El fin del toque de queda

El 'efecto Francino' (1): Los sanitarios explotan tras la verbena del 9-M

Ambiente en la Puerta del Sol de Madrid tras el fin del estado de alarma, este 9 de mayo.

Ambiente en la Puerta del Sol de Madrid tras el fin del estado de alarma, este 9 de mayo. / EFE / LUCA PIERGIOVANNI

  • Cinco profesionales toman el testigo del emotivo e indignado discurso de Carles Francino en su vuelta a la 'Cadena Ser' tras sufrir los estragos del covid-19

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Patricia Martín
Patricia Martín

Periodista

Especialista en sanidad, igualdad, violencia machista, infancia, consumo

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Beatriz Pérez
Beatriz Pérez

Periodista

Especialista en sanidad, temas de salud

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Un día después de las multitudinarias concentraciones provocadas por el fin del estado de alarma, el periodista Carles Francino sobrecogió con un emotivo relato, en su vuelta a la 'Cadena Ser', sobre los estragos que sigue provocando el covid-19. Él ha perdido seis o siete kilos, ha estado un tiempo sin voz (ya está recuperado), ha padecido un ictus y se ha enfrentado a la muerte de un familiar cercano.

La emoción del también colaborador de EL PERIÓDICO, dio paso a la indignación por las difíciles condiciones en las que trabajan los sanitarios y por la irresponsabilidad de quienes celebran en la calle, como si la pandemia ya fuera historia, el fin de las restricciones más duras. Tras él, varios sanitarios toman la palabra y expresan en primera persona cómo sigue siendo el trabajo en los hospitales y el malestar que provocan las actitudes "egoístas". Es el 'efecto Francino'.


Miguel Sánchez, jefe de medicina intensiva del Hospital Clínico San Carlos

Miguel Sánchez, jefe de servicio de medicina Intensiva del Hospital Clínico San Carlos.

/ HOSPITAL CLÍNICO

"A los del jolgorio los pasaría yo por la uci"

Miguel Sánchez, jefe de Medicina Intensiva del Hospital Clínico San Carlos (Madrid), no estaba de guardia el pasado sábado pero, como denunció Carles Francino, es cierto que desde la unidad de cuidados intensivos de este centro sanitario se oía de lejos "algún jolgorio". De hecho, decenas de jóvenes llevaron su celebración a una calle cercana, como demostró el enfermero Daniel Savoini con un vídeo en Twitter que se ha hecho viral.

Las multitudinarias celebraciones por el fin del estado de alarma han "sentado mal" a los sanitarios, explica Sánchez. Según el intensivista, quienes se congregaron sin mascarilla ni distancia de seguridad son "gente que no está en la realidad" y a la que "pasearía por la uci", para que conozca la situación y sepa que la pandemia afecta aún gravemente a muchas personas, también a jóvenes.

Su unidad, al igual que el resto de las ucis madrileñas, sigue "hasta arriba de pacientes", en concreto son 50, la mitad de ellos por covid-19. El más joven tiene 48 años, pero hace poco dieron el alta a un chico de 21 años, lo que demuestra que "los que estaban en los botellones no están protegidos" frente al virus, ni tampoco exentos de acabar intubados en una uci.

Por ello, según él, sigue plenamente vigente la declaración que 13 sociedades científicas emitieron en marzo en la que reclaman a las autoridades que se prohíban todo tipo de aglomeraciones que aumenten el riesgo de transmisión y, por ende, la presión hospitalaria, dado que los sanitarios, después de 14 meses de pandemia, están "cansados metal y físicamente".


Pere Domingo, coordinador de la 'planta covid' del Hospital de Sant Pau

El internista de Sant Pau Pere Domingo.

/ Robert Ramos

"Unos están cansados de no hacer fiesta; otros, de trabajar"

"La palabra es decepción". Así define el internista Pere Domingo, coordinador de la 'planta covid' del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona) sus sentimientos tras las imágenes en diferentes ciudades de España del desmadre tras el fin del estado de alarma. "Parece que la gente solo obedece si la obligan con un alto grado de coerción", lamenta.

Domingo no descarta que haya un "pico de contagios" o una "quinta ola" tras lo sucedido. "Es obvio que pueden darse las condiciones para ello, porque allí no había ni distancia ni mascarilla. Pero contamos con una ventaja esta vez: la cada vez mayor penetración de la tasa vacunal. En otras oleadas no existía este factor de protección", reflexiona. Cree que también ayudará el buen tiempo.

Domingo dice ser consciente de la "fatiga pandémica", pero puntualiza que quienes más cansados están son ellos, los sanitarios. "Unos están cansados de no hacer fiesta; otros de trabajar. Así que me parece una falta de respeto". Pide "menos aplausos" y "más reconocimientos de otro tipo", empezando por "contribuir a que no se disemine el virus".

Eso sí, este internista no tiene claro si el estado de alarma debería haber durado más, puesto que a la salud se suman los "factores económicos". Pero destaca que en las ucis siguen entrando pacientes con coronavirus. Entre un 25% y un 30% de las camas de críticos están ocupadas por ellos. El Hospital de Sant Pau tiene, además, a otros 25 pacientes en planta. "Hace un año que no dejamos de atender, ni un día, a pacientes con covid-19. Y aunque es verdad que la gente que empeora ahora tiene entre 50 y 60 años, también entran chavales jóvenes", advierte.


