tú y yo somos tres

«¡Los pelos de punta!»

Tú y yo somos tres.Por Ferran Monegal.

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Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

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Ha inauguradoIker Jiménez, en la madrugada de ayer, su octava temporada deCuarto milenio (Cuatro), y para deleitarnos dijo que entraría a fondo en las horrorosas andanzas de Drácula. Hombre, por un momento pensamos en casa que nos hablaría deAngela Merkel, que es ladraculinade la Europa comunitaria, todo el día mordiendo en la yugular de los países mediterráneos para que nos quedemos sin sangre. PeroIkerse refería al Drácula histórico, al condeVlat Draculea, y se recreó sacando imágenes de pobres desgraciados a los que torturaba y mandaba empalar. Aunque eran simulaciones escénicas, consiguió acollonarnos, que es una de las cosas que más le gustan aIkery que caracterizan su programa: dejarnos a todos absolutamente horrorizados.

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Tanto es así que en el fragor de las truculentas explicaciones y, sobre todo, cuando habló del tremendo síndrome que sufría el escritor irlandésBram Stoker, que de tanto escribir sobre vampiros murió creyendo que iban a por él,Ikerexclamó sobresaltado:«¡Se me acaban de poner los pelos de punta!»O sea, que de tanto asustarnos acabó aterrorizándose él. Y a lo mejor, durante los anuncios, le tuvieron que suministrar una infusión de tila y agua del carmen, combinadas, para sosegarlo y que pudiera concluir el programa. ¡Ah! Un día ocurrirá una desgracia.

OTRAS EXPRESIONES.-El vídeo sexual de la señoraHormigos, concejala de Los Yébenes, ha generado gran excitación enEl gran debate(T-5). En efecto, es un tema que permite un gran desbarre. Los tertulianos deJordi Gonzálezcomenzaron a abordar el asunto seriamente y acabaron inmersos en un cachondeo colosal. Se distinguió la punzante escritoraLucía Etxebarria, que en un momento dado, saliendo en apoyo de la concejala, exclamó dirigiéndose al respetable público allí congregado:«¡A ver, que levante la mano el que no se haya masturbado nunca!»La única mano que vimos levantar fue la de la periodistaCuca García de Vinuesa, que estaba francamente horrorizada. Entonces tercióAlfonso Rojoadvirtiendo:«El caso de esta concejala me recuerda el de aquel joven que fue detenido por mearse en la piscina. Alegó en su descargo que todo el mundo se meaba. Le contestaron: 'Sí, ¡pero no desde el trampolín!'», y todos se desternillaron. En efecto, lo iridiscente de este íntimoaffairesexual es el grado de exhibicionismo que le ha acompañado.