Generación precarizada

Con el bono joven del alquiler no basta para desencallar la emancipación

  • El BOE ha publicado esta semana el decreto con los requisitos para percibir la prestación de 250 euros

  • "Puede ser una ayuda, pero no es la solución. La solución sería empezar a marcar unos límites en el precio del mercado", comenta David Adromeit, de 24 años

Carla Dávalos y Míriam Arenas, jóvenes que explican su experiencia para poder emanciparse y acceder a una vivienda.

Carla Dávalos y Míriam Arenas, jóvenes que explican su experiencia para poder emanciparse y acceder a una vivienda. / LAURA GUERRERO

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Samar Elansari

Solo un 15% de los jóvenes de entre 16 y 29 años están emancipados en España. Y la mayoría de los que se han ido ya de casa de sus padres lo han hecho porque han tenido que salir a estudiar o a trabajar fuera de sus lugares de origen y viven compartiendo pisos con otros jóvenes que se encuentran en su misma situación. Esta generación atrapada por la precariedad laboral ha visto, además, cómo la pandemia del coronavirus contribuía a complicar aún más su situación económica y ello, sumado al hecho de que el precio de los alquileres se mantiene estable y la imposibilidad de poder comprar un piso por falta de liquidez para abonar una entrada, ha convertido el acceso a la vivienda en una odisea.

La ayuda o bono al alquiler joven anunciado hace unas semanas por el Gobierno no va a ser suficiente, aseguran los posibles beneficiarios, que esta semana han conocido, con la publicación en el BOE del decreto que regula esta prestación, algunos detalles sobre cómo acceder a ella. Entre otras cosas, se les exige que acrediten, en plazos semestrales, que la ayuda se está dedicando efectivamente a un alquiler y no a otros menesteres.

La cosa se complica aún más si la aspiración es vivir en ciudades grandes como Barcelona. Los pisos más económicos se encuentran fuera de la ciudad, pero esto para la mayoría es un inconveniente porque o estudian o trabajan en la capital catalana. Además el desplazamiento implica un gasto extra a final de mes.

Miriam, David, Carla y Eyla son cuatro jóvenes residentes en Barcelona con cuatro situaciones muy diferentes entre sí pero con un mismo objetivo: tener un trabajo estable que les permita el acceso a una vivienda digna y asequible; un alquiler o una hipoteca que no les haga pasar ahogados el mes entero o tener que depender de dos trabajos o compartir un piso para poder vivir.

El acceso a la vivienda

Miriam Arenas tiene 25 años. Hace ya cinco que vive con su hija en un piso vacío que tenía su madre. "Si no fuese por esto, yo no podría vivir sola. Actualmente tengo dos trabajos y hay meses que me cuesta llegar a final de mes. Me he planteado muchas veces irme de este piso y buscarme un alquiler para mí sin tener que depender de mi madre, pero con los precios que hay es imposible. También me he planteado la compra pero no tengo aún ahorros suficientes para dar una entrada", explica.

"La situación es muy difícil, tanto por el mercado de la vivienda como por el mercado laboral. Al margen de lo caro que está vivir, es muy difícil encontrar un trabajo a jornada completa, que sea estable y que te permita salir de la precariedad", prosigue. El caso de Miriam es más habitual de lo que parece. En España son muchos los jóvenes que recurren a vivir en viviendas vacías de familiares para ahorrar un poco respecto a un alquiler normal.


/ El Periódico

También hay jóvenes que optan por compartir piso, como en el caso de Eyla Hernández, de 23 años, que convive con una amiga. "Con lo complicado que está el acceso al mundo laboral, esta es la única opción que tenemos para poder independizarnos. Los contratos a jornada completa escasean y no nos podemos permitir un piso cuando el alquiler ya es muy superior al sueldo de cualquier media jornada. Esto también dificulta que podamos estudiar, trabajar e independizarnos al mismo tiempo. De las tres opciones solo podemos elegir dos y es triste ver como te tienes que estancar a nivel educativo para poder vivir", relata la joven.

