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Mi primera vigilia vegana. Sí, existe tal cosa. En España, desde hace solo un año. En otras latitudes, desde hace 10. La idea nació en Toronto. La primera vez que se participa en una de ellas, la sorpresa es incluso mayor a la que se experimenta la primera vez que se oye hablar de ellas. Puede que ustedes, que leen estas dos palabras juntas por primera vez, vigilia vegana, se sientan ahora así, sorprendidos. Más lo estarían si hubieran presenciado una de ellas. La cosa consiste en que un grupo de veganos militantes, o sea, aquellos que hasta sustituyen el huevo de la tortilla de patatas por harina de garbanzo, se reúnen a las puertas de un matadero para acompañar a corderos, cerdos, vacas y gallinas en esos últimos instantes de sus respectivas vidas, minutos antes de ser desollados. Los acarician, les susurran palabras amables al oído, les dan de beber a morro en botellas de plástico… Puede que sea la primera vez en sus vidas que conocen el lado amable de los humanos. La despedida a veces desata una catarsis. Tras decir adiós a un rebaño de corderos, dos chicas se abrazan y lloran desconsoladas durante varios minutos. Por aquí, a esto se le llama vigilia vegana, o vigilia de tal o cual especie de ganado, pero en el mundo anglosajón, donde nació esta variedad de activismo, no se andan con melindres. Slaughterhouse vigil. Las vigilias del matadero, les llaman.

Vigilias veganas o por qué los mataderos no tienen ventanas (leer noticia)