26 feb 2020

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¿OFICIO EN EXTINCIÓN?

Un butanero: "Ahora vendo unas cinco bombonas al día y antes, 60 cada semana"

La propinas 'impuestas' por algunos repartidores alejan a los consumidores, que cada vez más optan por comprar el gas enlatado en la gasolinera más cercana

Luis Benavides

Dos trabajadores de una gasolinera del barrio de la Verneda, junto a las bombonas de butano a la venta

Dos trabajadores de una gasolinera del barrio de la Verneda, junto a las bombonas de butano a la venta / JORDI COTRINA

"¿Me puedes traer una bombona mañana?”. Este es uno de los watsaps que ha recibido en su móvil Mobeen, un butanero de origen paquistaní que reparte por el barrio de Bon Pastor de Barcelona. “Hasta el paseo de Santa Coloma”, especifica el joven. El reparto de las zonas se cumple a rajatabla. Solo lleva un mes trabajando repartiendo el gas envasado de siempre -ahora hay otras más ligeras- pero conoce bien el oficio porque su padre y su hermano también son repartidores. “Mi padre reparte por Sant Andreu, de la calle de Rubén Darío hasta la rambla (de Fabra i Puig)”, explica Mobeen.

La única tecnología que ha llegado al sector es el de los mensajes instantáneos, que facilita algo el trabajo a repartidores como Mobeen porque pueden ir a tiro hecho. Por lo demás, el día a día del butanero ha cambiado muy poco o nada en los últimos años. “El camión nos deja allí con unas ocho bombonas, damos vueltas y la gente nos ve”, explica el joven, que dice vender entre cuatro o seis al día.

Mobeen está vendiendo las bombonas de butano de Repsol a 13,4 euros. Propina, lógicamente, no incluida. “A veces nos dan uno o dos euros”, asegura. Sin entrar en detalles, dice que cobra muy poco pero tampoco tiene pensado cambiar de trabajo. Justo en ese momento aparece un vecino de la calle de Claramunt, Jacinto Lorente, de 77 años. Le pide una y el joven se la lleva. “Ahora solo la compramos para la estufa”, precisa este exfuncionario.

A un par de calles está la gasolinera de la calle de Sant Adrià, una franquicia de Repsol. Allí la venta de bombonas ha aumentado en los últimos años. “Tenemos desde hace siete años y últimamente vendemos más. Algunas personas se han quitado el gas porque es caro y se ponen bombona, sobre todo en barrios humildes como Bon Pastor”. Es la teoría del encargado de la estación de servicio, Federico Vega, que lleva 27 años trabajando en la misma. “También hay vecinos que me han explicado que han llegado a pagar 20 euros para que les suban una bombona a casa y por eso la compran aquí. Supongo que estos repartidores cobran poco y se buscan la vida incluyendo la propina porque no les llega”, explica Vega, quien ahora mismo tiene la bombona a 12,74 euros. Con el IVA y 0,76 euros en concepto de manipulación (los tienen apilados y bajo llave).

Resiste en algunos barrios

Diciembre era el mejor mes del año, el agosto de los butaneros. Se juntan el frío y el espíritu navideño, aunque el aguinaldo que pueden rascar en cada rellano no suele superar los dos euros. El volumen de negocio para los repartidores de butano ha disminuido, aseguran los repartidores consultados por este diario. “Ahora vendo unas cinco al día y antes vendía unas 60 cada semana”, confirma el padre de Mobeen, que prefiere no dar su nombre y asegura que no recuerda su edad. Tiene unos 70 años, según su hijo, y sube las bombonas de una en una cuando hace un tiempo las cargaba de dos en dos. Lleva una especie de faja porque le duele la espalda y no sabe cuando se retirará. “Muchos butaneros somos paquistanís –explica el padre-, también hay algún marroquí, porque los españoles no quieren trabajar de esto. Dicen que es muy duro y se gana poco”. 

El repicar de los repartidores dejó de formar parte del paisaje sonoro de muchos barrios. Con todo,  resiste en algunos barrios como Bon Pastor, también en el vecino distrito de Nou Barris, y especialmente en las zonas de Canyelles y Guineueta. Allí tienen bastantes clientes. Como Dolores Rodríguez, de 82 años, si bien compra un par de veces al año como mucho. “Vivo sola y una bombona me puede durar seis o siete meses. Podría ponerme gas ciudad pero no me sale a cuenta. Por unos 30 euros al año de butano me apaño”, explica esta octogenaria, quien confirma la mala costumbre de algunos repartidores de agenciarse parte del cambio a modo de propina. “Si me cobran el precio correcto siempre doy un euro de propina –añade-, aunque no tenga obligación. Me hacen un favor porque yo no la puedo subir”.