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DEBATE TRAS ACABAR EL CURSO

En vacaciones ¿deberes sí o deberes no?

Cada vez más expertos piden tareas alternativas, como hacer la compra para reforzar las matemáticas

Otros pedagogos insisten en la necesidad de que los chavales hagan una hora al día de ejercicios al uso

Olga Pereda

Una niña de siete años estrena sus vacaciones, el viernes en Madrid, haciendo ejercicios en un cuaderno Rubio.

Una niña de siete años estrena sus vacaciones, el viernes en Madrid, haciendo ejercicios en un cuaderno Rubio. / JOSÉ LUIS ROCA

“Arriba las vacaciones, abajo el estudiar, los libros a la basura y nosotros a jugar”. Este era el irreverente grito de guerra con el que la generación EGB cerraba las puertas de los colegios y afrontaba el inicio del verano. Esos chavales de los años 80 -que todavía recuerdan el soniquete de los libros Vacaciones Santillana- son ahora padres y madres que afrontan las largas vacaciones de sus hijos e hijas. Han pasado los años, pero el dilema sigue vivo: en verano ¿deberes sí o deberes no? En el mundo de la pedagogía asoman nuevas voces que apuestan por los deberes alternativos para los alumnos de primaria (desde los seis años hasta los 12 o 13): hacer la compra y manejar dinero es una fórmula para reforzar Matemáticas, hablar con los abuelos y preguntarles cómo era su infancia no deja de ser una clase de Historia mientras que realizar excursiones en el campo y observar animales sería otra de Biología. Y todo sin abrir un libro de texto o un cuaderno de tareas.

El profesor italiano Cesare Catà revolucionó las redes sociales en el 2015 ofreciendo un catálogo de 15 tareas infantiles para hacer en verano. “Sé feliz” era la primera. “Utiliza muchas palabras, lee tanto como puedas, mira el amanecer, respira y baila sin sentir vergüenza”, eran otros deberes incluidos en la lista, que se hizo viral. Puede sonar bucólico, pero la pedagogía, también en España, está abriendo nuevos caminos que van por ahí.

Creativos y naturales

Elvira Fernández Pena, docente en el colegio público Mestre Martínez Alonso (Mos, Pontevedra)  y responsable de la web sobre educación Atención Selectiva, admite que muchos padres presumen ahora de inculcar a sus hijos determinados deberes veraniegos que se pusieron de moda a raíz de la lista del profesor italiano. La maestra echa mano de la ironía para poner dos ejemplos: “Oler las nubes, soplar un diente de león y contar olas”. Ella no apuesta por hacer nada de eso, pero sí por unos deberes alternativos que combinen la creatividad, lo espontáneo, lo natural, el descubrimiento y la investigación. Nada que ver con los “horrorosos” cuadernillos de ejercicios que las editoriales siguen comercializando cada verano y que “no han cambiado nada” desde los años 80 y 90 con la salvedad de sustituir las pesetas por euros.

“Arreglar el cuarto y hacer la cama, marcar rutinas y vivir el momento” son algunas de las tareas veraniegas infantiles recomendadas por la maestra gallega. También aconseja que los niños hablen con sus abuelos para descubrir la Historia o que vayan a hacer la compra para repasar las cuentas (y las Matemáticas) manejando el dinero. Ir al supermercado -añade- es la mejor manera de tener una clase de alimentación saludable. Otro básico es la lectura y el ejercicio físico. “Hay que animar a los niños y las niñas a leer, pero no por obligación. Que lean lo que quieran. Que lean el periódico porque la información es básica. Que investiguen y que aprendan por qué su pueblo se llama como se llama o cuántos kilómetros tiene su playa favorita. Y, por supuesto, que hagan ejercicio. Que naden, corran, anden en bicicleta y jueguen al baloncesto”.

 

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Cocinar con ellos

Los miembros de Ceapa (Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado) llevan tres años en pie de guerra contra los deberes ortodoxos, así que reciben con sumo agrado los nuevos y alternativos deberes veraniegos. “Los niños y niñas deberían realizar tareas que les gusten y potenciar con ellas sus habilidades. ¿Qué mejor clase de naturaleza que una excursión por la montaña en familia? Giner de los Ríos ya en el siglo XIX hablaba de la importancia de que las escuelas salieran a la naturaleza. Otro ejemplo, si a los críos les gusta cocinar ¿por qué no preparar una comida especial con ellos en casa? Disfrutar también es aprender”, recalca Camilo Jené, vocal de Ceapa en Madrid.

Cocinar es, por ejemplo, uno de los deberes alternativos que propone para este verano la maestra y licenciada en Psicopedagogía Nati Bergadà en su página web. Leer una receta es una manera de practicar la lengua y la compresión lectora mientras que las matemáticas se refuerzan al pesar los alimentos. En su opinión, ver una puesta de sol es una clase alternativa de Ciencias Naturales, igual que realizar una caminata nocturna o dormir en una tienda de campaña.

Sin dar tregua a la ignorancia

Ante el debate abierto, el pedagogo Gregorio Luri deja claro que cada familia debería hacer lo que le dé la gana. Sin considerarse apóstol de nada, sí que está convencido de que en las vacaciones escolares “no hay que dar tregua a la ignorancia ni vacaciones a la actividad intelectual”. “Este verano voy a cometer un pecado mortal -añade entre risas- porque haré con mi nieto de ocho años un cuaderno de vacaciones, que los hay muy buenos”.

El autor de ‘El deber moral de ser inteligente’ insiste en que el día es muy largo y que no pasa nada por dedicar una hora a realizar tareas escolares ortodoxas. “Los deberes se están viendo como un castigo a galeras, pero nada más lejos de la realidad. No creo que les causemos un trauma insuperable si les decimos que dediquen una hora al día a hacer ejercicios”. Luri tiene otro nieto de cuatro años, con el que también hará deberes este verano. “Le gustan mucho los cuentos y vemos que tiene interés por empezar a leer, así que le voy a comprar unas letras de imán para la nevera y practicaremos las palabras y las frases”, explica.

Deberes con las "rodillas heridas"

“En verano hay que hacer deberes, pero con las rodillas heridas”, admite el pedagogo dejando claro que las vacaciones son para estar muchas horas jugando al aire libre. “No consigo comprender a esos padres que demonizan los deberes y que, sin embargo, apuntan a sus hijos a todas las actividades extraescolares del mundo, como inglés o refuerzo de alguna asignatura. También me sorprenden los padres y madres que jamás leen un libro o un periódico y se asombran de que a sus pequeños no les guste leer. ¿Tan malo es que los críos hagan una hora de ejercicios mientras nosotros, por ejemplo, tenemos un libro entre las manos?”, concluye repitiendo que cada familia debería hacer “lo que les dé la gana”.

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