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La ópera prima de Cory Finley se sitúa entre la comedia negra y el 'thriller' perverso para hablar de dos chicas suburbanas de clase alta que deciden usar la malsana conexión existente entre ambas para hacer correr la sangre. La película avanza con claridad y precisión extremas, revelándose como algo parecido a una versión millennial de 'Perdición' (1944) o 'La soga' (1948) y reflexionando en el proceso sobre el sentido de impunidad moral que el privilegio económico proporciona. El resultado es una obra oscura e inquietante –que buena parte de la violencia suceda fuera de campo no hace sino aumentar su impacto— aunque, sobre todo, salvajemente divertida.

'Purasangre': El encanto de la depravación (leer noticia)