"Además -agrega-, el abuso del precio del alquiler aumenta cuando lo contratas a través de una inmobiliaria, ya que con los meses de fianza más la comisión de la agencia alquilar un piso de 800 euros mensuales puede necesitar abonar una entrada de unos 3000 euros fácilmente, factor que hace que muchos no podamos vivir solos y tengamos que recurrir a compartir", explica.

El bono joven de alquiler

Carla Dávalos espera poder acogerse al bono joven del Estado. Esta ayuda, de 250 euros para jóvenes emancipados, está siendo bien recibida por aquellos que viven solos y por aquellos que desean emanciparse. Carla tiene 22 años, vive con su madre y está esperando a que se abra la solicitud para poder acogerse y dar el salto a independizarse. Su situación es de las más comunes en los jóvenes de su edad: personas que quieren dar el paso a emanciparse pero que por razones económicas necesitan seguir en la vivienda familiar. El bono les abre las puertas a poder encontrar una vivienda en los próximos años pero también importa el acceso al mercado laboral.

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"Creo que es una buena iniciativa, pero también creo que piden demasiados requisitos, y que deberían centrarse más en establecer unos límites en los precios de los alquileres. Unos precios que sean justos y realistas, no excluyentes y desorbitados", reflexiona la joven. "La vivienda y la propiedad siguen siendo una manera de dividirnos en clases sociales. Al final los que tenemos problemas de acceso a la vivienda somos los jóvenes trabajadores. Muchos nos estamos replanteando independizarnos si nos podemos acoger al bono, pero también es necesario que podamos encontrar trabajos estables que nos permitan pagar gastos y sobre todo que sea compatible con nuestros estudios", comenta. "Podría acogerme al bono porque cumplo con la mayoría de los requisitos que piden, pero sé que con lo que gano actualmente no podría hacerme cargo de mantener un piso y todos los gastos que este acarrea. Por eso de momento sigo viviendo en casa de mi madre", concluye Carla.

David Adomeit se está planteando coger el bono social del alquiler

/ ELISENDA PONS

David Adromeit, de 24 años, vive solo en un piso de alquiler. "El alquiler es la opción más 'fácil' hasta el momento ya que la compra de un piso se hace inalcanzable. Yo he tenido suerte con mi casero, con el que pude hacer un trato por el precio, pero es cierto que los alquileres están carísimos y es difícil decidir irte de casa. A día de hoy, hasta que no tienes estabilidad económica y emocional, es prácticamente imposible dar el paso", explica David. En cuanto al bono, comenta que sí quiere solicitarlo, pero considera que es un parche al problema. "El bono podrá ser un pequeño empuje, pero no se puede depender de ello, creo que es necesario intervenir y actuar en otros ámbitos cómo el alto precio de los alquileres, los bajos sueldos de trabajo o el precio de los estudios", concluye.

La ayuda se tendrá que justificar cada seis meses

Desde que el pasado 18 de enero el Consejo de Ministros aprobara el bono del alquiler para jóvenes, muchas dudas han surgido en torno a esta prestación que está destinada a ayudar a los jóvenes que tengan dificultades para hacer frente al precio de sus viviendas. Entre las cuestiones más consultadas están los requisitos para solicitar el bono del alquiler para jóvenes, cómo afecta el bono del alquiler a la declaración de la renta o cuándo se puede pedir esta ayuda y el Real Decreto publicado esta semana en el Boletín Oficial del Estado (BOE) ha desvelado nuevas claves sobre el bono del alquiler para jóvenes. En concreto, la publicación explica que los beneficiarios del bono del alquiler para jóvenes 2022 deberán justificar su uso ante la administración que se lo haya concedido.

Las personas de entre 18 y 35 años que reciban la ayuda de 250 euros para el alquiler tendrá que acreditar "por cualquier medio admitido en derecho" el pago de la renta o del precio de la cesión de todas las mensualidades en las que haya recibido la subvención, como consta en el artículo 16 del texto. Esta justificación del bono del alquiler para jóvenes deberá realizarse "con una periodicidad mínima semestral" y "en el plazo máximo de tres meses" desde la finalización del último mes natural en el que se recibió la subvención.