Tercera edad

Rosario Zaragoza, la mujer que sobrevivió a dos pandemias

Nació en 1918, en plena epidemia de gripe, y el sábado sopló las velas por sus 103 años en medio de la crisis del covid

Pese a su edad, no tiene problemas graves de salud, lee, hace punto y tiene gran agilidad mental

Rosario Zaragoza en su casa, en la Gran Vía, donde pasa el tiempo leyendo, viendo la tele y haciendo punto. 

Rosario Zaragoza en su casa, en la Gran Vía, donde pasa el tiempo leyendo, viendo la tele y haciendo punto.  / JOSÉ NAVARRO

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Pino Alberola

Nació en plena pandemia, en la mal llamada gripe española de 1918 y el pasado fin de semana sopló las velas por su 103 cumpleaños inmersa en otra pandemia, en la de coronavirus. La vida de Rosario Zaragoza está plagada de anécdotas y vivencias, pero jamás pensó esta anciana que llegaría a ver a todo el mundo por la calle con mascarilla o a estar encerrada en su casa por un confinamiento.

«He estado asustada por el covid, porque veo que todo el mundo lo ha pasado muy mal». A ella la vacunaron a comienzos de año y no duda en ponerse una tercera dosis si es necesario. Tampoco entiende que haya personas que no se quieran poner la vacuna, «porque algo hace frente a la enfermedad», sostiene. De la gripe española le contaron sus padres que moría muchísima gente, «que los vecinos se iban llamando, puerta a puerta, a ver si había muerto alguien».

Guerra Civil

Más nítidos son los recuerdos que conserva de la Guerra Civil, cuando corría a esconderse en los refugios con su hijo pequeño. De hecho, aún se acuerda de dónde estaban situados estos refugios y se los indica a su familia cuando van en coche por la ciudad de Alicante. También narra cómo su hermana estuvo a punto de ser víctima del bombardeo del Mercado Central «porque unos minutos antes había estado en una parada en la que cayó una de las bombas» o cuando fue subida, de camión en camión, hasta Requena para encontrarse con su marido, enrolado en la llamada «quinta del biberón». «Cuando llegué ya se habían marchado de Requena y tuve que regresar a Alicante». Al poco tiempo de estallar la guerra, Rosario Zaragoza se fue al campo de sus suegros a Almoradí, «porque la situación en los pueblos estaba más tranquila». Allí nunca faltó la comida ni un techo en el que criar con seguridad a sus hijos.

Su marido falleció en 1974. «Media vida le he ganado», sonríe al recordarle. Él murió de diabetes y sus hijos y nietos bromean que era por los manjares que Rosario le preparaba. Y es que cocinar y comer bien siempre ha sido su gran afición y, según ella, su secreto para vivir tantos años. Gazpachos manchegos, paella y canelones son sus platos favoritos y todavía le gusta llevar las riendas en la cocina cuando se junta la familia a comer.

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A sus 103 años no tiene ningún problema importante de salud. «Nunca he estado enferma y a mi médico casi ni le conozco», añade. Conserva una memoria prodigiosa y una agilidad mental digna de cualquier persona con 60 años menos. «Me gusta mucho mirar por la ventana y contar los coches que van pasando por la Gran Vía», afirma.

Rosario vive sola, aunque en el mismo bloque reside su hija y una nieta. Toda la familia se encarga de atenderla para que no le falte de nada. La lectura, pero sobre todo el punto es su gran afición, que aún practica con mucha destreza. De sus agujas salen gorros y diademas para toda la familia. «Tengo 4 hijos, doce nietos y 12 bisnietos», apunta orgullosa mientras mira las fotos que de todos ellos tiene en su salón. «No quiero morirme todavía porque quiero seguir disfrutando de todos ellos», afirma. Sólo pone Rosario dos condiciones para seguir soplando velas, «no perder la cabeza y mantener la vista».