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Ha causado furor la estampa que se ha visto esta semana en la ratomaquia GH VIP (Tele 5) cuando la concursante Alba Carrillo, absolutamente desconsolada, se ha encerrado en el váter. Resulta que en este íntimo lugar también hay cámaras. Y allí vimos todos a Alba, gimiendo y sollozando compungida, junto al agujero del retrete con la tapa levantada. Un poco más y nos la enseñan también evacuando. O sea que se pasa este programa por el forro el artículo 18 de la Constitución que consagra el derecho a la intimidad personal. ¡Ah! Es como si nos dieran una patada y nos hicieran retroceder 2.000 años, cuando en los barrios más pobres de la Roma imperial, en las zonas más míseras y residuales aledañas al Vicus Tuscus y al Velabro, la plebe defecaba en batería, en cuclillas sobre letrinas al aire libre, o sobre zanjas, a la vista de todo el que pasaba.

Ni en el váter están a salvo (leer noticia)