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Unión ferroviaria de dos municipios atractivos

La alta velocidad unirá todo el año la coqueta y francesa Sète con Barcelona

El alcalde de la localidad occitana aspira a conquistar a los catalanes y aprovecharse de sus turistas

Renfe y SNCF, que fletan un ave de ida por la mañana y otro de vuelta por la noche, ampliarán el servicio

Óscar Hernández

Una vista de Sète, desde el muelle pesquero.

Una vista de Sète, desde el muelle pesquero. / Olivier Maynard

A Barcelona le ha salido un pretendiente. Y gracias a una Celestina. El novio se llama Sète (se pronuncia 'set') y es un coqueto municipio costero del sur de Francia, una franja de tierra con agua por delante, el Mediterráneo, y por detrás, una espectacular laguna. Y el cómplice necesario en este romance es la empresa Renfe-SNCF en Cooperación, que explota la alta velocidad entre España y Francia, y que ha dispuesto que este verano cada mañana un alta velocidad procedente de Barcelona pare en Sète y otro salga hacia la ciudad catalana, de regreso, a ultima hora de la tarde. Los planes van tan en serio que Renfe y SNCF mantendrán esta conexión veraniega todo el año a partir del próximo diciembre y para el próximo verano ya se han comprometido a fletar tres trenes de alta velocidad entre Barcelona y Sète.

"Estaremos encantados de recibir a todo el turismo que no quiera Barcelona", explica el alcalde de Sète, Françoise Commeinhes, bromeando con la supuesta saturación de visitantes de la ciudad catalana, en la presentación de las futuras conexiones entre su municipio y Barcelona, en compañía de Yann Monod, director general de Renfe-SNCF en Cooperación, en un barco amarrado en el principal canal de esta bonita ciudad occitana. "Nosotros ofrecemos buena pasta, ostras, pescado y mucha cultura", añade Commeinhes.

Turistas de alta velocidad

Tanto Commeinhes como Monod subrayan su interés por captar al turismo catalán que desee disfrutar de las playas y la gastronomía de Sète en un trayecto de alta velocidad que dura menos de tres horas y cuesta desde 29 euros por trayecto. Aunque no ocultan que también quieren atraer a visitantes de otros países que recalen en Catalunya y quieran conocer el pueblo pesquero francés. "El turista extranjero, como el estadounidense, está muy acostumbrado a viajer en tren. Además, con nosotros pueden embarcar cinco minutos antes de la salida y llevar tres maletas grandes. Mucho mejor que con el avión", apunta Monod. "Y el estadounidense, que no tiene trenes de alta velocidad, quiere probarlos en los traslados entre las grandes capitales europeas", precisa el directivo de Renfe-SNCF en Cooperación. 

Vista aérea de Sète, con el Mediterráneo, a la izquierda, y la laguna, a la derecha. / OLIVIER MAYNARD

Sète tiene algunas características que la hacen merecedora de una escapada de un día desde Barcelona. El trayecto en el TGV (este verano se va en el tren francñés, de dos pisos),  con paradas en Girona y Figueres, se realiza en menos de tres horas. Se sale de Sants a las 7 de la mañana y se llega a Sète antes de las 10. Nada más bajar del tren de alta velocidad y salir de la estación ya se ve delante uno de los canales de esta 'minivenecia' francesa.

En unos minutos se llega a pie al centro de esta localidad atravesada por varios canales que unen una inmensa laguna, donde se cultivan las mejores ostras de Francia, con el mar Mediterráneo. Literalmente, se trata de una inmensa lengua de tierra firme, cercada por el agua salada por ambos lados. Pero no sólo es el paisaje, también destacan el urbanismo: las casas abocadas a los canales, las calles empinadas, la plazas frondosas... una mezcla equilibrada entre Italia y Francia con lo mejor del Mediterráneo. No en vano Sète acogió a numerosos marineros napolitanos que se trajeron su técnica pesquera. 

La ciudad de Valéry y Brassens

Playas con una gran franja de arena y buenos restaurantes achiringuitados se combinan con ruras de senderismo o bicicleta junto al paisaje de la laguna, o las visitas culturales en los numerosos museos que hay en la localidad o la contemplación de las variadas pintadas que lucen en fachadas y medianeras. Y en verano, un planazo especial son las justas en el canal, en el que dos equipos realizan cada semana una especie de torneo medieval, pero en barcas, con el objetivo de derribar al guerrero del equipo contrario y lanzarlo al agua a bordo de barcas empujadas por decenas de remeros.

Al atardecer, numerosos comercios ofrecen sus productos, especialmente esquisiteces gastronómicas, como la sempanadas de pulpo y tomate o la salsa de aceitunas. En sus estrechas calles se siente la presencia del poeta Paul Valéry y del cantante George Brassens, entre otros muchos hijos ilustres de una ciudad que apenas tiene 45.000 habitantes. Un último paseo por los canales, en una barca alquilada o en un barco para grupos, permite una relajada despedida antes de coger de nuevo el tren de alta velocidad, que este verano sale a las ocho de la tarde y llega a las 22.45 a Barcelona-Sants. Y el próximo verano, tres posibilidades más para que los dos municipios mediterráneos se unan y sellen su romance en menos de tres horas.

Temas: Renfe Turismo AVE