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Tomando como impulso y punto de partida el testimonio del exdirector de El Mundo, David Jiménez, que desvela en su libro El Director, y en posteriores entrevistas, las corruptelas que se dan en nuestro oficio, Risto Mejide ha tomado carrerilla y acaba de presentar una edición especial de Todo es mentira (Cuatro). La ha titulado Las cloacas del periodismo. Nos decía Risto: «¡Vamos a dar nombres de periodistas muy conocidos! ¡Vamos a destapar corruptelas, sobornos, chantajes, sobresueldos..!». Hombre, ha sido un trabajo valeroso, necesario para la regeneración del periodismo, caso de que esto sea posible. La parte menos interesante ha sido la de los viajes, los regalitos, el jamoncito, que algunas empresas o estamentos obsequian al profesional de la información para tenerlo a su servicio y para que silencie la verdad y solo cuente maravillas. Este es el tramo más macarrónico y pueril de la corrupción, a mi juicio. Cuando yo empecé en este oficio, a finales de los 60, la cosa todavía era más cutre. «Excelencia, han llegado los periodistas». Y Su Excelencia contestaba: «Pues que pasen y que coman». Y nos poníamos ciegos a canapés. ¡Ah! Aquello era muy cutre, sí, pero luego vino el silencio de aquel "això no toca", el mirar hacia otro lado, el oasis catalán, los otros oasis, los de la transacción mal llamada Transición, y desde entonces hemos progresado mucho.

El falso periodismo (leer noticia)