05 jun 2020

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PANDEMIA

"Bolsas de basura, heridas en la piel y mascarillas de pintor"

Una enfermera del Hospital del Mar relata las graves carencias del personal sanitario que lucha contra el coronavirus

Olga Pereda

Personal sanitario del hospital Gregorio Marañón, en Madrid, en un momento de descanso.

Personal sanitario del hospital Gregorio Marañón, en Madrid, en un momento de descanso. / DAVID CASTRO

Con bolsas de basura para taparse el cuerpo. Con heridas en la piel de tanto usar gafas. Con trajes de protección que no están homologados. Con jornadas maratonianas. Con aglomeraciones en los vestuarios. Con paradas de diez minutos para comer un menú infame. Con mascarillas más propias de pintores que de personal sanitario. Con compañerismo, pero con tensión. Con voluntarios que a las pocas horas desaparecen del hospital asustados por lo que ven. Con miedo en el cuerpo. Con lágrimas al escuchar a los pacientes que preguntan si van a morir. Con pánico al llegar a casa por miedo a contagiar a la familia. Tras 20 minutos de conversación telefónica con este diario, una enfermera del Hospital del Mar (Barcelona) se echa a llorar. "Así estamos, esta es nuestra realidad. Nos falta de todo. También organización. Las cosas se hacen a salto de mata. Nos piden más y más y más. La factura física y emocional del personal sanitario es y será tremenda. Estamos muy tocados. Las enfermeras parecemos máquinas. No nos están cuidando".

Cuando Ana -nombre ficticio- llega a su casa se quita la ropa en la puerta y se mete en la ducha. Frota y frota con agua y jabón. No se atreve a besar a su hijo por miedo al contagio. Sabe que tiene unas pocas horas para descansar y que tiene que volver al frente. Sí, frente. Porque lo que cuenta es lo que hemos visto tantas veces en las películas de guerra.

Ana, y todo el personal, debería llevar trajes homologados. No están disponibles, así que se ponen lo que pueden. Bolsas de basura de plástico o unas batas verdes que cubren abdomen y tórax pero que no son impermeables del todo. "Nos dicen que no coincidamos muchos en la cocina para comer, pero luego tendrías que ver las colas que hay para las duchas. Y en los vestuarios tampoco tenemos espacio", explica.

Volver a trabajar

A Ana le hace gracia que las autoridades gubernamentales digan en las ruedas de prensa que cuando un miembro sanitario da positivo se hace test a los que trabajan con él o ella. "Es mentira, solo nos lo hacen si tenemos síntomas. Cuando uno de nosotros da positivo no te tratan como a un paciente, te dicen que se confines en tu casa. Si a los 15 días estás asintomático vuelves a trabajar", revela.

En el hospital van todos a una. El compañerismo está rozando récord absoluto. Da igual la especialidad que cada profesional tenga. Todos a una contra el coronavirus. "Estamos dando todo lo que podemos y más", explica.

"Nos preguntan si van a morir"

Los pacientes están asustados. Si alguno tose pide por favor a las enfermeras que se retiren. Algunos les miran y les preguntan si se van a morir. "¿Y qué hacemos nosotros? Pues intentar no llorar. Los abuelitos no tienen móviles con cámara para hacer alguna videollamada con sus familiares. El otro día, una compañera le puso su móvil a un paciente para que se despidiera de su mujer y su hijo. Falleció a las dos horas".

Tampoco hay sudarios reglamentarios de alta protección (más adecuados para el Covid-19) para envolver los cadáveres. A veces tienen que poner dos de los normales. Cuando el paciente fallece, el personal de la recepción del hospital es el que entrega a los familiares la bolsa con los enseres de los fallecidos. Así de duro. Así de real. "Así estamos", concluye Ana.

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