Avances de la medicina

La historia de María y su pequeño corazón: el "milagro" de Sant Joan de Déu

Tiene 4 años, pero con apenas unos días de vida y 1.310 gramos de peso esta aragonesa se convirtió en 2019 en la bebé más pequeña del mundo a la que se le practicó una ablación cardiaca

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María, en el centro, junto a sus padres, su hermano Mateo y los doctores Josep Brugueda y Georgia Sarquella.

María, en el centro, junto a sus padres, su hermano Mateo y los doctores Josep Brugueda y Georgia Sarquella. / SERVICIO ESPECIAL

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Ana Lahoz

A la pequeña María hay quien la considera el bebé milagro. Apenas pesaba 1.310 gramos cuando tuvo que ser operada de urgencia del corazón porque sufría taquicardias constantes. Se convirtió en la niña más pequeña del mundo a la que se le realizó una ablación cardíaca. "Fueron las peores Navidades de mi vida", recuerda a este diario Raquel Sancho, madre de esta aragonesa que llegó al mundo el 23 de diciembre de 2018 en un parto provocado. 

"Fue un milagro. Nos lo pusieron muy negro, pero le salvaron la vida", dice su madre Raquel

Su caso, por la complejidad de la intervención, fue algo histórico para la medicina y la investigación, dejando constancia de otra vía de esperanza para los pacientes con problemas de corazón, cuyo Día Mundial se celebra hoy. «Nos los pusieron muy negro y los doctores fueron honestos: nunca antes se había hecho algo similar, pero había que intentarlo», relata Sancho. La cirugía se llevó a cabo en la Unidad de Arritmias del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, que por aquel entonces era el único centro de referencia en España designado por el Ministerio de Sanidad para el tratamiento de las arritmias pediátricas. 

"Sin lugar a dudas, el caso de María es uno de los que más ha marcado mi carrera profesional", asegura la cirujana Georgia Sarquella

María fue traslada allí de manera urgente tras permanecer diez días ingresada en la uci de neonatos del hospital Miguel Servet de Zaragoza, sin avances positivos. «El equipo del Servet se involucró, nos fue informando de todo, pero la medicación que le iban dando no eliminó las arritmias. El cardiólogo Lorenzo Jiménez nos dijo que la peque no aguantaba más y que había que llevarla rápido a Barcelona. Fue un shock», afirma.

300 pulsaciones

En ese momento, el mundo de Raquel y de su marido Alfonso se volvió a poner patas arriba tras el vuelco inicial que ya había supuesto saber de los problemas de corazón de María cuando ni tan siquiera había nacido. «En la semana 20, durante una revisión, vieron que el feto tenía una taquicardia incesante que hacía que su corazón latiera hasta 300 pulsaciones por minuto cuando lo habitual era 150. Aquello ya nos causó una gran preocupación», recuerda ella. 

"La espera fue horrorosa. Me agarré a una cinta de la Virgen del Pilar y 45 minutos después nos llamaron para decirnos que todo había ido bien", relata Raquel

La situación, dado el peligro, obligó a realizarle a Raquel una cesárea, de tal manera que María fue un bebé prematuro. «Me dejaban verla en la incubadora. Metía la mano y la tocaba, y allí me pasaba todo el día. Cuando nos dijeron que nos teníamos que ir a Barcelona lloramos mucho, pero mi marido y yo nos cogimos el coche sin pensar en nada más, solo en ella», afirma. 

Sarquella y el doctor Brugueda con María y su familia, hace unos años, cuando todavía era muy pequeña. /

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Llegaron de madrugada al hospital y aquel fue su primer contacto con los «ángeles» que, horas después, iban a salvar la vida a María: los cirujanos Josep Brugada y Georgia Sarquella. La pequeña tiene ahora 4 años, una vida «plenamente normal», un hermano (Mateo, de 10 años) «protector» y una cicatriz en el pecho de la que ella es muy consciente. «Sabe que estuvo muy malita porque su corazón, como ella te cuenta, iba muy rápido», comenta su madre. 

La vena por la que los cardiólogos introdujeron el catéter tenía un diámetro de menos de un milímetro y el corazón de María apenas medía dos centímetros

La dificultad que planteaba su ablación era que se trata de una técnica que requiere de una gran precisión en el caso de un bebé prematuro, porque la vena por la que los cardiólogos introdujeron el catéter tenía un diámetro de menos de un milímetro y el corazón de María apenas medía dos centímetros. «La espera fue horrorosa porque no sabíamos cuánto iba a durar la operación. Me agarré a una cinta de la Virgen del Pilar y 45 minutos después nos llamó Georgia para decirnos que había salido todo bien, que subiéramos a verla», cuenta una emocionada Raquel. 

Un riesgo muy alto

Era 4 de enero de 2019 y aquella buena noticia iba a ser el mejor regalo de Reyes en la familia Ortas-Sancho. «Corrimos por aquel pasillo como si se nos fuera la vida en ello y recuerdo ver al final de él Georgia y a Josep. Nos abrazamos y lloramos los cuatro. Fue muy emocionante», explica. «María está viva gracias a ellos. Desde ese día, siempre digo que Georgia es la segunda mamá de mi hija. Fue un milagro de ellos», asegura. 

"Raquel me dio a María y cuando la tenía en brazos me dijo que la cuidara como si fuera mía. Es algo que no se me olvida", asegura la doctora Georgia Sarquella

El caso de esta pequeña aragonesa hizo que la relación médico-paciente traspasara a una cercanía familiar por la emoción de la situación. «Fue un impacto para todos. Recuerdo verles llegar en mitad de la noche y tener que contarles que la ablación era un riesgo alto, pero había que correrlo porque no había alternativa. Habíamos hecho algo parecido, pero con un bebé de 1.500 gramos. Aquella fue una situación también para superarnos a nosotros mismos», explica a este diario la doctora Georgia Sarquella. 

«Era una cuestión de vida o muerte. Raquel me dio a María y cuando la tenía en brazo me dijo que la cuidara como si fuera mía. Es algo que no se me olvida», cuenta la cirujana, quien recalca que aquel «hito» fue posible gracias a la colaboración estrecha entre hospitales. «Esto es algo que no ocurre en todos los lados y, en este caso, el equipo del Servet, liderado por el doctor Jiménez, nos había puesto en antecedentes de todo y fue un aprendizaje para todos», apunta. 

Parte del equipo de la Unidad de Arritmias del hospital San Juan de Dios de Barcelona, junto a la familia Ortas-Sancho, en 2019. /

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La cirujana asegura que el caso de María es uno de los que más ha marcado su carrera profesional. «Sin lugar a dudas», afirma. Nadie en el equipo de la Unidad de Arritmias se olvida de la historia de esta familia zaragozana que llegó a Barcelona una fría madrugada de enero.

Tanto es así que hace unos meses, con motivo del 25 aniversario de la unidad y coincidiendo con la jubilación de Brugada, la menor volvió a ganarse el corazón de todos en el hospital. «Celebramos una jornada científica, donde recordamos algunos de los casos, y cerramos con la operación de María. Vino el doctor Jiménez de Zaragoza y dijimos que no había mejor manera de demostrar lo bien que había ido con María que con su presencia. Y entonces apareció. El doctor Brugada se echó a llorar, se abrazó a la niña de una manera muy bonita. Fue algo muy emocionante», rememora Sarquella. «Todavía me dan ganas de llorar ahora. María es especial», asegura.