Cruzada luciferina en el alma cristiana de Norteamérica

Los satanistas desafían a los antiabortistas de Texas

Templo Satánico, un grupo de ateos que logró en 2019 la consideración de religión en EEUU, defiende que la interrupción del embarazo forma parte de su credo

La estatua de Belcebú que preside la sede central del Templo Satánico en Salem (Massachusetts), lugar de peregrinación para ’selfies’ de los devotos de esta religión.

La estatua de Belcebú que preside la sede central del Templo Satánico en Salem (Massachusetts), lugar de peregrinación para ’selfies’ de los devotos de esta religión. / The Satanic Temple

6
Se lee en minutos
Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

ver +

Richard Dawkins, detractor de todas las religiones y profeta de la ciencia como única fe que debería enseñarse en las escuelas, dijo en una ocasión que lograr que los ateos se organicen para defender sus posturas es tanto o más difícil que reunir un rebaño de gatos. Erró. A veces lo hacen, aunque disfrazados de religión, como es el caso del Templo Satánico, una organización nacida en 2013 en Estados Unidos como reacción al conservadurismo de George W. Bush y reconocida como organización religiosa en abril de 2019, que ha anunciado ahora su propósito de plantar cara judicialmente a la ultrarrestrictiva ley del aborto aprobada esta semana en Texas y que, en una decisión desconcertante, ha sido avalada por el Tribunal Supremo. En una ingeniosa pirueta (y no es la primera del Templo Satánico en su aún corta vida), los responsables de esta ‘congregación’ defienden que el aborto forma parte de sus rituales y que, en consecuencia, debería bastar abrazar esta fe para sortear los impedimentos de la nueva ley. Aseguran que pelearán en los tribunales por ello. “No seremos intimidados por una ley injusta o un gobierno estatal tiránico”, anunciaban este fin de semana a través de su página web.

Aunque recurren a iconografía satánica y en sus actos en público suelen vestir ropas negras, los fieles del Templo Satánico no adoran en realidad a Lucifer. Ni siquiera son mala gente. Una de sus luchas estos últimos años ha sido, por ejemplo, contra el castigo físico en las escuelas, algo sin duda loable. Su estrategia es simple. Combaten a quienes consideran sus enemigos con las mismas armas que la administración suele graciosamente concederles. Cuando en el Capitolio de Oklahoma estaba a punto de colocarse un monumento en el que se representaban las tablas de la ley que le fueron confiadas a Moisés, el Templo Satánico recordó que en los edificios públicos deben estar representadas todas las religiones, así que reclamaron colocar con idéntica presencia una escultura del cornudo Bafomet.

Ganaron el pulso, ya que, por miedo a que un juez les diera la razón, los promotores del homenaje a los 10 mandamientos como faro de las políticas de Oklahoma se echaron atrás. Pero todo lo acontecido hasta ahora son simples escaramuzas en comparación con la gran batalla que dicen estar dispuestos a entablar en Texas, donde los antiabortistas han logrado hacer retroceder el reloj de la historia casi literalmente al salvaje oeste..

La llamada ley S.B. 8 no solo prohíbe el aborto a partir del primer latido del corazón del feto (es decir, en una fecha del embarazo en el que la mayor parte de las mujeres no saben aún que están en cinta), sino que además invita, con el incentivo de suculentas recompensas económicas, a denunciar a cualquier persona que por mínimamente que sea haya colaborado en la interrupción del embarazo. Se ha utilizado estos días un ejemplo muy claro para ilustrar el tamaño del disparate: el conductor de un servicio de Uber que llevara a una clínica abortista a una mujer embarazada podría ser delatado y el denunciante, por ello, obtener un recompensa de 10.000 dólares. Es más, aunque solo sea una hipótesis, un violador podría denunciar a su víctima en caso de que fruto de esa agresión ella quedara preñada y decidiera abortar. La nueva ley no hace ni siquiera las excepciones comunes en estos casos, como el de la violación o de la terrible malformación del feto.

El demonio, en su versión cabrita, tal y como lo imaginó Goya en su obra 'El aquellarre'.

/ Museo Lázaro Galdiano

El nuevo paradigma legal de Texas es tan polémico que lo ocurrido ni siquiera ha quedado eclipsado por la digestión de la retirada de Afganistán. El propio Joe Biden se ha pronunciado sin medias tintas y ha calificado lo aprobado de abiertamente inconstitucional y, en una rueda de prensa de la Casa Blanca, la portavoz, Jen Psaki, se ha ganado el respeto de los grupos proabortistas por el modo en que le paró los pies a un periodista que aprovechó su turno de preguntas para reprochar al presidente que fuera en contra de sus creencias católicas en esta cuestión. “Sé que usted nunca se ha enfrentado a estas decisiones ni ha estado embarazado, pero para las mujeres que se enfrentan a esas decisiones es algo muy difícil, y el presidente cree que sus derechos deberían ser respetados”.

La cuestión es que toda esta controversia es el terreno en el que mejor se mueven organizaciones como el Templo Satánico o, un poco más atrás en el tiempo, el Pastafarismo, otra religión que nació en su caso para combatir la campaña que en su día se inició para que en las escuelas se ofreciera una versión alternativa a la teoría de la evolución de Darwin. Lo razonable parecería que este tipo de respuestas las lideraran a cara descubierta los ateos, pero en Estados Unidos la falta de fe se considera en muchos ámbitos insana. El primer presidente Bush llegó a defender en su momento que los ateos no deberían ser considerados ciudadanos con todos los derechos, y lo desconcertante es no se desdijo jamás de ello.

Lo que el Templo Satánico ha hecho ahora es subrayar algunos de los elementos más controvertidos de la ley S.B. 8 e incorporar su imagen invertida a su credo. La nueva norma texana pretende, por ejemplo, que las candidatas a abortar vean primero ecografías hiperrealistas del feto, se les muestren fotografías de cómo quedará tras la intervención y, también, que escuchen los latidos del feto antes de entrar al quirófano. Lo que Templo Satánico afirma ahora es que esas prácticas contravienen sus creencias y que, por lo tanto, coartan la libertad religiosa. En lo que vienen a ser una suerte de salmos de esta religión, sus creyentes recitan que “el cuerpo es inviolable y está sujeto únicamente a la voluntad propia” y, también, que “hay que tener mucho cuidado de no distorsionar los hechos científicos para que se ajusten a las creencias”.

Noticias relacionadas

Las posibilidades de que el Templo Satánico logre encontrar un atajo legal para que la ley S.B. 8 se desmorone como un castillo de naipes son ciertamente remotas. Infinitesimales, seguramente. Los estados vecinos a Texas dan por hecho que en breve se harán cargo de todos los abortos que allí dejarán de practicarse, más del 90%, según algunas previsiones. Pero lo que tal vez conseguirán estos falsos adoradores de Belcebú es algún momento memorable, como ocurrió en Los Ángeles en 2016. A la vista de que el alcalde pretendía declarar la metrópoli angelina “ciudad cristiana”, anunciaron que iban a celebrar en público su ritual del pentagrama para invocar al demonio. Los grupos ultrarreligiosos de la ciudad, que por supuesto creen más en el diablo que los propios seguidores del Templo Satánico, contraprogramaron aquel acto y, echando mano del chequera, contrataron a un aviador para que dibujara una gran cruz en el cielo. Lo hizo, pero con tan mala fortuna que le salió del revés. Acababa de anunciar la llegada del Anticristo.