El drama de los matrimonios forzados

Obligada a casarse a los 14 años: "Se creen con el derecho a poseerte"

Matrimonios forzados en Catalunya: "¿Quién se atreve a denunciar a sus padres?"

Una niña acude a los Mossos porque sus padres quieren casarla por la fuerza en el extranjero

Aya Sima (derecha), junto a la técnica y la directora de 'Valentes i Acompanyades', Esther Sánchez y Belén Santos.

Aya Sima (derecha), junto a la técnica y la directora de 'Valentes i Acompanyades', Esther Sánchez y Belén Santos. / Aniol Resclosa

Meritxell Comas

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La gerundense de origen gambiano Aya Sima (34 años) tuvo que plantarse para sortear un matrimonio forzado con un primo que, además de doblarle la edad, nunca había visto. Un verano, cuando tenía 14 años, su padre le anunció su destino, que más que un hito, tenía forma de condena: "Me quedé en shock. Desde pequeños, entre la comunidad, se bromea y alguien te dice 'tú eres mi mujer', pero ni mucho menos pensaba que esto pudiera llegar a ocurrir", explica.

Aya Sima, vecina de Girona, es una de las protagonistas del documental 'No, no quiero', que busca visibilizar la problemática de los matrimonios forzados

Pese a la insistencia de su padre, que argumentaba que "ya tenía una edad" y que "los padres sabemos qué es lo mejor para nuestros hijos y nunca haríamos nada que les hiciera daño", ella se mantenía firme. "Le decía que no tenía ningún interés en él y que nunca me casaría, pero al cabo de dos semanas el compromiso ya estaba hecho, pero para mí ese acuerdo no tenía ninguna validez", señala.

"Era surrealista porque sentía que mi voz no contaba"

La rabia y la impotencia no tardaron en aflorar: "Era surrealista porque sentía que mi voz no contaba", asegura, y recuerda que "mientras la única preocupación de mis compañeros de clase era qué ropa se pondrían al día siguiente, yo debía enfrentarme a un matrimonio forzado por mi familia", lamenta.

"Lo más duro e indigno es que los hombres saben que la chica, o la niña, no quiere casarse con ellos"

Sin embargo, su suerte fue que el primo vivía en Estados Unidos. "Eso me salvó", asegura. De vez en cuando la llamaba, pero ella se mantenía distante: "Le hablaba cordialmente, pero seca", afirma. "Lo más duro e indigno es que los hombres saben que la chica, o la niña, no quiere casarse con ellos, pero aún así se creen con el derecho de poseerte, quieras o no", asegura. Y es que las mujeres deben bajar la cabeza y acatar la decisión que la familia ha tomado por ella.

Romper con la familia

A los 16 años, con el compromiso todavía vigente, Aya Sima se enamoró de un chico "que ni era negro ni musulmán" y empezaron una relación. "Teníamos que escondernos porque a mí todo el mundo me preguntaba por mi futuro marido, estuvimos siete años juntos y mis padres nunca llegaron a conocerlo", recuerda. A los 18 años, su padre y la familia de su primo disolvieron el compromiso y ella se marchó de casa buscando independencia.

La firmeza de Aya repercutió en la relación con su familia

"Mi padre tenía la esperanza de que en algún momento cambiara de opinión, pero al final se dio cuenta de que no pensaba hacerlo, porque yo tenía que defender mis derechos", rememora. "Fue liberador", sostiene. Aquello, sin embargo, marcó un punto de inflexión en su relación: "Nos distanciamos porque para mí fue una traición, ¿cómo puede que la felicidad y la protección de tu hija, que debería ser tu prioridad como padre, quedee en segundo plano y te importe más el qué dirá la familia?". Esto, recuerda, "me hizo perder la inocencia de repente".

Sin embargo, después de haber recorrido un camino "tremendamente doloroso", admite que "también he tenido que trabajar para entender su postura, porque mis padres también se casaron en un matrimonio forzado, están tan acondicionados que lo normalizan porque los han educado así y su mentalidad es ésta, lo ven como algo positivo".

Pero el camino tuvo que hacerlo sola. "Era la única persona que había cuestionado la decisión de mi familia y había dicho que no, el resto de personas de mi entorno habían acatado la decisión y se habían acabado casando", explica. "Lo he pasado muy mal, pasar por eso en la adolescencia es muy duro, y hacerlo sin poder contar con nadie, y menos con tu familia, aún más", sostiene.

Convertirse en referente

A ella le faltaron referentes. Pero para que las chicas que ahora (y en un futuro) se encuentren en la misma situación no lo pasen solas, Aya Sima -junto a otras tres mujeres que han sido víctimas de matrimonios forzados- han participado en el documental 'No, no quiero', dirigido por Belén Santos, que se ha presentado esta semana en Girona.

"Ha sido como desnudarse ante el mundo, al principio me daba respeto pero lo he hecho para que otras mujeres vean que se puede superar, por muy difícil que parezca, porque las mujeres debemos tener siempre libertad de decisión", sentencia Aya Sima . La directora del documental ha apostado por una "cámara respetuosa" y el mínimo equipo de rodaje para que las protagonistas se sintieran cómodas.

"La punta del iceberg"

Desde la asociación de Salt Valentes i Acompanyades, coorganizadora del acto y de la que Sima es cofundadora, la secretaria de la entidad, Carme Vinyoles, asegura que "los matrimonios forzados son una manifestación muy dura de violencia machista". Desde que la entidad empezó a andar en el 2014, ya han atendido a casi 300 personas en el conjunto de Catalunya. "Solo es la punta del iceberg. La realidad es más profunda pero cuesta determinar por qué no hay denuncias", señala.

"En Catalunya es una violencia muy desconocida, la gente piensa que aquí no ocurre, pero entre nuestras vecinas, las chicas que nos cruzamos por la calle y las compañeras del instituto, hay chicas que se ven obligadas a casarse contra su voluntad", añade Vinyoles.

La entidad reclama un protocolo "urgente" a nivel de Catalunya para luchar contra los matrimonios forzados y que "los gobiernos pidan a la ONU la declaración de un día internacional para la erradicación de los matrimonios forzados".