Fin de las restricciones

Las discotecas no extinguen los botellones pero los desinflan

La apertura del ocio nocturno reduce la afluencia de las fiestas callejeras en Barcelona y frena en seco los disturbios

Decenas de jóvenes se siguen reuniendo para beber en las calles de la ciudad y lo justifican por el precio, las entradas agotadas o las restricciones en los locales

Botellón en el centro de Barcelona en el primer día de apertura de discotecas

Elisenda Colell

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"Mala hierba nunca muere", bromean algunos de los presentes en las fiestas callejeras que se siguen celebrando en las calles de Barcelona, a pesar de estar prohibidas. La apertura del ocio nocturno no las ha aplacado, pero sí reducido el número de participantes. A pesar de ello, el precio de las entradas, las falta de ellas o la obligación de llevar mascarilla empuja a que algunos sigan en los botellones, aunque admiten que en los locales se sienten más seguros.

Es viernes, doce de la noche, y en el parque de las Tres Xemeneies (Barcelona) poco más de un centenar de jóvenes se reparten en pequeños grupitos. En bolsas de plástico portan botellas de alcohol y refrescos, que mezclan en vasos. Algunos charlan de la vida, de la semana, del trabajo. Otros prefieren mover las caderas. Todos esperan llegar "al puntillo" para poder entrar en la discoteca Apolo sin tener que pagar consumiciones dentro.

"Estamos muy nerviosas, es el primer día en dos años que volvemos a pisar una discoteca", dice emocionada Irene, de 27 años, y cubata en mano. Están haciendo tiempo para entrar en la discoteca Apolo. "Estamos aquí bebiendo por culpa del sistema capitalista, porque las consumiciones son carísimas dentro, no nos las podemos permitir porque somos una generación pobre", añade Laura, su amiga.

Parecida versión aportan Valeria y Pol, dos estudiantes de administración y dirección de empresas. "Estuvimos en La Mercè y el macrobotellón de la Autónoma, y realmente prefiero las discotecas a los macrobotellones", cuenta Pol. "Te sientes más segura, sabes que hay personal que vela para tu seguridad y que si pasa algo puede socorrerte. Los botellones en la calle son como la selva, manda el más fuerte", sugiere Valeria, también estudiante. Insisten a la vez en el tema de los precios de las discotecas. "Vale que han estado cerrados, pero las discotecas están subiendo precios de mala manera, incluso los han duplicado", critica Manel, otro amigo del grupillo.

"Más cómodo en la calle"

"Entiendo que haya mucha juventud que está en situación precaria, que se han acostumbrado a los botellones y a no pagar. Pero para mí es distinto. Yo prefiero estar en la calle, me siento más cómodo, hay menos reglas y no tengo que llevar mascarilla", explica Ricardo, un pintor callejero que a la una de la madrugada está en el paseo del Born tomando un 'gintonic' con amigos. Decenas de personas entre los 25 y los 40 años beben y bailan en la calle, aunque este viernes eran muchos menos que semanas anteriores. "Queríamos ir a algún local para a celebrar mi 33 aniversario, pero entre que están llenos y algunos de mis amigos no se han querido vacunar... nos quedamos aquí en el Born, se está bien", cuenta Jordi, otro de los presentes.

Como lleva siendo habitual en las últimas semanas, la playa de la Barceloneta sigue prácticamente vacía. Una decena de pequeños grupos de amigos se tumban en la arena para charlar, reír y beber alcohol. El más numeroso -de unas 12 personas-, el de Lea, una joven francesa de 22 años que estudia comercio en Barcelona. ¿Porqué preferís estar aquí que en una discoteca? Simple, se frota los dedos de la mano con el pulgar. "¡El dinero, no tenemos!", añade. "Solo para entrar cuestan más de 20 euros, y luego esta la consumición. Esto que me tomo ahora como mucho me costará dos euros, pero allí te cuesta diez o 15", dice.

"La gente no tiene pasta"

A las dos y media de la madrugada, el paseo Lluís Companys también está menos concurrido que otras noches. Pero a pesar de ello, casi 200 personas bailan y charlan alrededor de unos tambores. "Yo quería ir a Sutton, pero al reservar ya estaba todo lleno, con la afluencia y que tienes que reservar es una putada. Y al final, mira, terminé aquí", dice sonriente Etna, un treintañero. ¿Crees que van a seguir haciéndose estos botellones? "Claro, la mala hierba nunca muere, y la gente no tiene pasta para ir a las discotecas", añade entre risas.

Sorprendente era que a las cuatro de la madrugada la Plaça dels Àngels, en el barrio del Raval, frente al Macba, siguiera abarrotada. "No damos abasto en este distrito, no podemos entrar allí porque nos falta mucho personal y recursos" se quejan a EL PERIÓDICO un par de agentes de la Guardia Urbana. "Nosotros queríamos ir a Pachá o algún local así pero es que entre los aforos y los precios de las consumiciones al final hemos dicho, vamos al Macba", dice Lucía, estudiante de económicas de 19 años. "A mi en La Mercè, esos botellones con tanta gente, no me gustaron. Pero aquí es distinto, es más tranquilo y hay gente muy diversa e interesante para conocer", añade.

"Esto de los botellones creo que no lo parará ni Dios", sugiere Carmen, su amiga. "Quizás la lluvia, el frío", supone otro chico. De momento, y con la apertura de las discotecas no se han vuelto a producir disturbios, ni grandes aglomeraciones. Pero tampoco han terminado con ello.