Quedaban dos minutos para acabar el partido y Lenglet cometió uno de esos errores, uno de tantos que lleva ya este curso, que acaban costando una Liga. No había ni tirado a puerta el Cádiz. Pero tampoco necesitaba más. Otro fallo del central francés, que condenó al Barça a ver como no había aprovechado su dominio durante todo el encuentro. Ni ponerse por delante en el marcador gracias a otro penalti, marcado entonces por Messi, le sirvió de nada porque no aprende de sus errores el equipo de Koeman. Estéril y caritativo estuvo de nuevo el Barça. Incapaz de rebelarse ni tampoco cuando el Atlético emite señales de evidente flaqueza.

La crónica del Barça-Cádiz: El Barça se destroza a sí mismo (leer noticia)