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El padre del 'niño de la maleta' elude prisión y solo deberá pagar una multa de 92 euros

El menor fue interceptado en 2015 cuando trataba de cruzar la frontera de Ceuta

Julia Camacho

El niño, dentro de la maleta en Ceuta.

El niño, dentro de la maleta en Ceuta.

“Todo se acaba hoy”, sonreía a la salida de los tribunales al ver que por fin su historia y la de su hijo Adou, el ‘niño de la maleta’, ha terminado. Alí Outtara, el progenitor, ha alcanzado un acuerdo de conformidad para eludir la pena de tres años de cárcel que le solicitaba la fiscalía por un delito contra los derechos de los extranjeros. A cambio, deberá pagar una multa de 224 euros, que será compensada con el tiempo que pasó en prisión provisional y se reducirá sustancialmente. La mujer encargada de pasarle oculto en una maleta no ha podido ser juzgada dado que tras cumplir los dos años de prisión preventiva abandonó el país. Se enfrentaba a seis años de cárcel por el mismo delito.

Alí Outtara, padre de Adou / REDUAN (EFE)

Fuentes judiciales han explicado que el padre de Adou ha aceptado que sea condenado por conformidad al final del juicio, celebrado este martes en la Audiencia provincial de Ceuta. En sentencia dictada en la propia vista, se le ha condenado a una multa de 224 euros por un delito contra los derechos de los extranjeros con una atenuante muy cualificada y casi eximente de parentesco. No obstante, esa multa ha quedado reducida a 92 euros tras ser conmutada parte de ella por el mes que Alí pasó en prisión provisional, y que abandonó tras pagar una fianza de 5.000 euros.

No supo cómo pasaría

La Fiscalía, que inicialmente reclamaba pena de cárcel, y entendía como circunstancia agravante que el progenitor había puesto en peligro la vida del niño, ha aceptado la versión de padre e hijo de que se separaron una hora antes en la frontera y que fueron víctimas de las mafias. También porque no queda acreditado que el progenitor supiera la forma exacta en la que el menor iba a ser introducido en nuestro país. Es más, ante el tribunal el padre ha mantenido que nunca le contaron que iban a meter a su hijo en una maleta porque “jamás lo hubiera permitido”.

Junto a Alí debía haber sido juzgada Fátima, la joven de escasos 20 años oriunda de Castillejos que portaba la maleta donde iba escondido el niño. Los agentes detectaron algo raro desde el primer momento, su nerviosismo la delataba al portar la enorme maleta rosa, y al pasar por el escáner saltaron todas las alarmas y se confirmaron las sospechas. La chica pasó dos años en prisión provisional, y en cuanto dejó la cárcel abandonó también España. La elevada pena a la que se enfrentaba, seis años de prisión, ha impedido que sea juzgada en rebeldía.

Con solo 8 años, Adou se convirtió el 7 de mayo 2015 en protagonista involuntario de una triste historia de inmigración. Su padre, natural de Costa de Marfil pero residente en las Canarias desde hacía ocho años, había intentado en varias ocasiones acogerse al procedimiento de reunificación familiar. Pero sus ingresos no alcanzaban el límite establecido por escasos 56 euros, y se lo denegaron. Desesperado, Alí contactó con una persona para intentar pasarlo de forma legal a España a cambio de 5.000 euros, y le garantizaron que el niño no iba a sufrir daños. Pero nunca imaginó que sería camuflado en una pequeña maleta. Así lo interceptó la Guardia Civil en el paso del Tarajal.

Lograr la nacionalidad

Este martes, en una declaración como testigo ante el tribunal y los abogados, sin toga para crear un ambiente más cómodo al pequeño, Adou explicó que su padre le explicó que le iban a pasar en un coche, pero que fue una mujer quien lo introdujo en la maleta. Una maleta “grande”, que él no podía abrir desde dentro y donde tampoco podía respirar muy bien. Pasó mucho calor, detalló. Su padre, por su parte, contó que le habían dicho que llegaría a Madrid en avión desde Casablanca, pero por un problema de última hora tuvieron que intentarlo por Ceuta.

“He luchado mucho para traer a mi familia y al final estamos otra vez separados”, contaba al término del juicio en alusión a que su esposa y dos hijos residen en Paris (Francia), mientras que un tercero continúa en África. “Pero vamos a empezar de nuevo y a ver si el sueño que me trajo a España puedo cumplirlo”. Su objetivo, ahora, es lograr la nacionalidad después de diez años en nuestro país y buscar un trabajo en Bilbao, donde se instaló a la espera de que llegara este juicio, para que el año que viene la familia vuelva a estar junta.