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A estas alturas del año, cualquier texto que lleve por título 'apropiación indebida' parece que vaya a hablar de Rosalía y el flamenco. A menudo utilizamos la expresión cuando nos sentimos amenazados -a menudo el éxito de la persona que supuestamente nos amenaza es mayor al nuestro-. En el arte me atrevería a decir que no existe la apropiación indebida, precisamente porque la creación está sujeta a tantas condicionantes que es imposible controlarlas todas. Carmen Martín Gaite, en 'El cuento de nunca empezar', le daba vueltas al plagio, y se daba cuenta de que no era una cuestión tan sencilla, puesto que a ella, en un momento dado, la podrían haber acusado de haber plagiado —y con gusto, reconocía— a Natalia Ginzburg. Fue leyendo aquel texto como descubrí a la que ahora es una de mis autoras de referencia. Y sin pudor puedo decir que me he apropiado indebidamente de ambas.

Apropiación indebida (leer noticia)