas con maletas rumbo a su alojamiento. / JOAN CORTADELLAS

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CARLES COLS / Barcelona

La apertura de apartamentos turísticos en Ciutat Vella se detuvo por orden del ayuntamiento cuando ya eran 617 los que tenían toda la documentación en regla. Es cierto que los hay aún que vuelan por debajo de los radares de detección, al margen de la ley, pero lo importante es que aquel numerus clausus conllevó que la mancha de aceite se extendiera al Eixample (3.304 ya, según el último censo) y también por Sants, Gràcia y Sant Martí (unos 800, en cada caso). La progresiva conquista de nuevas tierras por parte de este negocio es pública y conocida. Lo es menos, en cambio, que cada vez son más las comunidades de vecinos de Barcelona que han modificado los estatutos de la finca para vetar la apertura de apartamentos turísticos. Basta el acuerdo de cuatro quintas partes de los propietarios de una comunidad para inmunizar una escalera contra esta epidemia. Así de fácil.

La segunda enmienda de los Estados Unidos es conocida en España gracias al cine. Reconoce el derecho de los ciudadanos a defenderse con sus propias armas, a no esperar la intercesión del poder público. Algo así sucede de un tiempo a esta parte, reconoce el Colegio Oficial de Administradores de Fincas de Barcelona y Lleida. «Primero, en el año 2013, eran los presidentes de algunas comunidades los que nos pedían alguna solución para evitar la apertura de un piso turístico en la escalera. Ahora ya somos los administradores los que informamos a nuestros clientes de esta posibilidad, lo pregunten o no», explica Lluís Bou, vicepresidente del colegio oficial.

Recelos

Bou intuye que no es un súbito brote de aprensión al turista lo que está ocasionando un goteo incesante de modificaciones de estatutos de la comunidad. Lo que no gusta, sostiene, es el tránsito de desconocidos por la escalera, que haya copias de llaves de la puerta principal sin control y, también, la mala prensa que se han ganado parte de los apartamentos turísticos. No todos son fuente de conflicto. Pero los hay que dan guerra. Valentí Cura, administrador de fincas que lleva ya un rosario de nuevos estatutos gestionados, recuerda que hay fincas con más de uno. A veces son varios, repartidos entre varias plantas. A la hora de la verdad, es como tener un hotel en la finca, de modo que la mitad de vecinos se levantan por la mañana para ir a trabajar mientras el resto están de vacaciones, y eso a veces se sufre por la noches.

Abrir un apartamento turístico fuera de Ciutat Vella es realmente muy fácil, obviamente si se dispone de lo fundamental, un piso. Por 227,48 euros puede obtenerse una licencia. No es extraño así que en Barcelona haya ya más apartamentos turísticos (7.076, en el último recuento) que santos en el santoral católico (5.120), que se dice pronto. Es decir, cualquiera puede hacerlo, pero no es cualquiera quien lo está haciendo. Los administradores de fincas consultados avisan de que Barcelona indudablemente es una chincheta en el mapa internacional de algunos inversores que disponen de buenas sumas de dinero de, tal vez, dudosa procedencia. «Hay empresas rusas que andan a la busca de pisos a la venta en zona turísticas», explica uno de los administradores consultados. De ahí que en muchas ocasiones la chispa inicial que despierta el interés de un grupo de vecinos sea algo tan simple como que de repente aparezca colgado en un balcón el cartel de se vende. Ana Margalef, propietaria de un piso en el número 364 de la calle de València, explica que ese fue el caso en su finca. «No quieres renunciar a la tranquilidad que te da que todos los vecinos se conozcan entre ellos. Es cierto que te preguntas si no te estás cerrando puertas cara al futuro, que tal vez tengas necesidad algún día de reconvertir tu propio piso en un apartamento turístico, pero al final, en nuestro caso, se impuso pensar en el hoy y no en el mañana», recuerda Margalef.

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Poco a poco, en resumen, la lista de fincas que ya han modificado los estatutos crece. Sucede en el eje central del Eixample, en los alrededores de la Sagrada Família y en las cercanías del parque Güell con una especial intensidad, pero, paradójicamente, el barrio donde más trámites se han completado recientemente es la Barceloneta, a pesar de que está dentro de zona en la que el ayuntamiento ha vetado nuevas aperturas. Será que no se fían.

Comprobación

La consecuencia final del proceso no deja de ser curiosa. Los estatutos, una vez reformulados, se trasladan al registro de la propiedad, de modo que los inversores en este sector, el de las pernoctaciones en apartamentos de la ciudad, tienen que pasar obligatoriamente por ahí para saber caso por caso si la compra que tienen en agenda es factible o no. En Ciutat Vella fue el Ayuntamiento de Barcelona el que fijó el techo máximo de apartamentos turísticos disponibles. En el resto de la ciudad lo están determinando los propios barceloneses. También se puede realizar la lectura inversa. El comprador que busque un piso tranquilo para vivir puede explorar expresamente si esa finca está o no blindada contra el turismo.