La apuesta por el clásico envase de agua retornable.

MANU MITRU

Hacía 40 años que apenas se veían garrafas de agua de vidrio en Barcelona y la mayoría de las que quedaban habían sido despojadas de su función original como contenedores de líquido para convertirse en floreros. Pero la nostalgia también puede ser una gran aliada del medioambiente. Coincidiendo con la sensibilización por la emergencia climática, las ventas del icónico envase retornable de ocho litros se han disparado.