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Sirviéndose de una premisa derivada del léxico del cine de zombis –padres de un apacible suburbio caen bajo un hechizo que los convierte en parricidas—, el director Brian Taylor recurre en su primera película en solitario a la misma mezcla de violencia y 'slapstick' que ya convirtió sus películas como parte del dúo Neveldine-Taylor en versiones de acción real de los 'cartoons' de Chuck Jones. Cierto que el macabro chiste inicial va perdiendo eficacia a medida que avanza el relato pero para mantener la hilaridad la película tiene a Nicolas Cage, que aquí ofrece su interpretación más sabrosamente disparatada en años.

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