Corrupción policial en Santa Coloma de Farners

Así pillaron los Mossos a los tres agentes acusados de traficar con marihuana

  • Los policías investigados se llevaron cinco bolsas de marihuana que unos compañeros de Trànsit habían hallado esa mañana en una furgoneta

  • Afers Interns ultima un informe económico en el que consta un pago en metálico del cabo Salva para construirse una piscina de 40.000 euros

Uno de los mossos sospechosos camino del juzgado.

Uno de los mossos sospechosos camino del juzgado. / Acn

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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Una videocámara de seguridad instalada en el patio de la comisaría de Santa Coloma de Farners grabó el 2 de septiembre de 2020 como el cabo Salva se llevó cinco bolsas de marihuana del almacén en el que se deposita la droga intervenida a traficantes. Fue la prueba definitiva que precipitó la detención por parte de la Divisió d’Afers Interns (DAI) de Salva, Óscar y Kiko, tres agentes de los Mossos d'Esquadra cuya misión era combatir el boom de marihuana que también afecta a la comarca de la Selva bajo su jurisdicción pero que serán juzgados por hacer, presuntamente, todo lo contrario: traficar con el cannabis que sus compañeros lograban sacar a los narcos.

Las cinco bolsas de marihuana que cogió el cabo Salva bajo la óptica de la videocámara eran parte de un alijo de 160 kilogramos que, horas antes, una patrulla de Trànsit había descubierto en el interior de una furgoneta. El cargamento había sido trasladado a la comisaría de Santa Coloma y allí el propio cabo Salva, junto a otros agentes de su unidad como Óscar, lo habían pesado e introducido en bolsas policiales de color azul para precintarlo y guardarlo en el remolque de un camión que hace las veces de almacén. Es decir, habían cumplido con su deber como responsables de la Unitat d'Investigació. Sin embargo, la videocámara recogió instantes después otra cosa: el cabo Salva y Óscar regresaron al patio, abrieron las compuertas del remolque, sacaron cinco de esas bolsas precintadas, las cargaron en el coche particular y se marcharon.

Agentes de la DAI, que llevaban medio año con la lupa sobre estos tres mossos, siguieron aquella mañana el coche de Óscar con las cinco bolsas a bordo. Eso los condujo hasta el domicilio de Kiko, allí Salva y Óscar presuntamente descargaron las bolsas. Los policías de la DAI vieron minutos después a Kiko salir de casa para comprar una caja de plástico en un supermercado. A continuación, Kiko se reunió con Pitu, un traficante local situado en el epicentro de esta trama de corrupción policial. Y, por último, Kiko se dirigió al vertedero municipal para deshacerse en el sector de los plásticos de una de las bolsas policiales de color azul que Salva había cogido de la comisaría. La DAI recuperó esa bolsa y en su interior descubrió las otras cuatro bolsas, arrugadas. Estaban vacías pero mantenían las etiquetas con las que el grupo de Salva había precintado la droga que habían hallado los agentes de Trànsit. La fiscalía y el juez de Santa Coloma de Farners acordaron entonces el arresto de Salva, Óscar y Kiko. También el del traficante Pitu.

En el registro del domicilio de Pitu, apareció la caja de plástico que había comprado Kiko. En la residencia de Kiko, la DAI halló un juego de llaves de una propiedad de Pitu en la que este ocultaba una plantación 'indoor' de cannabis. La DAI sospecha que Kiko iba a cuidar de dicha plantación cuando Pitu se encontraba de viaje. 

El origen de las pesquisas

La DAI supo de la existencia de este entramado de policías presuntamente corruptos gracias a otro traficante, Trichín, que al salir de la cárcel, en enero de 2020, delató al grupo de Salva. Trichín explicó que había 'trabajado' con Salva tiempo atrás. Además, conservaba un teléfono en el que aparecían conversaciones de Whatsapp con Salva que corroboraban el vínculo entre ambos. La DAI puso la información en conocimiento de la Fiscalía de Girona, que, a su vez, contactó con un juzgado de instrucción de Santa Coloma de Farners para comenzar unas pesquisas complejas. Se trataba de policías muy conocidos en el municipio que además sabían por su trabajo cómo la justicia persigue a los traficantes y evitaban ser muy explícitos al hablar por teléfono. Por eso resultó útil instalar micrófonos en sus vehículos: se mostraban menos cautos en la intimidad del interior de los coches.

Con el paso de los meses, la DAI comenzó a acumular indicios en las conversaciones que mantenían los cuatro. El 31 de julio de 2020 consiguieron algunos importantes. En una operación antidroga, el grupo de Salva halló una caja con 3,5 kilogramos de cogollos. Esa mercancía, presuntamente, se la entregaron al traficante Pitu. Y existe una grabación de audio en la que Pitu detalla cuánto dinero se van a llevar Salva, Óscar y Quico, respectivamente por la reventa de este alijo. Es un audio elocuente que hizo que la DAI se planteara dar por concluidas las pesquisas y proceder a la desarticulación del grupo. Sin embargo, la fiscalía y el juez acordaron dilatarlas un poco más y confiar en que encontrarían indicios todavía más sólidos. Semanas después, obtuvieron la grabación del cabo Salva cogiendo marihuana de la comisaría. 

Informes económicos

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La instrucción de esta trama por los delitos de pertenencia a grupo criminal, tráfico de drogas y revelación de secretos está cerca de cerrarse. Faltan algunas diligencias, como citar a declarar a la mujer del traficante Pitu, o que la DAI concluya un informe económico sobre el dinero negro que los policías amasaron presuntamente a partir de sus movimientos bancarios y rastros de facturas abonadas en efectivo. Consta, por ejemplo, que Salva pagó en metálico la construcción de una piscina en su domicilio cuyo presupuesto ascendió a 40.000 euros

Salva, Óscar, Quico y Pitu, que entraron en la cárcel preventivamente tras su arresto, actualmente se encuentran en libertad provisional. No han confesado. Tampoco han aclarado por qué cogieron las bolsas de marihuana aquel 2 de septiembre de 2020.