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Agresiones sexistas

Mujeres en busca de su fuerza

Una prueba piloto de la Cruz Roja devuelve la autoestima a mujeres maltratadas a través de cursos de autodefensa

Mauricio Bernal

De espaldas, una mujer maltratada que participa en un curso de seguridad y autoestima de la Cruz Roja.

De espaldas, una mujer maltratada que participa en un curso de seguridad y autoestima de la Cruz Roja. / JOAN CORTADELLAS

Teniendo en cuenta que los escenarios asociados a la violencia de género suelen ser con desoladora frecuencia hospitales, morgues y juzgados, y que los personajes de esos escenarios suelen ser médicos, jueces y policías, el hecho de que el decorado de una rueda de prensa de la Cruz Roja sobre este asunto sea un gimnasio, y en concreto el ring de un gimnasio, y que uno de los personajes sea un entrenador personal, y que los extras –por decirlo de algún modo– sean gente que suda mientras pedalea sobre sus bicicletas estáticas o sus disparatadas máquinas de sacar músculos, puede que sea una buena noticia. En realidad lo es: la rueda de prensa tiene lugar en un gimnasio porque es aquí donde mujeres que han sido maltratadas por sus parejas han estado viniendo desde septiembre a tomar cursos de autodefensa, no exactamente para flagelar a sus antiguos maltratadores sino para hacerse fuertes: para hacerse fuertes en casi todos los sentidos posibles.

Esta es una nota sobre el después del maltrato. Sobre mujeres que salen adelante.

Alérgica a los hombres

Siete mujeres se presentaron hace dos meses a la primera sesión del curso. Eran mujeres que ya habían denunciado a sus parejas. No convivían con ellas. No estaban exactamente del otro lado del "precipicio" –es la alegoría preferida de una de ellas– pero habían dado los primeros pasos para cruzarlo. Si es apropiada como metáfora de esa empresa la imagen de una mujer despojándose del lastre acumulado, algunas de ellas aún cargaban una montaña a cuestas. "Yo llevaba dos años sin permitir que se me acercara un hombre. No podía tocarlos, hablar con ellos, no podía ni verlos. Sobre todo lo del contacto: lo llevaba fatal. Yo trabajo en mercadeo y siempre intentaba relacionarme con clientes femeninas. Si era un chico, no podía venderle nada. Imagínese entonces cuando me presenté aquí el primer día y me di cuenta que el entrenador era un chico. Yo pensaba que sería una chica y me quedé paralizada".

"El primer día algunas ni me miraban a los ojos", explica el entrenador. "Ahora se sienten fuertes y confiadas"

Samuel Martínez tenía experiencia enseñando técnicas de autodefensa a mujeres, en alguna ocasión a maltratadas, pero era la primera vez que trataba con un grupo en el cual todas habían pasado por una experiencia de violencia de género. "Ha sido un desafío", explica. En este curso que es al mismo tiempo prueba piloto –se lleva a cabo por un acuerdo de colaboración con la Fundació Dir–, Martínez no hace nada parecido a enseñarles a dar patadas voladoras o extravagantes golpes de kung-fu, sino "técnicas sencillas", que luego, cuando llega el momento de la exhibición en el ring, demuestran, sí, su sencillez, pero a la vez su potencial demoledor: a nadie le gustaría ser el cojín que vapulean con ferocidad. "El primer día –explica el entrenador– algunas de ellas ni siquiera me miraban a los ojos, venían con recelo, con desconfianza. A la segunda clase ya llegaron mucho más motivadas, y ahora, después de ocho sesiones, se sienten fuertes y confiadas. El cambio emocional ha sido bastante importante".

El concepto de fuerza

Las mujeres que participan en la prueba provienen del Servei d’Atenció i Protecció a Víctimes de Violència de Gènere de la Cruz Roja, de cuyos profesionales han recibido apoyo una vez tomada la decisión de romper con sus maltratadores. Gemma Roces, técnica del servicio, desgrana en el curso de una breve entrevista los puntos fundamentales del proyecto: "Todas ellas son mujeres que están saliendo de su vida de maltratadas con mucho miedo a todo, miedo a la vida en general. Son mujeres supervivientes. Vienen aquí a aprender a defenderse, a que no les hagan daño, pero el verdadero valor de estos talleres estriba en que aprenden a tener conciencia y control de su fuerza. Aumenta su autoestima, les ayuda a recuperar una parte de su dignidad y a convencerse de que son mujeres fuertes. El hombre nace con un concepto de fuerza intrínseco, la mujer no, y además, la sociedad le está diciendo permanentemente que es débil".

En el camino entre un pasado de maltrato y una vida normal, aprender a hacerse fuertes ayuda, agrega. La mujer que no podía mirar a los ojos al entrenador hoy se va a tomar cafés con él, tranquilamente.

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