Desaparecida entre 2004 y 2013

El crimen sin justicia de Ana Martos, asesinada y enterrada dentro de un bidón

  • La tarotista Norma Beatriz, con su muerte en Argentina, ha burlado por enésima vez a los tribunales españoles que han sido incapaces de lograr que pagara por la muerte de la enfermera de Sant Feliu de Llobregat

Ana Martos. Imagen cedida por la familia

Ana Martos. Imagen cedida por la familia

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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Norma Beatriz, una tarotista que echaba las cartas a los turistas en La Rambla de Barcelona, se cruzó en la vida de Ana María Martos en 2003. Como la mayoría de heridos que se agarran a las pitonisas, Ana no estaba en un buen momento. Y, también como a ellos, Norma le sacó a Ana hasta el último céntimo. Pero a diferencia de la suerte que espera a las víctimas incontables que han confiado en vendedores de elixires, Ana terminó dentro de un bidón hormigonado, enterrado en una finca de Lloret de Mar. Un crimen del que Norma, además, se ha librado.

"En los últimos seis meses de vida, Ana, una enfermera de 32 años de Sant Feliu de Llobregat, vendió la casa, el coche, solicitó un préstamo bancario y pidió dinero prestado a su exmarido, del que se había separado hacía poco", explica José Jacinto, comisario superior de la Policía Nacional, investigador de este homicidio, repasando las notas que ha recuperado para atender a EL PERIÓDICO.

La desaparición

A principios de 2004, Ana desapareció. Su familia tardó varios días en denunciar los hechos. La mujer había mostrado interés en marcharse para buscar un futuro mejor. Una pista falsa que llevó a los agentes de Sant Feliu de Llobregat a creer que se trataba de una partida voluntaria. El despliegue de los Mossos d’Esquadra, que implicó que la Policía Nacional se replegara con casos como el de Ana pendientes de resolver, tampoco ayudó a que nadie se tomara en serio la tarea de buscarla en los siguientes nueve años. Hasta 2013.

Inter-SOS, la asociación de familiares de personas desaparecidas sin causa aparente en la que habían buscado consuelo la familia de Ana, recibió una llamada anónima de una persona argentina que aseguró que la enfermera no había desaparecido voluntariamente. Alguien la había estafado, arruinado y asesinado, dijo.

La Policía Nacional rebuscó en el pasado de Ana, tras esa llamada, y comprobó que entre 2004 y 2013 no había renovado su DNI ni constaba tampoco que hubiera sido identificada en ningún control fronterizo. Observando los últimos movimientos bancarios, que se detenían todos en 2004, además, se había quedado sin dinero aquel año. Y averiguaron que el compañero de piso de la última casa en la que constaba que había vivido seguía molesto porque Ana se había mudado de allí llevándose muebles que no eran suyos.

"Seguimos el rastro de la empresa de mudanzas que hizo aquel traslado y dimos con el domicilio de Norma Beatriz en el que había acabado Ana", explica el comisario. Una pista que les permitió descubrir la 'amistad' postrera que había mantenido con la tarotista. Norma, en 2013, ya había regresado hacía años a su Argentina natal. Pero tirar de ese hilo permitió ahondar en el entorno de la pitonisa, y ello condujo hasta el anciano José María, un hombre al que Norma, como había hecho con Ana, también había desplumado y que seguía en Catalunya. Era un constructor jubilado.

El teléfono en Inter-SOS sonó por segunda vez poco después de que la Policía Nacional pusiera la lupa sobre José María. La misma voz, con acento argentino, fue más explícita en esa ocasión: Ana había sido asesinada y enterrada en una obra. José María era constructor, tenía maquinara para excavar y poseía una finca en Lloret de Mar, un terreno que, además, había dividido para regalar una parte a Norma. El cerco policial se estrechó sobre José María.

"Sí que habéis tardado"

José María confesó. Una de las cosas que recuerda el comisario, casi una década después, es que el constructor les hizo saber que habían tardado demasiado en venir a buscarlo, que estaba seguro que acudirían antes a preguntarle por Norma. Según su versión de los hechos, a principios de 2004, Norma, que a él lo había desangrado económicamente haciéndole creer que espantaría sus males, le pidió una noche que la recogiera a ella y a Ana en una estación de tren. José María obedeció y, a la hora acordada, Norma se presentó con una Ana adormecida, quizá bajo la influencia de alguna substancia estupefaciente. El plan era acudir a un hotel pero, dado el estado de Ana, se dirigieron a la finca de José María en Lloret de Mar.

José María entró en el garaje y dejó a las dos mujeres en el vehículo para ir a recoger algo. Al volver, encontró a Ana sin vida, tendida sobre un charco de sangre. Norma, según el constructor, se marchó y le prometió que regresaría para deshacerse del cuerpo. José María, que dejó pasar varios días, acabó tomando la decisión de meter el cuerpo de Ana en un bidón, en el que colocó también sus enseres personales, cubrirlo de hormigón y enterrarlo, gracias a una excavadora, en un rincón del terreno de la misma finca. Aquella era la versión de José María.

El desentierro

La Policía Nacional obtuvo una orden judicial que le dio 24 horas para encontrar el bidón. Trajeron una retroexcavadora y los mismos georradares con los que se buscó a los hijos del asesino José Bretón. Cuando faltaban minutos para la medianoche, explica el comisario, el brazo metálico dio con el bidón. Nueve años más tarde, la verdad sobre lo acontecido con Ana, fue desenterrada.

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Norma fue arrestada en Argentina y extraditada en 2015. Ingresó en prisión preventivamente en España pero, antes de que se celebrara el juicio contra ella y contra José María, la mujer salió en libertad provisional y huyó a Argentina. El pasado mes de septiembre falleció de muerte natural.

"Si la justicia hubiera sido ágil, habría sido juzgada", lamenta Montserrat Torruella, presidenta de Inter-SOS, que denuncia el abandono sufrido por la familia de Ana. "Lo mínimo que se espera de una sociedad es que sea capaz de asegurarse de que un delito así no quede impune", razona. "Lo han pasado muy mal durante mucho tiempo, tanto que el dolor incluso ha afectado a su salud".