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TÚ Y YO SOMOS TRES

Buenafuente, su mamá, y Gemma

Ferran Monegal

Almuerzo en casa de Teresa Moreno (TV-3).

Este programa que TV-3 le ha puesto a Gemma Nierga (Els meus pares) es muy tierno. Está hecho para que la audiencia que lo vea quede impregnada de un dulzor muy hermoso. Han seleccionado a algunas estrellas, personajes de relevancia mediática en la particular cosmogonía de TV-3, y nos plantean una aproximación a ellos a través de sus progenitores. ¡Ah! Gemma les practica un recorrido hacía ellos mismos, y lo hace con gran delicadeza. Este ejercicio hacia el interior de las familias, juntándolas frente a frente, si se hiciera con la técnica del psicodrama podría derivar en situaciones tremendas. No es eso lo que pretende Gemma. Su técnica es como aquel suave murmullo de tu suspirar, en la versión que hizo Pasión Vega, que es muy sentimental y cariñosa.

Esta semana Gemma ha estado con Teresa Moreno y con su hijo Andreu Buenafuente. Estamos de acuerdo; Buenafuente, aunque ahora no salga fisicamente en TV-3, nunca ha abandonado esta cadena. Actualmente es el productor y máximo responsable de Preguntes freqüents, probablemente el mejor laboratorio de fusión entre política y religión. De este encuentro con Gemma han brotado algunas perlas. Andreu, por ejemplo, a los tres años:«Girava els ulls. Uno miraba a Tarragona y el otro a Lleida». Fue operado inmediatamente y se solucionó el problema. Pero es posible que esta esta experiencia, esta facultad de poder acomodar la mirada en direcciones opuestas, de mayor le haya servido enormemente. Otro momento resaltable es cuando Andreu habló de su padre. Es muy desconocida del gran público la personalidad de Joan Buenafuente. Por lo poco que contó su hijo, debió ser un hombre interesantísimo y a la vez sorprendente. La última noche de su vida, cuando le llevaban en camilla hacia el quirófano, lo último que les dijo a la familia fue: «Puc explicar un acudit?». ¡Ahh! Un hombre singular. Entendió perfectamente a su hijo cuando, ya de pequeñito, le dijo ‘papá, no quiero estudiar’, mientras su madre resignada, añadió: «Mi hijo era un niño muy inteligente, pero para estudiar, un dropo». ¡Ah! Hay que reivindicar el uso de la palabra dropo, tan extraordinariamente descriptiva, tan escueta, tan directa y contundente.

Teresa Moreno concluyó el programa cocinando una bullabesa. Tuvo el acierto, y el valor, de añadir a la cazuela unos gloriosos carabineros.