05 jun 2020

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UN PROBLEMA QUE NO CESA

Los grafiteros cambian de táctica y paran trenes en marcha para pintarlos

Apenas quedan trenes limpios en circulación y todas las unidades de Renfe sufren los ataques

La empresa ferroviaria tiene que sacar los convoyes de sus líneas para retirar la pintura

Óscar Hernández

Limpieza de un tren pintado en la estación de Montcada-Bifurcació.

Limpieza de un tren pintado en la estación de Montcada-Bifurcació. / Óscar Hernández

La estación de Montcada-Bifurcació, de Renfe, se ha convertido en el túnel de lavado de los trenes de Rodalies que sufren día sí y día también los ataques de grupos organizados que embadurnan de pintura los convoyes ante la impotencia de la empresa ferroviaria. Ante la mayor vigilancia en estaciones como esta, los grupos de 'artistas', entre comillas, se dedican desde hace un tiempo a detener los trenes en cualquier punto y de la red y hasta con pasajeros dentro para pintarlo. Al menos hasta que empezó el confinamiento de la población por el coronavirus.

"Antes lo hacían cuando los trenes estaban detenidos o aparcados por mantenimiento o fuera de servicio. Ahora han complicado el reto y como tenemos más vigilancia su nueva técnica consiste en tirar del freno de alarma para detener el tren mientras sus compañeros aguardan fuera", explica un técnico de Renfe que se ha tenido que especializar en este fenómeno.

Planificación de la acción

La planificación de los vándalos está tan elaborada que un miembro de la banda pinta antes una marca en una de las dos toperas de la máquina (piezas amortiguadas del morro que sirven por si el tren no frena bien en un final de vía). Esa señal, que se puede observar en la mayoría de trenes de Rodalies, sirve para que los incívicos pintores sepan qué lado del tren deben cubrir con sus aerosoles multicolor. Además, todos los del grupo de comunican antes las coordenadas del lugar exacto donde va a parar el tren y la hora para la acción, que ejecutan en minutos. 

Interior de un tren de Rodalies con las ventanas pintadas. / ÓSCAR HERNÄNDEZ

El técnico de Renfe explica que el retrato robot no es el de una persona muy joven, sino que entre los grafiteros hay personas de entre 30 y 40 años, y algunos se desplazan desde lejos para realizar su obra. "Necesitan dinero para pagarse los botes de pintura, para desplazarse...", añade el especialista, que sospecha que debe haber gratificaciones para los grupos que consiguen pintar un tren. "Es que si no,  no se puede entender", añade. Calcula que para pintar el lado de un vagón se necesitan unos 20 botes de pintura que cuestan unos 5 euros cada uno, 100 euros en total.

A pocos metros del andén donde se mantiene esta conversación con el especialista de Renfe, dos operarios limpian una unidad de Rodalies en una vía de servicio de la estación de Montcada-Bifurcació, uno de los tres puntos de la red en Catalunya habilitados para esta labor. Los otros son Sant Andreu Comtal y Vilanova.

Limpieza ecológica

Los operarios lanzan primero una sustancia disolvente (en gel, que no chorrea) para ablandar la pintura, que dejan actuar unos minutos, y luego con una especie de escurridor de ventanas, en forma de T, van sacando la pintura. Los operarios van cubiertos con máscara y gafas por el fuerte olor que se desprende. 

"Pero antes debemos impermeabilizar con plásticos el suelo, la zona de las vías donde está detenido el tren, para que el producto disolvente y la pintura que caiga no contaminen la superficie, el balasto", aclara el técnico de Renfe, que lamenta que los grafiteros no distingan entre la carrocería y los cristales, ya que cubren toda la superificie exterior con sus llamativos colores.

El peligroso efecto túnel

Así, dentro del tren los pasajeros experimentan el llamado efecto túnel permanentemente al no poder ver desde sus asientos el exterior, con los problemas de seguridad que eso representa, ya que no se puede ver apenas de fuera, ni tampoco hacia el exterior,algo básico en caso, por ejemplo de incendio (por eso los aviones deben mantener izadas siempre las ventanillas cuando despegan o aterrizan) o de cualquier otro incidente.

Hasta para los pasajeros que están en el andén esperando el tren es importante ver quién hay en su interior, para evitar, si así lo desean, subir en ese vagón porque ven alboroto de madrugada dentro. Ferrocarrils de la Generalitat, por ejemplo, ha decidido hace poco retirar los vinilos de publicidad que cubrían las ventanas por este motivo. Es importante ver y ser visto.

Menos trenes en circulación

"Son esos trenes con las ventanas pintadas los que tienen prioirdad para ser limpiados. Los maquinistas avisan al centro de control y, en cuanto podemos, lo retiramos de circulación, con los inconvenientes que supone para el resto del servicio", añade el técnico, quien por política comunicativa de Renfe, no puede facilitar su nombre a este diario. Otro criterio de prioridad para limpiar la carrocería es que el daño sea reciente. "Si se vitrifica la pintura por la acción del sol, cuesta más retirarla", aclara.

Limpiar un tren de Rodalies convencional de tres coches y unos 25 metros de longitud requiere de un día entero de trabajo, según Renfe, que esgrime cifras impresionantes (ver despiece) sobre el impacto de los grafitis en su flota, de Rodalies en su mayoría, aunque los gamberros también han coloreado hasta trenes de mercancías.

Cada tren sufre el ataque con pintura 10 veces en un año

La acción de los grafiteros contra los trenes de Renfe, principal víctima de estas acciones, que también sufre el metro de Barcelona, ha llevado a esta empresa ha hacer originales campañas de concienciación como la de exponer una puerta de tren pintada en el saló de arte contemporáneo Arco. 
Según Renfe, el año pasado esta empresa pública gastó ocho millones de euros em limpiar la pintura de los 2.700 trenes que se pintaron. Si se tiene en cuenta que la flota es de 250 trenes, cada unidad fue pintada una decena de veces en solo un año. De hecho la empresa afirma que el 80% de los convoyes están circulando con grafitis «ya que no nos da tiempo a limpiar todo lo que se pinta».

Pero no solo el coste de la limpieza, que se realiza en condiciones especiales para no contaminar, preocupa a Renfe. «Los grafitis obligan a alterar la programación de los trenes para organizar su limpieza y a dejar el tren inmovilizado más tiempo del previsto lo que comporta una modificación de la logística de distribución de los convoyes», dicen.

Las recientes sentencias judiciales de tipo penal a los autores de pintadas, pillados in fraganti o detectados tras una investigación policial, son, según los expertos, la única solución para un problema que no cesa.

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