05 jul 2020

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Muchos fenómenos sociales de los últimos años en Barcelona pueden explicarse a través del confinamiento y sus efectos colaterales. Con la entrada de la ciudad en la fase 1, el primer paso hacia esa supuesta nueva normalidad, la vida transita un poco más de los hogares a las calles. Pero se da la circunstancia, y ahí el experimento, de que la calle de Sants, por ejemplo, donde los comercios aún tienen nombres de persona (Montse, Baltà, Soriano, Marcos…) presenta un aspecto mucho más humano que el otrora bullicioso paseo de Gràcia, donde da gusto sentarse frente a las casas Milà y Batlló sin terminar en cuentas de Instagram de medio planeta. Tampoco tiene nada que ver la desierta Barceloneta con el nervio de Major de Sarrià o la Rambla del Poblenou. Todo eso de la gentrificación, comercial y habitacional, pero ahora al revés. La Barcelona de los barceloneses.

Barcelona entra en fase 1 como la única ciudad confinada de España (leer noticia)