Joan Ramon Masclans, jefe de Medicina Intensiva del Hospital del Mar

El Jefe de Medicina Intensiva del Mar, Joan Ramon Masclans.

/ Ricard Cugat

"Los aplausos se han convertido en bofetadas"

Para el Jefe de Medicina Intensiva del Hospital del Mar (Barcelona), Joan Ramon Masclans, el testimonio del periodista Carles Francino, que estuvo 47 días con coronavirus, es "muy importante" al ser un "altavoz". "Refleja la incertidumbre y el sufrimiento de quienes enferman. Es muy, muy duro, y viendo las imágenes del sábado parece que algunos piensan que a ellos no les pasará. Nos puede pasar a todos. Le puede pasar a un porcentaje de personas que el sábado salieron de esa manera y es el día a día de muchas familias", expresa.

Si a raíz del desmadre del fin de semana pasado aumentan los contagios, dice Masclans, "sería indignante". Los sanitarios están "expectantes" por ver las consecuencias. "Lo sabremos en dos semanas. Sigue habiendo mucho virus circulando y esa gente no estaba inmunizada, por lo que la transmisión podría ser alta". Este médico pide "prudencia". "Nos la jugamos mucho", alerta. 

Tampoco esconde su enfado. "Los aplausos de hace un año se han convertido en bofetadas a los sanitarios, a la gente que ha pasado el covid-19 y a quienes se han quedado en el camino. No hemos aprendido", denuncia. El sábado por la noche, el Hospital del Mar ingresó en sus urgencias a más personas por intoxicaciones que por covid-19. Y, aunque la ocupación por el virus es "cada vez más baja", las ucis siguen llenas. "Estamos por encima del 200%. Nosotros, antes de la pandemia, teníamos una uci para 18 personas y esta mañana había 22 pacientes covid-19. En total, tenemos unos 40 pacientes críticos con coronavirus y sin él”, explica.

La previsión es que, cuanto más avance la vacunación, mejore aún más la situación epidémica. Pero sucesos como los del sábado lo complican. "Hace falta mucha prudencia y responsabilidad", insiste.


Elena Álvarez, enfermera de Urgencias del Hospital Severo Ochoa

Elena Álvarez, enfermera de Urgencias del Hospital Universitario Severo Ochoa.

/ EL PERIÓDICO

"La libertad es tener salud, no salir de fiesta"

La enfermera Elena Álvarez, que lleva toda la pandemia trabajando en las Urgencias del Hospital Universitario Severo Ochoa, en Madrid, vivió las imágenes sobre las multitudinarias fiestas el 9 de mayo como algo "irreal". "Parecía más bien el fin de la pandemia y no el fin del estado de alarma".

Álvarez no duda en tachar a las personas que participaron de "egoístas" e "irresponsables" porque el virus sigue cobrándose muchas vidas y dejando a muchas otras hospitalizadas durante días. Pero, en su opinión, el problema es que "se han normalizado" las cifras de contagiados y muertos diarias y, por ello, mucha gente "no entiende el alcance de lo que sigue sucediendo".

En su hospital, el 'eje covid' de las urgencias está "a tope" y, en ocasiones, ni siquiera encuentran camas suficientes donde ingresar a los pacientes. Por ello, pide a la ciudadanía "respeto" hacia el trabajo que realizan los sanitarios y las personas que siguen cumpliendo las normas, dado que la "libertad es tener salud y poder disfrutar de los tuyos, y no salir de fiesta o hacer botellón".

Álvarez recuerda que los sanitarios están "agotados" física y mentalmente. Por ello, ver comportamientos que pueden aumentar la incidencia y, por tanto, la presión en los hospitales a corto plazo, no les hará "tirar la toalla", pero llega en un momento que la situación les "sobrepasa". En consecuencia, reclama a la sociedad que las celebraciones multitudinarias y sin medidas de protección no se repitan.


Ricard Ferrer, jefe de la uci del Hospital Vall d'Hebron

El jefe de la uci de Vall d'Hebron, Ricard Ferrer.

/ Ferran Nadeu

"Siguen entrando muchas embarazadas con covid-19"

Saber si subirán o no los contagios tras las fiestas del sábado es, según el Jefe de Medicina Intensiva del Hospital Vall d'Hebron, Ricard Ferrer, "especulativo". Prefiere no dar su opinión al respecto. "No sé qué va a pasar". Lo dice teniendo en mente que el porcentaje de población vacunada es cada vez mayor.

Los ingresos por covid-19 en Vall d'Hebron han bajado y la perspectiva es que esta tendencia se mantenga. "La situación es de menos entrada de pacientes y menos enfermos en plantas", cuenta. Pero tampoco sabe bien qué va a pasar.

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Sí celebra que los pacientes con covid-19 mayores de 70 años son ahora "anecdóticos". "Aún tenemos bastantes enfermos con coronavirus, pero la entrada se ha frenado mucho. Ingresan sobre todo aquellos que han decidido no vacunarse", revela.

Preocupa un colectivo ahora mismo: las embarazadas, hasta hace poco no incluidas en el plan vacunal. "Siguen entrando embarazadas con covid-19, es un grupo poblacional que hay que proteger cuanto antes. Es importantísimo. Son dos vidas", valora. En Vall d’Hebron hay tres mujeres encinta con coronavirus.