El camino a la normalidad

Llega el 9-M: ansiosos por la Nochevieja en primavera

  • Los jóvenes (y no tan jóvenes) se preparan para salir de fiesta el sábado, cuando termina el toque de queda en Catalunya.

  • Algunos optan por 'quedadas' en viviendas, otros tomarán alcohol al aire libre, tras seis meses de encierro.

Jóvenes bebiendo en la plaza del Diamant de Barcelona, el pasado 25 de abril.

Jóvenes bebiendo en la plaza del Diamant de Barcelona, el pasado 25 de abril. / Ricard Cugat

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Los grupos de WhatsApp echan humo. "¿Qué hacemos este fin de semana?", sugieren muchos de los mensajes. Otros, directamente, comparten las noticias y enlaces del Procicat. "¡Que ya podemos salir por la noche!", exclaman. Es cierto que a pesar de las restricciones sanitarias, las fiestas y los encuentros para burlarlas a lo largo del año han sido frecuentes. Sin embargo, el fin del toque de queda la medianoche del sábado ha activado todas las alarmas. "Esto va a ser un desfase", cuenta una treintañera que acaba de descubrir que la noche del sábado podrá salir a la calle sin ningún tipo de miedo. La noche se plantea como si fuera una Nochevieja, pero sin discotecas y mejores temperaturas.

Son las 11 de la mañana en la mesa de una terraza de la plaza de Castilla, en el Raval de Barcelona. Esa hora en la que unos toman café y los otros ya se pasan a la cerveza. Son siete, y todos estudian en el campus de la Universitat de Barcelona. Se les ilumina la cara cuando descubren que sí, que este sábado a medianoche, pueden salir a la calle sin ningún tipo de rubor. "Algo se había comentado en el grupo de whatsapp pero no sabía si me estaban timando", explica una chica. ¿Y qué haréis? "¡Copeo fijo!" responde a gritos un joven de las Baleares que vive en una residencia estudiantil. La misma que sufrió un brote de coronavirus en septiembre y donde asume que en los últimos meses ha presenciado fiestas de más de 30 personas en una o varias habitaciones. "Ahora ya no nos tendremos que esconder", agrega.

"Yo salir saldré seguro. Ahora estoy pensado lo que voy a comprar", cuenta A. un joven de 23 años del Maresme que estudia Filosofía. "El plan será hacer una fiestecilla y cena en casa hasta la medianoche, ir calentando motores, y luego salir a quemar la noche en algún descampado", asume con una sonrisa. ¿Comprar qué? El alcohol y la marihuana se dan por supuesto. Pero el chico se está planteando adquirir LSD, éxtasis o algún tipo de anfetaminas. "Es una noche especial", aduce.

Ambiente en la zona del Born de Barcelona el pasado 13 de marzo.

/ Manu Mitru

"Saldré, ni que sea a andar por la calle"

Sus compañeros, que beben cerveza en el campus del Raval, no se extrañan de tales afirmaciones. Salir saldrán todos, el problema es que muchos de ellos tienen la semana que viene muchas entregas y trabajos que hacer. "Es que nos lo hacen expresamente", se queja una joven. "Tengo un dilema: sé que se va a liar la de dios, y si no salgo esta vez quizá nos vuelven a poner restricciones y ya no sé cuándo podremos volver a salir a la calle de noche, pero en realidad me gustaría esperar unas semanas y poder estudiar". Roger, un estudiante de Historia, lo tiene clarísimo. "Salir saldré. Ni que sea a andar por la calle. Es que llevamos seis meses encerrados en casa", explica. Una de sus compañeras tiene más dudas. Su madre trabaja en una uci. "Si lo hago después me tendré que aislar", cuenta.

"Me parece una broma. ¿En serio podremos salir a partir de las 12? Esto parecerá Fin de Año. La gente cenando en casa para tomarse las uvas, y luego a salir, ¿no?", se pregunta Alex, un joven de 22 años que regenta una tienda de moda en el Raval. "Yo aún no sé lo que haré, pero habrá que aprovecharlo claro", asume con una media sonrisa. "Ya te digo yo lo que va a pasar. Que el estado de alarma va a cambiar para ser el estado de armarla", dice a carcajada limpia Albert, un veinteañero de La Torrassa (L'Hospitalet). "La gente se muere de ganas de celebrar que es libre. La noche empezará con mucho alcohol y acabará con vómitos", resume el joven. Sus amigos lo miran y asienten con la cabeza.

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"Estar en casa a las 10 es muy triste", explica una joven de 20 años que prefiere no decir su nombre. "Yo saldré de casa seguro", añade. Una amiga con la que comparte terraza bromea. "Acabarás borracha dando tumbos por la calle", le suelta entre risas. "Pues seguramente", asume. "Estoy muy harta de estar tomando algo en la plaza del Sol y estar sufriendo por la hora, de correr pitando a las 10, y acabar borracha a cenar con mis padres. Al final te acabas quemando mucho, y lo que nos toca ahora es hacer esto", se queja.

Muchos suponen que compraran las bebidas a última hora, y que las tiendas acabarán vacías. Igual que se llenaron las terrazas de los bares los primeros días que pudieron reabrir. Quienes disponen de casa propia intuyen que celebrarán la fiesta allí, para evitarse las multas de las aglomeraciones y de la prohibición de beber en la vía publica. Otras, se encerrarán en casa como antes. "Es que el virus no se ha ido, ¿eh?", expone Laura a los 18 años. "Además, es que la gente es tonta porque saldrán este fin de semana a lo loco, subirán los contagios y nos volverán a encerrar", presagia.