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Como esa última copa que uno acepta por las razones equivocadas y que acaba pasando una factura que el cuerpo no está en condiciones de pagar. Así de mal le sentó al FC Barcelona la final del Benito Villamarín, una fiesta a la que el equipo azulgrana, con la moral aún por los suelos tras la eliminación europea, acudió casi sin ganas, por puro compromiso. Pese a sufrir un cúmulo de adversidades a lo largo de la velada, el amor propio sostuvo al Barça en pie casi hasta el final, pero no pudo evitar que acabara con la pechera manchada, agarrando la taza del váter con las dos manos y anticipando la resaca del día siguiente. Ganó el Valencia 2-1. Un desastre de noche, vaya.

El rey de Copas abdica en otra noche amarga (leer noticia)