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Plantaciones exteriores de marihuana: ladrones de agua en tiempos de sequía

MULTIMEDIA| Traficantes de montaña

Lampistas que trabajan para traficantes de marihuana: "Pagan lo que pidas"

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La plaga de la marihuana

Robo de agua por marihuana

Robo de agua por marihuana / El Periódico

Guillem Sánchez

Guillem Sánchez

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Los traficantes de marihuana prefieren los cultivos 'indoor' porque resultan más fáciles de esconder –en urbanizaciones y polígonos industriales– y porque, además, permiten controlar las condiciones ambientales –la luz solar es reemplazada por bombillas– y entregan hasta cuatro cosechas al año. Pero uno de cada seis viveros desmantelado por los Mossos d’Esquadra este 2022 fue exterior. Si con las primeras los narcos defraudan cada vez más energía eléctrica, con las segundas se adueñan ilegalmente de un recurso que escasea: el agua.

Las organizaciones criminales eligen cuidadosamente los lugares en los que montan las plantaciones exteriores de marihuana. Zonas de cotas altas de bosque espeso como los que abundan en las montañas de las Guilleries o el Montseny son ideales. Sobre todo, porque acostumbra a llover más que en otras regiones y porque están cerca de la frontera con Francia, la puerta a través de la cual el valor de la droga multiplica exponencialmente su valor, explica el subinspector Carles Ribas, al frente de la comisaria de Santa Coloma de Farners (La Selva) estos últimos años, una región en la que se han destruido 11 de las 72 plantaciones exteriores descubiertas por la policía autonómica en 2022.

Luz y agua

El 95% de estos cultivos 'indoor' están pinchados ilegalmente a la red general y los traficantes no pagan el elevadísimo consumo que roban. En una plantación modesta puede haber una veintena de bombillas, lo que significa que defrauda la misma cantidad de electricidad que consume un bloque entero de un distrito como el Eixample, según el jefe de inspección de la compañía Endesa. Y cuando los medios de comunicación informan de que la policía ha desmantelado una plantación con 2.000 o 3.000 plantas, se alude implícitamente a un gasto eléctrico parecido al de un barrio entero.

Ribas subraya que se habla cada vez más del perjuicio social que genera este robo de electricidad –más si cabe durante la crisis energética vinculada a la guerra de Ucrania y el consecuente encarecimiento de la factura– pero demasiado poco del daño que causa la apropiación ilegal de agua por parte de los traficantes, sobre todo para regar las plantaciones exteriores, un problema que debería inquietar más en tiempos de sequía, a juicio del subinspector.

Plantas de dos metros de altura

Las plantas de marihuana, que pueden llegar a medir más de dos metros em los cultivos exteriores, necesitan mucha agua, más de la que proporciona la lluvia. Por ese motivo, los traficantes roban miles de litros de los riachuelos que abastecen a los pantanos. Usan bombas de gasolina para conducirla a través de mangueras hasta piscinas hinchables de grandes dimensiones. Después, disuelven los fertilizantes en el interior de ese depósito y riegan por gravedad, inundando la plantación. 

No se trata de un perjuicio social comparable, en términos absolutos, al que supone el fraude eléctrico. Pero sí un fenómeno llamativamente injusto para los campesinos que han tenido que interrumpir este año su producción de frutas y verduras porque se ha interrumpido el flujo de agua debido a la sequía.