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El riesgo de perder la cuarta generación por culpa del narcotráfico

La Coordinadora Antidroga reclama medidas de formación, empleo y educación para reducir el caldo de cultivo del narcotráfico

Julia Camacho

Operación de los cuerpos de seguridad contra el narcotráfico en el estrecho de Gibraltar, este agosto.

Operación de los cuerpos de seguridad contra el narcotráfico en el estrecho de Gibraltar, este agosto.

“En este año es como si hubieran detenido a mi pueblo entero, nuestras estimaciones se quedaban cortas”. Francisco Mena, presidente de la Federación de Coordinadoras de lucha contra las drogas Alternativas, se refiere así a las detenciones que se han llevado a cabo durante el último año en el Campo de Gibraltar. Cerca de 5.000 personas que, de manera más o menos activa, vivían del negocio de la droga, ya fuera alertando, guardando o descargando. Él lleva 20 años liderando este movimiento ciudadano y aunque celebra el balance policial del plan especial de seguridad, alerta de la necesidad de complementarlo con actuaciones globales y a largo plazo en educación, empleo y formación que frenen el que muchos jóvenes vean en el narcotráfico la única oportunidad de salir adelante. “Ya hemos perdido tres generaciones, no podemos perder una cuarta”, reflexiona.

La presión policial en el último año da excelentes resultados, pero la especial singularidad de la zona se mantiene por su cercanía a Marruecos. “Mientras haya demanda, siempre va a haber oferta, aunque el esfuerzo tendrá que ser mayor”, resalta. Mena constata además una “mal cultura de la normalización del contrabando, que pasa de generación en generación”.

El cóctel se completa con la tolerancia con el consumo de drogas blandas, como el hachís o la marihuana. “Muchos piensan, ¿a qué se va a dedicar si no hay otra cosa?, y se convencen porque no es heroína o coca”. Además, no es para consumo interno, sino que se va fuera. Y recuerda que muchos padres se alarmaban no por que hubieran pillado a su hijo consumiendo un porro, sino por la multa que debían afrontar. A esto se suma una tasa de desempleo juvenil que en los años más duros de la crisis rondó el 70% o un absentismo escolar seis veces superior al del resto de la provincia.

Pobreza, más exclusión social más una baja percepción de riesgo para la sociedad o la salud, ese es el caldo de cultivo para que prolifere el narcotráfico en la comarca”, añade. “Y mientras no haya planes específicos para solucionar esto, la batalla está perdida”, insiste, apuntando que tras el plan policial que ha recuperado la autoridad, toca entrar a fondo en el problema con propuestas de trasfondo social “y trabajo desde el parvulario, con los jóvenes y con las familias” de los barrios más desfavorecidos.

La percepción social, al menos, ya ha ido cambiando. Mena señala dos momentos claves de 2018 como punto de inflexión para que la sociedad del Campo de Gibraltar dejara de mirar hacia otro lado con el tema de la droga. El primero fue el asalto al hospital de La Línea, cuando una banda de encapuchados entró en Urgencias para rescatar a palos y empujones a un capo detenido horas antes tras una persecución. El segundo llegaría meses después, cuando una narcolancha haciendo maniobras temerarias mató a un menor que estaba junto a su padre navegando en la playa de Algeciras en plena tarde. “La gente se dio cuenta de que sí, que los narcos podían afectar a su vida cotidiana, y empezaron a rebelarse”, explica Mena, “empezaron a ser conscientes de que el dinero del narcotráfico trae ruina”.