La defensa del planeta

El turismo y la sobreexplotación amenazan el ecosistema del lago Baikal

Un pueblo a orillas del lago Baikal, en Rusia.

Un pueblo a orillas del lago Baikal, en Rusia. / 123RF

  • En las orillas de la gran laguna proliferan las instalaciones turísticas no reguladas, muchas de las cuales descargan aguas residuales sin tratar y lanzan sus deshechos en improvisados vertederos próximos

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

Escribe desde Moscú

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Abriéndose paso a duras penas entre las montañas de detritos, Andréi Borodin, activista ecológico del Cuerpo de Voluntarios del Baikal, llega hasta el margen de lo que se adivina es una enorme y negra charca de alquitrán. Una vez llegado a este punto, introduce un gran palo de madera en su interior para comprobar la profundidad de la accidental alberca. "¡Más de metro y medio cerca de la orilla, seguro que en el centro llega a los tres metros!", exclama, una vez extrae el báculo de la viscosa sustancia, no sin dificultad.

Hace unos años, se había instalado en este lugar, a unas decenas de kilómetros del lago Baikal, una fábrica de asfalto para pavimentar el camino hacia la orilla. Una vez acabadas las obras y abandonadas las instalaciones, el lugar se ha transformado en un improvisado vertedero, carente de regulación alguna, donde muchos establecimientos turísticos situados carretera abajo se deshacen de sus desperdicios sin tener que recurrir al servicio de basuras local, algo sustancialmente más oneroso.

La alteración de los nutrientes del agua han originado la proliferación de un alga dañina no autóctona que suprime las comunidades de plantas y animales locales

Patrimonio de la Humanidad

En el último decenio, el Baikal, la principal reserva de agua dulce del planeta, con sus más de 600 kilómetros de longitud y sus cerca de 80 de anchura, declarado en 1996 patrimonio natural de la Humanidad, ha vivido sustanciales transformaciones que están poniendo en peligro el equilibrio de este ecosistema, apodado las 'islas Galápagos de Rusia' por las 2.600 especies y subespecies que alberga, más de la mitad endémicas. De atraer un visitante minoritario, formado por excursionistas y amantes de la naturaleza, en los últimos años ha pasado a cautivar un turismo de masas, multiplicándose por seis la población flotante anual. Con el gentío han proliferado establecimientos hoteleros ilegales, no regulados, que generan toneladas de basura no tratada y vierten sus aguas residuales al lago sin proceso de depuración. "Hay que poner límites; este no es un lugar para turismo de masas", denuncia Borodin.

Andrei Borodin, activista del medio ambiente, extrae un largo bastón que ha introducido en una charca de alquitrán. 

/ MARC MARGINEDAS

Al igual que sucedía antaño, al acercarse uno a la orilla, el agua sigue pareciendo transparente y cristalina como en pocos lugares del mundo, aunque podría tratarse solo una apariencia, al menos en algunos rincones. Como consecuencia del exceso de nitrógeno y fósforo originado por los vertidos, el delicado equilibrio de especies que existía hasta ahora se esté alterando, apareciendo "enormes proliferaciones de algas filamentosas, formando densas praderas... de una rama no nativa de la 'spirogyra' ", según denuncia un reciente informe titulado 'El Baikal en crisis' y elaborado por un grupo de expertos liderado por Yevgueni Simónov, de la oenegé 'Coalición Internacional Rios sin Límites'.

En ocasiones, plantas hidroeléctricas mantienen el nivel de las aguas artificialmente elevado, provocando la erosión de la costa

"Estas proliferaciones" -según sostiene el documento- "obstruyen las redes de los pescadores y suprimen las comunidades de animales y plantas nativas". La organización ha logrado que la última sesión Comité del Patrimonio Mundial celebrada en Fuzhou (China), la UNESCO emitiera una severa advertencia al Gobierno de Rusia, entre otras cosas, por el "incremento constatado de las construcciones ilegales junto al lago, incluso en las áreas protegidas" y le conminara a "contrarrestar esta amenaza con la mayor urgencia".

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La actividad de las plantas hidroeléctricas en los ríos aledaños también también es motivo de preocupación para la organización que encabeza Simónov. "En ocasiones, la presa hidroeléctrica de Irkutsk", situada en el río Angara, que nace en el Baikal, "mantiene el nivel del agua del lago artificialmente alto, lo que provoca la erosión de la costa", explica Simónov en un whatsapp. Millones de toneladas de tierra y material orgánico acaban en las aguas, alterando también el equilibrio de nutrientes en las zonas ribereñas. "Sucedió el año pasado, y va a volver a suceder en este año", advierte.

La tala de los bosques por empresas vinculadas a China genera contaminación y tensión

Al igual que en el resto de Siberia, en la orilla oriental del lago Baikal, la tala de los bosques para exportar madera a China genera grandes tensiones entre la población local. Larissa Zaitseva, activista ecológica, denuncia que en muchos casos, esta actividad es realizada sin permisos y de forma ilegal, generando a su vez una gran contaminación. Dejan atrás "serrín y deshechos en nuestro territorio" y "no tenemos el dinero" para limpiarlo, se lamenta, mientras muestra un vídeo de decenas de pilas de virutas de madera en un improvisado vertedero. Además, el producto solo se envía al extranjero y apenas genera valor añadido alguno en la región. En el lado ruso, "solo hacen dinero unas pocas personas", subraya.

Rusia encabeza la clasificación mundial de deforestación, por encima incluso de la Amazonia. Solo en 2020 perdió 5,4 millones de hectáreas de superficie arbolada, muy por encima de los dos millones registrados en la Amazonia. El Kremlin, enfrentado a Occidente a raíz de la anexión de Crimea, no parece muy predispuesto a escuchar los lamentos de la población siberiana, y fomenta en cambio los lazos económicos con el gigante chino, país que en 1998 restringió la tala de sus bosques pero cuya industria de muebles mantiene un voraz apetito de esta materia prima.